martes, 31 de enero de 2012

El tiempo al revés

© Rein
[...] Durante los primeros retazos de mi inmortalidad, me dediqué a presumir del don que me había sido concedido. Fui alabado y odiado a partes iguales, y mientras mi presencia marcaba las vidas de las personas que iba conociendo, yo olvidaba sus caras al cabo de unas horas. El tiempo iba perdiendo significado hasta que, un día, dejó de existir.

Llevé una vida tranquila, hecha de viajes y dedicada a los demás; recorrí el mundo entero, y en vez de sentirme pequeño y sabio, me volví incrédulo y arrogante. Empecé a impacientarme. Quería que se hablara de mí, que se me recordara, así que me encerré en mi nuevo hogar y dormí durante muchos, muchos siglos. Al despertar, supe que la hora había llegado.

Volví a la civilización y me limité a comprobar la repercusión que había causado en la Historia. ¿Se hablaría de mí a los niños? ¿Habría libros escritos contando mis viajes y mis enseñanzas? No podía evitar aquellos sentimientos encontrados.

Desagradable sorpresa fue ver que nada se había alterado tras mi desaparición. En algún momento de las vidas de los mortales mi leyenda había sido olvidada, y no tardé mucho en comprender que en realidad nunca fui algo parecido, sino un pobre hombre con la ambición desatada.     

Pasaron muchas cosas después de aquello, tantas que apenas las puedo recordar. El deseo de ser inmortal se desvaneció completamente. Estaba vacío. Cometí el error de enamorarme varias veces, y no solo de mujeres y hombres, sino de lo que me rodeaba: el florecimiento de un bosque, el nacimiento de un niño, la sonrisa de un anciano. Todo ello relampagueaba mi mente. Aprecié esos pequeños instantes y me odié no poder recordarlos después. Mi vida había dejado de tener sentido.

Así que por primera vez en mil años, lloré. Era tanta la tristeza que sentía… Quería volver a ser un hombre corriente. Notar el paso de los años en mi cuerpo, arrugarme, hacerme pequeño y sentirme grande por haber vivido tanto. No al revés.
     
Lamentarme nunca me sirvió de nada. Removí cielo y tierra hasta encontrar al hombre que me había maldecido sin quererlo. Lo encontré donde la última vez, y al igual que yo, no había cambiado nada. Al verme, sonrió. Esperé que me llevara de nuevo a su hogar y me borrara el tatuaje, pero no lo hizo. En su lugar me dijo que él no podría deshacer nada, que debía encontrar lo que yo había perdido. «¿Y qué he perdido?», recuerdo que le pregunté. «El tiempo» fue lo que contestó.

No me dijo cómo encontrarlo, pero me aseguró que no había nada que no pudiera lograr.


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Esto es parte del prólogo de una vieja historia que algún día terminaré, "El tiempo al revés"

sábado, 28 de enero de 2012

Bestiario lingüístico (I): cedé, bluyín

¡Hola! Como cada sábado he vuelto y esta vez con una nueva mini sección cuyo nombre encabeza el título. ¡Bestiario lingüístico! ¿Y de qué voy a hablaros aquí? Pues de todas esas palabras que la RAE translitera de otros idiomas (sobre todo del inglés) y que no hay por dónde cogerlas. 

Con el paso de los años la RAE se ha visto obligada, muy a regañadientes, a aceptar ciertos vocablos que una década atrás habría sido impensable. Todos los idiomas evolucionan conforme los horizontes se expanden más allá de las fronteras del país hablante. Está claro que la globalización es la única culpable (o quizás debamos darle las gracias) de que el castellano esté mudando de piel y adquiriendo nuevos tonos. Supongo que es por eso que las normas van cambiando y nos trae de cabeza. Ya nos dolió con lo de guion sin tilde (que siempre tuvo sentido ponerlo sin tilde, ya que es un diptongo, ergo es un monosílabo..., bajo mi punto de vista) y así otras tantas historias. Personalmente me fastidió mucho cuando la RAE decidió darle la vuelta a la tortilla, un poco sin pensar en los que toda la vida habíamos aprendido de una manera y de la noche a la mañana van y nos cambian las normas. 

No quisiera extenderme más de lo debido, pero es que este tema también da para mucho. Algunos cambios me parecen aceptables e incluso lógicos, pero otros, sobre todo lo que concierne a las voces inglesas o francesas...
CD. Sigla del inglés compact disc (‘disco compacto’). También designa el aparato con que se leen estos discos. Se usa en masculino, pues este es el género del sustantivo disco, equivalente español del inglés disc.[...] A partir de la lectura española de la sigla se ha creado el sustantivo cedé. Se desaconseja la forma cidí, por corresponder a la lectura inglesa de la sigla. En cualquier caso, se recomienda usar con preferencia el equivalente español (disco) compacto.
La primera vez que vi escrito "cedé" en lugar de CD fue en el libro Dos velas para el diablo de Laura Gallego, y reconozco que me quedé ojiplática. Después le sucederían "deuvedés". Ya estamos acostumbrados a "béisbol" o a "béis" en vez de baseball y beige, respectivamente. Es curioso porque todavía me sigue chocando ver "güisqui" en vez de whisky, pero me sigo sin acostumbrar a escribir "grill" y que me redirija a "parrilla". Luego de advertirnos de que se trata de un anglicismo innecesario, el mal está hecho en el momento en que lo admiten. ¿Pero qué me decís de esto?
BLUYÍN. El pantalón de tela recia, generalmente azul, usado originariamente por los vaqueros de Texas recibe en español los nombres de (pantalón) vaquero o (pantalón) tejano. Normalmente se emplea en plural con el mismo sentido que en singular: unos vaqueros, unos tejanos. [...] Puesto que en gran parte de Hispanoamérica se utiliza exclusivamente la denominación inglesa (blue) jean(s), se considera aceptable en estas zonas el uso del anglicismo, siempre que se haga con las grafías adaptadas bluyín (pl. bluyines) y yin (pl. yines).
 A veces pienso que la RAE chochea. Si no me creéis, podéis ir al Panhispánico de dudas y poner "blue jeans" o "bluyín". ¡Definitivamente, creo que no podré acostumbrarme a esto!

martes, 24 de enero de 2012

La musa escondida

DeviantArt © Blindmanphoto
Hace un par de meses que no escribo tanto como me gustaría. Las palabras se atrancan en mis dedos y no hay manera de hacerlas fluir. Después de darle muchas vueltas, de repente hoy, una noche de sábado enfrentada a una página semi pintada de sentido, me he dado cuenta de qué es lo que ocurre.

Es como si me faltaran palabras y las de repuesto estuvieran dentro de los libros. Ya he gastado todas las que tenía en mi mente, en mis manos, en mi cerebro; tengo sed de vocabulario y ganas de pertenecer a una historia nueva, vieja, ¡qué importa eso!

Y es que a veces la respuesta es muy sencilla. Si no tienes tiempo para leer, no tienes tiempo ni las herramientas necesarias para escribir. 

El genio es 90% de traspiración y un 10% de inspiración. (Edison)

sábado, 21 de enero de 2012

Errores comunes (I): mismo, -ma

¡Tachán! Aquí vuelvo con una nueva subsección, "errores comunes", que va de eso, de fallos que he visto a lo largo de las correcciones. La entrada de hoy es breve y trata sobre el adjetivo mismo. Dice la RAE:
mismo -ma. 1. Como adjetivo, tiene variación de género y número —mismo(s), misma(s)— y se sitúa normalmente entre el artículo o el determinante y el sustantivo al que modifica. Puede indicar identidad, esto es, que la persona o cosa a la que nos referimos no es otra diferente, o bien que, refiriéndonos a personas o cosas diversas, estas son iguales o muy semejantes. Cuando forma parte de una estructura comparativa, el término de comparación va introducido por que. En México y el área centroamericana es frecuente, en textos periodísticos o de prosa divulgativa, emplear mismo (a menudo sin artículo) como antecedente del que relativo que introduce oraciones explicativas; es uso superfluo, que debe evitarse, pues el solo relativo basta. Cuando mismo modifica a los sustantivos manera, modo u otros de igual sentido, el término de comparación, si es una oración, puede ir también introducido por como. Pospuesto o, menos frecuentemente, antepuesto a un sustantivo, y obligatoriamente pospuesto a un pronombre, sirve también para indicar indiferencia en la elección entre varias posibilidades.
Es larga, ¿eh? Pues encima he quitado los ejemplos. Resumiendo la definición, podemos usar mismo -ma para estos casos:
1. Como adjetivo, puede indicar semejanza entre dos o más elementos.
2. En comparaciones, "mismo" va introducido por "que".También puede ir precedido de "como" y tras "manera / modo".
3. En México y área centroamericana, se debe evitar poner "mismo que" para oraciones explicativas.
4. Pospuesto o antepuesto a un sustantivo, puede indicar indiferencia entre varias posibilidades.

Y este es el epígrafe que voy a explicaros hoy, aunque por una vez la RAE lo ha explicado bastante bien.
El adjetivo mismo puede sustantivarse, manteniendo los sentidos de identidad y de igualdad o semejanza que le son propios. A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales. A menudo, su simple supresión no provoca pérdida alguna de contenido.
Ejemplo, esta vez cojo el que propone la RAE (sacado de El País):
"Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido durante el desarrollo de la MISMA. " 
¿Cómo lo corregimos? Muy sencillo. Cambiamos "la misma" por "su", que a menudo no entorpece la frase y se entiende perfectamente:
"Criticó al término de la asamble las irregularidades que se habían producido durante SU desarrollo."
Otro ejemplo, esta vez inventado por mí:
"James contempló la mesa, de la que provenía un hedor nausaebundo, y se sentó alrededor de la MISMA."
Se corregiría de la siguiente manera:
"James contempló la mesa, de la que provenía un hedor nauseabundo, y se sentó a SU alrededor."

No es tan profesional, ¿no? Anda que no queda bien escribir así en un trabajo de la universidad, en una tesis o en cualquier historia. Qué lenguaje, qué hermosura... A menudo muchas expresiones son erróneas y debemos evitarlas. De la misma manera que una mentira dicha mil veces puede convertirse en realidad, esta es una expresión que se ha generalizado a base de integrarla en medios públicos y novelas.

Ahora ya sabéis: si oís a alguien hablar o decir "de la misma / del mismo" erróneamente, podéis corregirle... pero siempre desde la educación :)

jueves, 19 de enero de 2012

"Sí que te gusta leer (pero igual no lo sabes)" y otras campañas


Los exámenes me tienen absorbido el cerebro, así que no es de extrañar que no actualice con tanta frecuencia como la semana pasada. Como me conozco y sé que después del examen de hoy (catastrófico no, lo siguiente) voy a descansar toda la tarde, he decidido aprovechar el tiempo con la entrada de hoy. 

El título hace referencia a la nueva campaña de lectura que ha lanzado la Secretaría del Estado de Cultura en internet para edades comprendidas entre los 14-18 años. La web de la campaña te hace elegir entre dos opciones: "claro que me gusta leer" y "que no, que no me gusta". Tras elegir aparecerá el principio de una aventura que te tiene a ti como protagonista, en la que tú decides qué quieres que pase a continuación. 

Personalmente, me ha encantado. Me lo pasé muy bien pinchando en las opciones y viendo cómo evolucionaba el cuento. Es de las pocas veces en que una campaña de lectura tiene un mensaje atractivo y transparente; no se le añaden connotaciones 'modernas y cools' como en la Campaña Leeder del Ministerio de Cultura, que fue una auténtica mierda. Es lo que tienen los estereotipos.

Al margen de estos intentos por hacer que la lectura guste sí o sí (error), mi pregunta es: ¿hay que incitar a los jóvenes a la lectura? ¿Por qué nos empeñamos en obligarles a leer? ¿Por qué hacemos de la lectura algo que no es? Leer un libro es maravilloso y muchos estamos de acuerdo en esto, pero hay otras personas que no lo ven así. ¿Son incultos, son los primos hermanos de los 'ni-nis'? Por supuesto que no. El problema es que se mitifica la lectura a base de posturas extremistas y ninguna de ellas es correcta.

Sé lo que es ir al colegio y que mis compañeros de clase me miraran mal por llevar un libro tocho, y supongo que parte de estas perspectivas extremas vienen de lo mal que se comportan algunos niños con otros que leen desde pequeños. ¿Pero acaso una campaña para el fomento de la lectura es la solución? Yo no lo veo así. La cuestión es mucho más sencilla: quizás el que no lee es porque no ha encontrado su libro, el que tímidamente llama a la puerta para ver si puede quedarse e invitar a sus amigos. O quizás simplemente no le apetezca leer... como a mí tampoco me apetece seguir estudiando. 

martes, 17 de enero de 2012

El martes que Annie se fue (y la parte de mí que se marchó con ella)


Hizo la maleta en silencio y atravesó el umbral de la puerta sin decir adiós.
Yo seguía viendo llover por la ventana. En algún rincón de mi mente algo hizo "clic", y aunque ahora hubiera deseado haberlo oído, seguía tan ensimismado que solo reaccioné cuando la vi alejarse apresuradamente. La lluvia desdibujaba su perfil, ese que tantas veces había recorrido con las yemas de mis dedos. Había buceado entre los nudos de su pelo y aspirado el olor de su perfume hasta colocarme de amor.
Su rostro se apareció vívido en el reflejo del cristal y me pareció que se despedía. Entonces fue cuando comprendí que todo había sido un malentendido. Un error.
Bajé hasta el garaje y saqué la bicicleta. Las gotas caían sin descanso sobre el suelo formando pequeñas burbujas, advirtiéndome de que la tormenta se prolongaría hasta más allá del crepúsculo. La estación quedaba a poco más de quince minutos. En circunstancias normales podría llegar antes que Annie y retenerla, pero lloviendo a cántaros el camino se me antojaba peligroso y embarrado. Lejos de importarme, salí al exterior y cerré la puerta con llave.
Por favor, que no se haya ido todavía, pensé al enfrentarme a la cuesta que daba al parque. El manillar temblaba en cada viraje como si no fuera a enderezarse nunca más, y yo, herido por el frío, el viento y la desazón de no haberle dicho lo que sentía, lloraba como un niño pequeño. Me había comportado como un auténtico imbécil.
Llegué a la estación con un derrape que me lanzó al suelo. Rodé hasta chocarme con una columna y allí permanecí por espacio de dos largos e intensos segundos, pero me levanté y corrí hasta la parada de su autobús.
—¿Annie? —pregunté en voz alta. Algunos viajeros volvían sus cabezas hacia mí y negaban con la cabeza, no sé si vaticinando el resultado o simplemente diciendo no ser ella—. ¡Annie!
La busqué por toda la estación, en vano. El autobús se había marchado ya.
A veces tardamos mucho en darnos cuenta de las cosas. De vuelta a casa supe que la llamaría una y otra vez hasta que me cogiera el teléfono. Hablaría desde el corazón y lo pondría a sus pies para que me perdonara. Y empezar otra vez.

domingo, 15 de enero de 2012

Juntos pero no revueltos: la raya y el guion

La entrada de hoy la quiero dedicar a uno de los errores más comunes cuando me toca corregir. El escritor suele colocar el guion (-) en vez de la raya (—), y pone y quita espacios donde no es. Para nuevos y curtidos escritores, voy a hacer un recordatorio sobre el uso de la raya y el guion. Que no es por ser quejica, pero que cansa mucho ir con ojo crítico a ver si ha puesto espacio detrás de la raya, o si hay guion, o si hay un combo y no tenemos puntos de carisma suficientes para avanzar. Así, la Real Academia de la Lengua dice:


raya.1. Signo de puntuación representado por un trazo horizontal (—) de mayor longitud que el correspondiente al guion (-) con el cual no debe confundirse. Cuando se usan dos rayas (una de apertura y otra de cierre) para introducir un inciso dentro de un período más extenso, estas se escriben pegadas a la primera y a la última palabra del período que enmarcan, y separadas por un espacio de la palabra o signo que las precede o las sigue; pero si lo que sigue a la raya de cierre es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.
Hasta aquí no hay ningún problema; la propia RAE advierte de la confusión. La cosa es que el guion se utiliza como nexo para unir palabras o para dividirlas al final de la línea. Quizás no esté muy claro cómo utilizar la raya tras leer la definición, pero todo estará más claro con los ejemplos. Lo principal que debemos retener de la definición es que hay que eliminar el guion de nuestras herramientas de diálogo.

Entre todas las 'excusas' (dichas con amor) que he oído para no cuidarse en este aspecto, están dos, y para ambas tengo soluciones:
  1. "No sé cómo se hace": tras la explicación, voy a intentar explicar cómo ponerlas en el Word.
  2. "No sé cómo ponerlos": no te acostarás sin saber una cosa más.
Pinchad en el título para leer la entrada completa. ¡Acomodaos, que viene larguísima!

viernes, 13 de enero de 2012

Niebla y desinformación

 Hoy me aparto un poco de la vena literaria para hablaros de la desinformación de los medios de comunicación. No hay que ser un lumbreras para darse cuenta de que cada canal de televisión explica su versión de un suceso y que probablemente solo podremos conseguir cierta objetividad si leemos la misma noticia en dos medios "contrarios". A fin de cuentas, cada uno omite los detalles que considera necesarios, pero no deja al lector decidir sobre la importancia de las cosas. ¿Qué pasa después? Que esto que se reproduce, sobre todo en el caso de la cultura, y da lugar a estereotipos que se cimentan en bases erróneas (en muchos casos disparatadas).

Hace una semana me llegó vía twitter una noticia de El Confidencial encabezada con lo siguiente: Monster High, Crepúsculo… ¿Qué buscan los jóvenes en lo gótico? Con solo leer el titular podemos intuir qué clase de noticia vamos a abordar. Aun así podemos darle el beneficio de la duda y empezar a leer sin dejarnos llevar por la apariencia amarillista. Os doy unos minutos para leer el artículo porque no tiene desperdicio. 

Sin entrar en especificaciones (bueno, solo en una: "...los góticos defienden la intolerancia y la exclusión" y con esto podría terminar la entrada) lo primero que acudió a mi mente fue la terrible desinformación con la que un medio, esta vez le ha tocado a El Confidencial, se cuelga la etiqueta de informador. Una de las cosas que he aprendido en periodismo es que la veracidad de la información es fundamental, y está claro que esta noticia tiene más agujeros que un colador. A estas alturas, con internet como ecosistema salvaje (casi virgen en cuanto a la libertad que poseen los usuarios para propagar información) no entiendo cómo pueden existir medios que den un reflejo equivocado y nocivo de un segmento de la sociedad. Hace poco le tocó a los góticos, pero con la fiebre emo pasó lo mismo y seguirá pasando con cada minucia cultureta que pueda servir para rellenar los quince segundos de informativo que faltan.

Si os interesa el tema, os recomiendo un libro de Pascual Serrano, "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo". La objetividad no existe, pero lo de este artículo parece estar hecho a propósito. Ni qué decir de la cantidad de comentarios que les cayeron; la noticia se difundió tan rápido en a red que El Confidencial se lo pensará dos veces la próxima vez.

jueves, 12 de enero de 2012

Videoblog #1

¡SORPRESA! :D


Os pido disculpas por la calidad. Como ya digo, en principio serán mensuales, pero siempre me puede dar un revés mental y ampliar o reducir el tiempo. Os agradecería algún comentario, ya sea para que me jubile o lo que sea :3

martes, 10 de enero de 2012

Un pingüino en zapatillas


Eloy iba de camino a casa. No era ni media tarde y las nubes, antes oscuras y peligrosas, habían dado paso a un sol caluroso. El cumpleaños de Violeta aún duraba, pero él no había sido invitado.
Después de presentarse en su casa, apelando a la compasión que podría aflorar en ella al marginarle y recibir una negativa sólo por ser Eloy Cañas —pues de nada más le conocía Violeta—, había vuelto a casa a por su disfraz de pingüino. Iba a demostrarle que era un chico simpático aunque no fuera tan fanfarrón ni jugara al fútbol como Javier.
El disfraz era de pieza única, así que Eloy se lo puso de abajo arriba, subió la cremallera para ponerse la capucha y bajó la visera que conformaba el pico. Así, oculto en el forro polar, nadie sabría su verdadera identidad.
Cuando volvió a la fiesta y llamó al timbre, le abrieron la puerta sin preguntar quién era el que respondía al nombre de Pingüino. Fue un logro entrar en la casa, pero fue todavía más increíble ver que los demás, incluida Violeta, le prestaban atención.
—¡Eh, chico pingüino! ¡Molas!
—¿Dónde te lo has comprado? ¡Quiero uno igual!
—¡Estás invitado a mi fiesta!
Y así uno tras otro. Le ofrecieron refresco y comida como si fuera el rey de la fiesta, trasportando a la cumpleañera a un segundo plano. Nadie se había fijado en que llevaba zapatillas de deporte ni, bueno, en que no era un pingüino en realidad, pero no parecía importarles. De repente era uno más.
Eloy se sentía eufórico. Había jugado con otros niños al baloncesto y al pañuelo, y no le habían empujado ni una sola vez. Estaba maravillado, asombrado. Quizás al día siguiente podría explicarles que él era Pingüino, y así acabaría con sus recreos de soledad.  Sus compañeros no eran tan malos, pensaba, pues ahora se estaban comportando bien. ¡Y todo por ser un pingüino! ¿Sería el animal preferido de toda la clase?
No, se dijo, desinflándose como un globo, claro que no. Les había caído bien por ser otro que no fuera Eloy, no por ser un pingüino; cualquier disfraz hubiera valido. Cuando asimiló esta razón, que fue quemándole por dentro hasta sentir que se abrasaba, bajó la cremallera hasta quedar al descubierto.
—¡Violeta! —dijo uno—. ¡Eloy se ha colado en tu fiesta!
Violeta se aproximó a todo correr con los labios fruncidos. Aquel pingüino, que le había robado toda la popularidad en su propia fiesta, ¿era Eloy Cañas? Es decir, ¿Eloy le había hecho ser el segundo plato de sus amigos?
—Fuera. Fuera de aquí —susurró, y todo el mundo la oyó.
—¡No entiendo por qué! —gritó Eloy, cansado y a punto de llorar—. ¿Por qué tengo que marcharme? ¿Por qué soy el único al que no has invitado? ¿Qué diferencia hay entre el pingüino y yo? 
—No conozco al pingüino… O eso creía —replicó la niña.
—¡Ni a mí tampoco! ¡Y has preferido a un pingüino con zapatillas antes que a mí!
Violeta acusó sus palabras, tan cambiante como solo una niña de ocho años podría ser. Eloy, sin embargo, era un volcán en erupción, y siguió hablando.
—Ya no quiero estar aquí. Puedes quedarte con el pingüino si tanto te gusta.
Eloy tiró el disfraz a los pies de Violeta y huyó tan deprisa como le permitieron sus pies. De camino a casa pasó frío, pero apenas lo notó.

lunes, 9 de enero de 2012

Lo que ocurre cuando crecemos

Confieso que no tengo imaginación para escribir otra cosa que no sean historias. El tema del que quiero hablaros hoy es producto de otro artículo de El País, Una casa de palabras, que nos acerca a la turbulenta mente de los niños y de cómo los cuentos pueden ayudar a entenderlos mejor.

Yendo un poco más lejos, recuerdo una tira cómica que me dejó muy marcada (y que subiré al blog en cuanto la encuentre). Eran dos viñetas, y en cada una aparecían un autobús con niños y un autobús de ancianos, respectivamente. Los primeros iban saltando y gritando de alegría. Los segundos, quietos y en silencio. ¿Qué nos hemos perdido por el camino?, decía al final. Es como si se hubiera perdido la capacidad de emocionarse y de divertirse. Como si, a medida que vamos creciendo, fuéramos perdiendo energía. ¿Es así como mueren las personas, por falta de motivación? ¿Muere la curiosidad? 

Conforme maduramos, vamos adquiriendo perspectivas diferentes y significados que de niños se ocultaban. Muchas veces esas perspectivas nos alejan tanto que construimos un puente que nos transporta al mundo del estrés y de la prisa, y derribamos el que nos lleva hasta la felicidad. Después de eso, todo es una máquina de efectos encadenados: perdemos la facultad de emocionarnos ante una historia de amor, juzgamos sin ton ni son y empezamos a movernos gracias a nuestras dosis diarias de hipersensibilidad y baja empatía. A veces nos volvemos tan cuadrados, inmersos en nuestras responsabilidades (sobre todo en el "qué dirán") que la imaginación vuela para instalarse en una mente que la pueda aprovechar.

La imaginación también puede morir de inanición incluso antes de que nos demos cuenta. Necesitamos cultivarla para ser un poco menos estirados y mantenernos jóvenes, aunque nuestro cuerpo se acerque lento pero inexorablemente a su propio desenlace.

sábado, 7 de enero de 2012

Literatura uniforme: ¿mismo estilo, mismo resultado?

ILoveReadingAndWriting © tumblr
 En mi andanza como correctora -bastante reciente- me han ido surgiendo dudas que he tenido que responderme sobre la marcha en la propia corrección. Cosas como: si la corrección no es objetiva, ¿dónde empieza y acaba el criterio del corrector? Indudablemente, corregimos en base a lo que está aceptado por la RAE y es correcto o incorrecto usar, pero en medio de esta pelea interfieren nuestros gustos, en este caso, mis "yo no lo pondría así", o "reestructuraría este párrafo para resaltar esto y lo otro". ¿Cuándo debemos dejar de imponer nuestro criterio en un manuscrito ajeno?  ¿Termina por agotarse la esencia del escritor? ¿La corrección debería pasar, pues, a ser estrictamente ortográfica y gramatical?

Me gustaría debatirlo. Yo lo debato conmigo misma justo antes de ponerme a corregir. Lo que quiero decir es que inevitablemente estamos influenciados por lo que conocemos, y si hay algo que escapa a nuestro entendimiento no debemos tratar de cambiarlo porque no es nuestro trabajo (y esto es aplicable a todas las profesiones, me temo). Esta ha sido una de las lecciones más importantes que aprendí cuando llegué a Valentia Autores, porque tuve que abrir la mente a otros estilos. Sin ir más lejos, ahora estoy con una novela de prosa gótica, y he tenido que leer sobre ella para adquirir el criterio necesario y corregirla.

Acabada la idea de "lo que está bien y está mal", os planteo una reflexión que llegó hasta mí desde la editorial. ¿Estamos acostumbrados a un estilo homogéneo? ¿Se cortan todas las novelas actuales por el mismo patrón? Una lectura agradable se puede conseguir de muchas maneras. Sin embargo, hay estilos peculiares que o te fascinan, o no pasas de la tercera página. Autores como Tolkien, del que se ha dicho que poseía una prosa de segunda, Lovecraft, King, habrán resultado chocantes en la primera lectura. Como ellos, cientos, pero tienen algo en común: no gustan a todo el mundo. ¿A qué se debe? Seguramente, a su disparidad.

Puede ser que las editoriales actuales publiquen novelas muy iguales en cuanto a capacidad literaria a fin de cubrir las necesidades de un público más grande, pero es muy probable que el lector medio no esté acostumbrado a leer obras un poco más obtusas o desafiantes, por decirlo de alguna manera. He de admitir que por eso me cuesta tanto meterme en los clásicos, y aunque ya me haya acostumbrado a la pluma de algunos, como Austen o Balzac, no puedo dejar de mirarlos con recelo. 

jueves, 5 de enero de 2012

La piratería: sentimientos encontrados

La distribución ilegal de una obra es una de esas cosas que me producen sentimientos encontrados. Por un lado tenemos a ese sector editorial (como cualquier otro) que no quiere acusar más pérdidas que las que el libro pueda ocasionar, y colgar la novela en la nube puede significar millones de copias descargadas y pocas compradas. Por otro lado, tengo la sensación de que las nuevas tecnologías han llegado para plantearnos un nuevo mercado que, de momento, camina entre arenas movedizas.

Son muchos los escritores (noveles y no tan noveles) que han colgado sus novelas en internet y se han dado a conocer de esa manera. Sin ir más lejos, existen las blognovelas y las editoriales que publican únicamente en internet. Tenemos el curioso experimento de Neil Gaiman, que colocó una de sus novelas, American Gods, gratis en su web durante un mes. Un caso parecido es el de Brandon Sanderson con El aliento de los dioses (Warbreaker en inglés), que de hecho sigue gratis en la nube. Os traduzco (como buenamente pueda) las primeras diez líneas, que me parecen muy interesantes.

Hace un tiempo (junio de 2006) empecé a trabajar en la novela [Warbreaker] que seguiría a la trilogía de Los Nacidos de la bruma. En ese momento me di cuenta de la labor de Cory Doctorow, que sube a la red sus libros justo en el momento en que se publican físicamente en tapa dura. Al principio, pensé que eso era una locura: si se dan de forma gratuita, ¡nadie los va a comprar!
Estuve reflexionando un tiempo. De hecho, los lectores ya pueden conseguir sus libros gratis; yo solía ir a la biblioteca de joven. Y, sin embargo, seguía comprando libros. Solía comprar los libros que había cogido de la biblioteca, pues me habían gustado tanto que quería releerlos y prestarlos a los demás. ¿En qué creía yo, realmente? ¿En que las bibliotecas y librerías de siempre prestan mis libros a los demás sin ningún tipo de beneficio directo hacia mí? ¿O prefiero creer en todo eso como una forma de publicidad?

Cada vez más autores se suman al carro de esta no tan nueva visión de la industria editorial. Como escritora, a veces me siento así de valiente y me dan ganas de intentarlo, lanzar mi novela al ciberespacio y dejar que los mejores jueces, es decir, los lectores, la evalúen. Luego me acuerdo de casos como el de la novela Estereosexual / Mario, que casi me parece de película, y me da miedo que tanto otra editorial como otro chupóptero se lleven los beneficios de mi trabajo.  

Por eso entiendo y a la vez no entiendo la declaración y el arrepentimiento de Lucía Etxebarria. Entiendo que se mosquee pero no entiendo su actitud, ni tampoco las exageradas represalias que recibió por facebook. Ni justo ni merecido, pero otra vez debería pensar las cosas en frío antes de ponerse a escribir como una loca y achantarse unos días después.

miércoles, 4 de enero de 2012

Los Reyes Majos


La noche de Reyes se acerca, y de nuevo, a los que hacemos Olentzero/Papá Noel nos cae otra tanda de regalos. Personalmente se me da bastante mal regalar cosas a los demás. Si preguntarais a alguno de mis amigos os dirían que 1) no regalo casi nunca 2) la mayor parte de los regalos son libros o peluches. Yo lo siento, pero es ley de vida. Para mí los peluches y los libros son la decoración perfecta. Peluches para decorar la cama, libros para decorar la vida. 

Si queréis ser un poco más ingeniosos que yo (por favor, que sea así) podéis echarle un vistazo al artículo de Lecturalia sobre el mejor regalo para un escritor. Además de los típicos detalles como los libros, que oye, siempre son bien recibidos, nos plantean otros regalos más interesantes como más tiempo para escribir, inscripciones a cursos o incluso un software de pago, estilo Scrivener y demás, que muchos ofrecen una demo y a los treinta días te quedas con ganas de más, sin saber si comprarlo o esperar a que salga hackeado en alguna página P2P. Que digo yo, que si encima es un programa interesante, ¿por qué no amortizarlo?

Al margen de esto, me han parecido unas propuestas muy originales. Si tenéis amigos lectores es fácil intuir el camino para un buen regalo. Pero si el bolsillo nos permite abrir la mente a un día en un spa o una chocolaterapia..., yo digo que adelante. Cositas como Smartbox no son muy caras y se disfrutan bastante. Mejor eso que gastarnos el dinero en algo que acabe cogiendo polvo en un rincón.

martes, 3 de enero de 2012

Detrás de una estrella, luz azul

Dana no se preguntó qué hacía ahí tumbado, yaciendo como muerto entre las llamas. Yo naufragaba por los mares de la locura intensa y aún más abrasadora que el incendio que había provocado, sin querer, a mi llegada. En la semiinconsciencia, noté varios pares de manos levantando mi cuerpo y trasladándome lejos del fuego.

Era una tierra yerma, decorada por una fina capa de polvo marrón y piedras del tamaño de una hormiga.Apenas me habían inclinado cuando la superficie pedregosa empezó a arder, primero con una pequeña chispa que recorría cada rasguño de la tierra, después con una gran llamarada que obligó a los bomberos a apartarse de mí.

Nadie podía entender por qué se consumía lo que se encontraba cerca, pero Dana sí. Ella me había visto llegar desde el cielo envuelto en luz; había visto cómo me precipitaba por el lienzo estelar y caía sin más remedio que estrellarme contra este bosque y arrasarlo entero. Pero además, Dana lo sabía porque era ella la persona que me había hecho descender.

La tercera vez que mi cuerpo estalló como una supernova, decidieron dejarme solo, y antes de perder la conciencia observé sus rostros descompuestos por la sorpresa, la tristeza y la desazón de no poder ayudarme. Quizás ellos nunca miraban el cielo. O quizás sí lo hacían,  y pidieron un deseo cuando la estrella ya sobrevolaba otra galaxia.

Si no estamos muy lejos podemos oír los deseos de las personas, pero nunca podemos  retroceder para hacerlos realidad. Solo en el momento exacto en que una voz invade nuestro corazón y nos obliga a parar entre el tiempo y el espacio, debemos morir en una larga agonía, a los pies de la persona que realizó el deseo. El intercambio equivalente funciona así.

«Deseo una vida plena.»
Las estrellas fugaces también deseamos brillar sin consumirnos...