lunes, 31 de octubre de 2011

Cómo disfrutar de la vida en un solo paso

El ocaso

«Cuando seas viejo, ¿de qué crees que te acordarás? ¿De que te fuiste a dormir a las seis de la mañana o de que viste amanecer junto a tu mejor amigo? ¡La vida es una sucesión de acontecimientos, Eliel, y tenemos que capturarlos todos!»
© Mitad árbol y un ciego 

sábado, 22 de octubre de 2011

La curiosa relación entre el lector, el libro y el librero


Una parte de mi biblioteca

Cliiiing, cling-clin. Así es como suena el recibidor cuando abre la puerta. Crac, craccc, crac… El ruido de sus zapatillas entrechocando con la tarima le resulta muy placentero, tanto que se pondría a bailar sobre ella. Otras veces se había imaginado con los pies descalzos, deslizándose sin levantar las puntas de los pies…, aunque eso ya lo había hecho en algún entarimado diferente.
No avanza ni un metro cuadrado cuando se detiene delante de la pila de libros “de oferta”, y los contempla uno a uno, buscando, encontrando, hasta que se decanta por abrir uno. No lo va a comprar, pero siente la necesidad de impregnarse de su historia, y nadie se sorprendería si, al dejarlo, encontrara las manos manchadas de tinta.
Crac. Un paso. La madera no cruje más. Se ha detenido otra vez frente a las novedades, y estas sí las recorre muy despacio. Le suenan todos, le suena ninguno. Pero, oh, ¿qué es ese olor? ¡El aroma de lo nuevo llega hasta aquí! Letras esperando vestirse de significado. Y ella espera que algún libro salte a su regazo sin éxito. No importa, debe pensar despreocupadamente, porque volveré a intentarlo.
Hmm, ¡ah! La pseudo-silenciosa risa (que se parece más a canto de los pájaros por la mañana: tímidos y con ganas de salir a explorar. Las risas también pueden dar la vuelta al mundo) del librero al reconocerla. Su mirada le da la bienvenida y la reprende por volver porque sabe que ayer mismo ella se había llevado un par de libros a casa, y no esperaba volver a verla hasta que, por lo menos, tuviera un par de céntimos en la cartera.
Hay un cruce de sonrisas sin secretos. «Vengo a por más», dice la de ella, y «¿Otra vez aquí?» inquiere la del librero, divertida.
Pero crac, crac, crac y más crac. Son muchos pasos seguidos, y de pronto ella se encuentra en medio de la avenida de estanterías con sus géneros preferidos. Y después, ¿qué? Ella se sentará frente a una de esas estanterías gigantes, acariciará cada lomo de tapa dura y se empapará de historias. Luego (¡horas más tarde!) se levantará y se irá con las manos vacías, despidiéndose con otra sonrisa íntima y conocedora de todo. «Volveré», dirá.  Y «aquí estaré» le contestará.

domingo, 16 de octubre de 2011

Solo por ti


 
Ya me he enterado de que en el amor hay dos partes: el que da sin recibir y el que piensa que lo hace.
También me he enterado de lo acostumbrado a las constantes decepciones a las que hay que estar expuesto, y a tener que continuar sin perder ni un gramo de ilusión.
Pero lo que sé con tanta certeza como que estoy viva, es que tenemos que ser especiales por y para nosotros mismos sin esperar que lo hagan los demás.
Nada de «yo creía que era la única» o «pensé que él era especial, diferente a los demás». Decepciónate una y no más. Tan solo mírate al espejo: cree, quiere y vive por ti.