martes, 6 de septiembre de 2011

No hay palabras para cercar el dolor, ni tiempo que cure su herida.


Cuando el cementerio se halló el silencio, una joven se acercó y se agachó frente a la lápida. No traía flores ni regalos, solo una indescriptible sensación de vacío que le atenazaba el pecho. Quiso decir algo como que lo sentía mucho, que apenas la conocía y que aunque no recordara ni un momento con ella, lo lamentaba mucho. Muchísimo. Ella misma ignoraba que el impacto hubiera sido tan grande.
No había asistido al funeral ni en la misa. Le parecía una falta de respeto estar allí junto a todas esas personas que sí la habían conocido, que habían reído y llorado con ella y que habían hilado un lazo mucho más fuerte que el suyo. Se imaginó yendo sola al cementerio y dedicándole unos minutos de su intimidad. Una despedida formal, pero no fría.
¿Qué plan podía tener Dios para una muchacha de diecinueve años? ¿Qué terrible mal había hecho? Sacudió la cabeza, estremeciéndose al pensar en la suerte que tenía simplemente por vivir un día más. Nunca pensó que le sucedería a alguien conocido.
Unas pisadas le sacaron de su ensimismamiento. Alicia sintió la mano de Eric en el hombro, apretando suavemente, transmitiéndole un poco de apoyo. Volvió a parecerle irónico que él, un gran amigo de Nuria, le consolara de esa manera.
Pero es que fue así, e inevitablemente Alicia lloró y no se calmó hasta que hubo algo de esa brisa ladrona de lágrimas. Se sentaron juntos al pie de la lápida, releyendo infinitas veces su nombre, recordando cada facción de su rostro. Alicia nunca había hablado con ella, pero podía dibujarla.
—Escucha, todo está bien —oyó que le decía Eric—. Sobrevivieron los demás. Algo es algo.
Alicia murmuró algo incomprensible, pero él se limitó a estrecharla entre sus brazos. La acunó suavemente.
—Vámonos, venga. Es hora de dejarle descansar.
Ambos se pusieron en pie, y Alicia entornó los ojos. La tristeza pasó a la furia, y cuando la furia se desvaneció, halló el vacío con el que había llegado.
—Es injusto, Eric, injusto. Yo nunca… tú… ha pasado tan rápido… Yo no me lo creía, y…
Eric la silenció con una triste sonrisa y le hizo dar los primeros pasos hasta el coche. Después se abandonó a la inercia (o a la voluntad de su amigo) y salieron de allí.




Esta es mi forma de decirte adiós. Es lo poco que puedo aportar, pero quiero que sepas que lo siento. Y a los lectores: siento si hay faltas o está mal escrito. Esto es lo que sale directamente del corazón, sin metáforas ni florituras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Pasa, pasa! A este comentario invita la casa. ;)