domingo, 12 de junio de 2011

La leyenda de Novar

Ninguno de los tres se percató de las miradas del herido, que empezaba a lamentar seriamente la pérdida de sangre. Al mismo tiempo agradecía que la flecha taponara la herida. La piel se había inflamado alrededor de la punta de acero, lo que le daba más tiempo a él y a sus compañeros. Sin embargo, sabía que su situación era precaria y que no aguantaría mucho más.

El rostro de la princesa, claro y puro, acudió a su mente. Sostenía entre las manos la flor que Novar le había regalado en su último encuentro, antes de partir a la batalla. En su delirio, el guerrero revivió las últimas palabras de Aenea, tomadas por el sufrimiento.

«Prométeme que volverás, Novar. Prométemelo…»

Así fue, se dijo, y así se hará.

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