martes, 1 de octubre de 2013

¿Quieres ser escritor? ¡Ejercita tu estilo!

acciobooksandsunshine © tumblr
Dice Toni Morrison: 
¿Quieres ser escritor? Encuentra un modo diferente de decir "voy a la tienda" cada vez que lo digas. Pon motes a todos tus amigos. Haz preguntas a la gente, estate abierto a una conversación vista desde fuera, no abandones un tema hasta que no estés satisfecho. Por cada habitación en la que estés cada día, señala al menos una cosa que esté ahí, pero que no debería, y por qué. Luego tómate diez minutos a la semana para apuntarlo. Escribir solo lleva mucho tiempo cuando el único momento en que piensas en escribir es cuando estás escribiendo
De entre todas las citas que voy acumulando, hoy, dando un repaso, esta me ha llamado mucho la atención. Ser escritor no es un trabajo en el que vas a una oficina, fichas y tras ocho horas te olvidas. Cierto es que hay profesiones que requieren esta metodología, sobre todo si son más automáticos o menos creativos, pero no es el caso para los escritores. Los artistas son artistas veinticuatro horas al día, siete días a la semana y cincuenta y dos semanas al año. También existen otros oficios que poseen esta característica continuidad, como el periodismo o la investigación, pero como siempre voy a dedicar esta entrada a los juntaletras.

Continuando en la línea de Morrison, al pensar en encontrar un modo distinto de contar algo me ha venido a la cabeza Raymond Queneau y su libro Ejercicios de estilo. Este señor ha escrito el mismo texto de 90 maneras distintas, explorando el lenguaje y los recursos de narratología. Aquí os dejo el texto en forma de relato y en alejandrinos. Es divertidísimo:
Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre. Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.
Y en alejandrinos:

Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, en la mañana, resignado subía
Al ómnibus completo de viajeros banales,
Muchedumbre aburrida de rostros casi iguales.
Había un vulgo errante municipal y espeso
Que al pasar empujaba anárquico y avieso.
Un joven petimetre de luengo y seco cuello
y sombrero sin cinta —que bien me acuerdo de ello—
Se enojó con un viejo al que gritó, nervioso,
Que cesara al momento de empujar tan ansioso;
y al punto raudo y serio viendo un asiento huero
Se lanzó de éste en pos, raudo como un velero.
Al cabo de dos horas y en la misma jornada
Me lo vuelvo a encontrar, del azar por jugada,
Hablando y departiendo con un supuesto amigo
Acerca de un botón que faltaba en su abrigo.


Me pasaría la entrada poniendo todos los ejemplos que tiene. Por deciros algunos: poliptotones, ampuloso, vulgar, comedia -tipo teatral-, "entonces" -título misterioso-, filosófico, apóstrofe... Y todos tratan del mismo autobús y de los mismos viajeros. Es un ejercicio curioso, ¿no creéis? La experimentación nos da ese toque de versatilidad que necesitamos para afrontar diferentes situaciones, y también para ampliar nuestro registro.

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