sábado, 21 de julio de 2012

Respeta tu naturaleza como escritor y siempre tendrás algo que contar

ILoveReadingAndWriting © tumblr
 Estos días aprendí una valiosa lección. El escritor se hace a base de ensayo y error, pero debe conocerse para poder escribirse después. Yo escribo esto y lo escribo así porque la vida se ve así a través de mis gafas. Y se nota cuando una historia está basada en experiencias personales -que poco tienen que ver con si están sujetas a la realidad o son producto de un sueño, reflexión o una nada muy oportuna- porque sientes a la persona que está leyéndote al otro lado.

Eso es bonito. Sentir que has conseguido remover algo dentro de los demás. Que han sonreído cuando se han imaginado a un chico descalzo en el parque, abrazado al árbol que lo vio nacer, y han pensado: "¡esta Eleazar, qué ocurrencias tiene!" o "¡qué rara es!"

Pero algo se movió ahí. Una pizca de ternura a través de una imagen que significa mucho para mí.
No sé explicar por qué escribo sobre plantas que hablan si sé que no pueden hablar -al menos a nuestra manera- y sé que es complicado entender cómo sonríe un árbol, o cómo es la famosa "voz de roca" que tanto suelo utilizar. Para mí es algo natural y no necesito explicarlo.

A veces basta con intuir.

Entonces un día me levanto y decido que quiero contar otras historias. Ensayo y error. Y sucede que 1) no me siento cómoda, me atasco y me ofusco hasta que abandono -pues a veces el escritor no cabe en su propia historia. Curioso, ¿no? Y difícil de aceptar- y 2) que a la novela le han salido pequeños brotes de Eleazaradas, al principio inofensivos, luego revoltosos, que devuelven la trama al lugar que le corresponde.

No podemos huir de nuestra naturaleza como escritores. Es una de mis máximas ahora mismo. Escribo esto y lo escribo así porque tengo algo que decir al respecto y seguiré haciéndolo hasta que sacie el papel. O hasta que el papel me sacie a mí.