jueves, 5 de enero de 2012

La piratería: sentimientos encontrados

La distribución ilegal de una obra es una de esas cosas que me producen sentimientos encontrados. Por un lado tenemos a ese sector editorial (como cualquier otro) que no quiere acusar más pérdidas que las que el libro pueda ocasionar, y colgar la novela en la nube puede significar millones de copias descargadas y pocas compradas. Por otro lado, tengo la sensación de que las nuevas tecnologías han llegado para plantearnos un nuevo mercado que, de momento, camina entre arenas movedizas.

Son muchos los escritores (noveles y no tan noveles) que han colgado sus novelas en internet y se han dado a conocer de esa manera. Sin ir más lejos, existen las blognovelas y las editoriales que publican únicamente en internet. Tenemos el curioso experimento de Neil Gaiman, que colocó una de sus novelas, American Gods, gratis en su web durante un mes. Un caso parecido es el de Brandon Sanderson con El aliento de los dioses (Warbreaker en inglés), que de hecho sigue gratis en la nube. Os traduzco (como buenamente pueda) las primeras diez líneas, que me parecen muy interesantes.

Hace un tiempo (junio de 2006) empecé a trabajar en la novela [Warbreaker] que seguiría a la trilogía de Los Nacidos de la bruma. En ese momento me di cuenta de la labor de Cory Doctorow, que sube a la red sus libros justo en el momento en que se publican físicamente en tapa dura. Al principio, pensé que eso era una locura: si se dan de forma gratuita, ¡nadie los va a comprar!
Estuve reflexionando un tiempo. De hecho, los lectores ya pueden conseguir sus libros gratis; yo solía ir a la biblioteca de joven. Y, sin embargo, seguía comprando libros. Solía comprar los libros que había cogido de la biblioteca, pues me habían gustado tanto que quería releerlos y prestarlos a los demás. ¿En qué creía yo, realmente? ¿En que las bibliotecas y librerías de siempre prestan mis libros a los demás sin ningún tipo de beneficio directo hacia mí? ¿O prefiero creer en todo eso como una forma de publicidad?

Cada vez más autores se suman al carro de esta no tan nueva visión de la industria editorial. Como escritora, a veces me siento así de valiente y me dan ganas de intentarlo, lanzar mi novela al ciberespacio y dejar que los mejores jueces, es decir, los lectores, la evalúen. Luego me acuerdo de casos como el de la novela Estereosexual / Mario, que casi me parece de película, y me da miedo que tanto otra editorial como otro chupóptero se lleven los beneficios de mi trabajo.  

Por eso entiendo y a la vez no entiendo la declaración y el arrepentimiento de Lucía Etxebarria. Entiendo que se mosquee pero no entiendo su actitud, ni tampoco las exageradas represalias que recibió por facebook. Ni justo ni merecido, pero otra vez debería pensar las cosas en frío antes de ponerse a escribir como una loca y achantarse unos días después.