martes, 26 de noviembre de 2013

10 elementos imprescindibles para contar historias


El contrato: desde el principio tienes que hacer una promesa. ¿Será violento, terrorífico, divertido, tenso, dramático…? La promesa servirá para que el lector se haga una idea de lo que va a encontrar en el libro. Esto no significa que no haya espacio para los giros argumentales; entre otras cosas, lo que no aguanto es una sinopsis que no se corresponda con el libro.
El empujón: empieza suave. No quieres asustar a nadie por ser demasiado denso. Confía en el contrato que has establecido previamente. Es algo muy común en los libros de fantasía épica o ciencia ficción. Para presentarnos el universo, el autor echa mano de las páginas iniciales. Es el caso de Dune, El señor de los anillos o El camino de los reyes, donde la contextualización puede ser decisiva para seguir leyendo. Yo he abandonado libros de mis escritores favoritos por esta razón. A veces no estoy hecha para aguantar seiscientas páginas de background, por muy necesarias que sean. Este problema afecta sobremanera a los lectores que quieren atreverse con estos géneros. Cuando por fin va a desarrollarse la historia, ya no tienen fuerzas para pasar la página.
El incidente: el acontecimiento que pone todo en movimiento. Debería ocurrir pronto y mantener la historia unida. Añadiría aquí más bien es una cuestión de timing. El incidente debe precipitarse con la misma fuerza que un vaso derrama su contenido y lo esparce por el papel, deformando la trama y los pensamientos de los protagonistas, volviéndose impredecible para el lector. Es por esto que no dejaría que este suceso ocurriera tampoco muy rápido. ¿Y cuál es, entonces, el momento ideal?
La revelación: justo antes del punto de no retorno, el personaje principal aprende -comprende- de qué va la historia. Es el: “¡ay, mamá!” previo al primer cañonazo, “si lo hubiera sabido antes…” ¡Pues no habría libro que contar! Y eso es lo que nos gusta. Que no haya tiempo para arrepentirse.
El punto de no retorno: las fuerzas del bien encaran una decisión que engloba miedo, seguridad, amor, odio, venganza o desesperanza. Aquí, si el trabajo está bien hecho, quiero seguir leyendo.
Mini-Clímax: lo siento, pero debes permitir que las fuerzas del mal ganen épicamente. Y de nuevo, si el trabajo está bien hecho, resisto a duras penas las ganas de lanzar el libro por la ventana y decirle cuatro cosas al escritor, algo así como: ¿pero no tienes corazón? ¿no ves que se están esforzando mucho? ¡Quiero hablar con el encargado! ¡Exijo un final feliz!
El momento “todo está perdido”: ha llegado. Tu labor es retratar la desesperación más absoluta de los buenos. Han perdido. No van a resolver el problema que tienen delante, no importa cuál sea. Es demasiado difícil. Han sido muchos sacrificios ya, y en vano. Una retirada a tiempo es una Victoria, dicen. Unos lo tienen claro; no quieren luchar más. Otros aún poseen un brillo de esperanza, enseguida apagado por las circunstancias. Como lectora, también me gusta sentir esa angustia.
Nuevas esperanzas: esta es la oportunidad que tiene uno de los personajes para brillar. Una luz que brilla en la oscuridad. Otra vez recalcaría la necesidad del timing.
Clímax: esto golpea al lector con la fuerza de mil demonios. Los buenos arriesgan todo lo que tienen y ganan la batalla pese a lo imposible de la situación. Y esto debe ser no como el agua que se extiende por una superficie, sino como el torrente que azota violentamente lo que encuentra a su paso.
El final: el público se deshace en alivio, felicidad, amor y clemencia. ¡Genial! Y, de paso, hemos visto la evolución del héroe. Este último punto es fundamental. Hemos de observar cambios en la vida de los protagonistas: lo que antes tanto les importaba, ahora ya no la merece. Algo ha cambiado en sus corazones.

Esta es la estructura imprescindible. El original lo podéis encontrar aquí en inglés. Ahora bien, después de lo leído y con unas bases tan claras, cualquiera podría escribir, ¿no? Con un mínimo de belleza lingüística e historia interesante el trabajo está hecho. No hay misterio que valga. El secreto del ‘storytelling’ ya no es tal. Mi reflexión para esta entrada es: ¿podemos reinventar la forma de contar historias? 

jueves, 7 de noviembre de 2013

5+1 claves antes de enviar tu manuscrito a un corrector

Cezare-me © DeviantArt
"¿Qué puedo hacer antes de contactar con un corrector de estilo?" es, junto a "¿a qué os dedicáis exactamente los correctores?" una de las preguntas que más veces he tenido que responder. He decidido, pues, explicar aquí por puntos lo que yo considero agradable como correctora cuando recibo una novela nueva. O una proposición de novela nueva, más bien. Ante todo, os advierto de que estos puntos no van a abriros el cielo. No son aspectos técnicos ni increíbles; tienen que ver más con la lógica y el respeto en una cadena de montaje, donde uno siempre intenta facilitar la tarea al siguiente. Vamos allá:

1. Poner punto y final a la novela. Parece obvio, pero no es la primera vez que alguien intenta que corrija una novela inacabada. Ignoro si hay correctores que trabajan capítulo por capítulo a medida que el autor escribe, pero diría que antes de dar por hecho una u otra metodología, es preciso acotar sus pautas. Cada maestrillo tiene su librillo, dice mi madre. Las cosas claras y el chocolate espeso. Etcétera.
2. Releer el manuscrito una o dos veces. "Y... ¡fin! ¡Enviando al corrector, a las editoriales y a mi abuelito para que la lea!" Solo tu abuelito la leerá con cariño. Las editoriales tardarán eones en contestar, si es que lo hacen, y no pasarán de las primeras diez páginas. En cuanto al corrector, le molestaría mucho comprobar que lo que le han enviado es un borrador. Ni siquiera una primera versión, ¡un borrador! Es una proto-versión del producto final. No creeríais la de erratas tontas que el mismo escritor puede eliminar en la lectura. Eso nos agiliza el trabajo y permite que nos dediquemos a la novela en profundidad casi desde el principio.
3. El corrector no es un editor. Entiendo que pueden parecer profesiones entrelazadas por eso de que el editor se ahorra el sueldo del corrector cargando con su trabajo -y luego pasa lo que pasa-, pero no es así. Un corrector no tiene por qué daros una opinión de vuestra novela, ni aseguraros un feedback, al menos no en el sentido estricto de comunicación constante. Personalmente, no estoy acostumbrada. Hago un cierto asesoramiento simultáneo mediante la caja de comentarios -esta escena pasa muy rápido, aquí falta chicha...-, pero no es imprescindible. El 'coaching' es propio del editor. Si este también es corrector ya no lo sé, pero habría que ver el porqué de esa fusión.
4. Acordar previamente las cláusulas. El formato, el tipo de corrección, la forma de trabajar, los plazos y cualquier peculiaridad que merezca la pena saber. A mí no me importa recibir emails kilométricos si con ellos tengo claras mis herramientas para empezar.
5. Confiar en el otro. Es un asunto peliagudo. Sobre todo para los escritores sin editorial, que quieren autoeditarse o simplemente tener una novela bien pulida y preparada para la acción, buscar un buen corrector puede ser complicado. Hay estafadores en todas las profesiones, personas que os venderán humo transformado en una corrección de mierda, o incluso quienes podrían intentar utilizar inapropiadamente vuestro manuscrito. Ante cualquier búsqueda yo siempre recomiendo pagar la profesionalidad. No obstante, un corrector principiante puede ser buenísimo desde el principio. A lo que me refiero es que no intenten daros gato por liebre. Buscad garantías de su trabajo, referencias, contrato, tarifas... En su forma de expresarse veréis si hay profesionalidad. Al menos es lo que me gusta pensar. Sabréis que habéis encontrado a un buen corrector cuando podáis dejar vuestra novela en sus manos sin miedo a nada. Como si se fuera a un campamento de inglés. Volverá más resabida que nunca.
6. Corregir es un trabajo remunerado. Nada más que añadir aquí.

Si hay alguna duda, no dudéis en comentarlo. :3