miércoles, 25 de diciembre de 2013

Mi 2013 en libros

Dijo Oscar Wilde una vez: "podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y, de pronto, toda nuestra vida se concentra en un solo instante". Mi 2013 podría ser ese solo instante en varios años de tranquilidad. Un giro drástico tras otro, decisiones, pasos adelante -siempre adelante-, momentos que se van directos a la caja de recuerdos, viajes... Todo ha cambiado a mi alrededor, excepto mis acompañantes en esta aventura: los libros. 

Según mi perfil de aNobii, he leído 29 libros, pero haciendo la lista para el blog me salían 31. Investigando esto, me he dado cuenta de que algunos libros terminados no tienen fecha, así que un par se me han escapado. En cualquier caso, esta es la lista de mis libros y cómics leídos en 2013:
https://notegraphy.com/Sparda/note/474658
Como la lista es larga, notegraphy la ha acortado para no afear el formato. Si queréis verla completa, pinchad en la imagen o aquí. De estos 31 libros, tengo mis siete lecturas preferidas, que son estas:


El jinete de dragón, de Cornelia Funke: no deja de sorprenderme su capacidad para devolverme a mi niñez. Lo devoré en días y lloré con un par de frases.
Vida de una geisha, de Mineko Iwasaki: mi primer contacto con una biografía fue muy satisfactorio. Encantada de haber profundizado en el tema y de nuevo asombrada por la de vueltas que da una vida.
En el país de la nube blanca, de Sarah Lark: no leo novela histórica ni romántica por lo general. Fue de mis primeras lecturas del año, y no podía dejar de leer... hasta que un evento en la novela me tuvo alejada de ella durante una semana. Era incapaz de abrir el libro. Pese a la buena nota, de momento no seguiré con sus continuaciones.
Las vacaciones de Jesús y Buda, de Hikaru Nakamura: ¿qué mejor manera de retomar los mangas que con estas dos almas de cántaro? Buen humor, buen dibujo y una historia divertida. Ideal para los que, como yo, quieren leer algo de manga pero no están hechos para las series líderes en popularidad.
Loto Negro, de L. J. Rowland: llevaba dos años buscando por librerías la última parte de esta trilogía sobre las aventuras del samurái detective y su esposa. Tampoco leo novela negra o thriller -y esto es lo más parecido al género-, así que me ha dejado un buen sabor de boca. Un caso escalofriante sobre el poder de las sectas en el Japón feudal.
Entre Extraños, de Jo Walton: increíble. Lo especial de este libro no es su estilo ni su estructura epistolar, sino que cuenta lo que ningún libro puede hacer: lo que ocurre tras la casilla de 'fin', la vida después del 'y comieron perdices'. La recuperación de una muchacha tras perder a su hermana gemela en una batalla mágica contra su madre.
Sabriel, de Garth Nix: un descatalogado que me encantó por su originalidad dentro del lienzo fantástico. Bien escrito y con ganas de conseguir sus continuaciones. Bueno, y primero, conseguirlo para mi biblioteca personal.
La historia interminable, de Michael Ende: un pendiente entre pendientes. Lo tenía en la estantería desde hace casi dos años, pero no fue hasta hace poco que me llamó y nos quedamos hablando hasta las tantas. Pese al cambio de ritmo en la segunda mitad, se ha convertido en un libro muy especial. 

Probablemente mi última lectura del año sea Planeta de exilio de Ursula Le Guin, y en 2014... ¡ya se verá! Y hasta aquí por hoy. Quiero desearos unas muy felices navidades, rodeados de libros, videojuegos y personas, animales y naturaleza querida; que cojáis energías para lo que viene y que, sobre todo, no dejéis de sonreír

martes, 17 de diciembre de 2013

Cuando los escritores se pierden

book-lover © tumblr
Soy de las que piensan que las profesiones más bonitas requieren creatividad. Y la escritura es todo creatividad más un plus de trabajo y perseverancia que no todos tenemos, o que tenemos a veces, por eso nuestro contador de palabras parece una montaña rusa. 

Pero no penséis que esta entrada va sobre la inspiración o sobre seguir adelante. No. Esta entrada es una queja incendiaria sobre cómo algunos escritores manchan la belleza de su oficio. Las palabras son hermosas y tienen un poder increíble; crean la magia a nuestro alrededor, otorgan consistencia a los mundos ficticios. ¿Por qué hay tanta envidia y tanta puñalada trapera? Pensé que no tendría respuesta, pero aquí está: porque quieren publicar a toda costa. Todos los escritores parecen simpáticos y abiertos hasta que les ponen un contrato de edición en las manos. Entonces olvidarán lo que hablaron contigo sobre mejorar el panorama editorial, sobre los libros caros, sobre las nuevas editoriales que ofrecen un salario de mierda... E irán corriendo a abrazar su ejemplar nuevo en el que pone su nombre. Sí, algunos escritores son unos ególatras. 

Los reconoceréis porque van en grupo y se promocionan entre sí. "Lee la novela de mi amigo, ¡es genial", dirán, y probablemente piensen que es un estúpido. No se la habrán leído, sin más, porque no les interesa. Porque van a lo suyo, a su libro, a sus ventas, a que su nombre esté en todas las librerías... O crearán historias conjuntas ambientadas en el mundo de uno de los escritores -el más listo- y dejará que el río limpie su cauce; así solo quedarán los mejores. O se habrán creado su propio apartado en la Wikipedia. O irán diciendo por ahí que son amigos de tal escritor de moda. O aceptarán triquiñuelas con los certámenes anuales de novela. O insultarán a los demás porque han cometido una falta de ortografía -y puestos a ser quisquillosos, si se ha equivocado sin querer es una errata. La falta de ortografía requiere el desconocimiento de la norma-. O tacharán la autoedición de fracaso. U ocultarán reseñas negativas que puedan empañar sus ventas. De esto también hablé en mi columna de FrikArte sobre la inseguridad de los autores consagrados:
Los escritores ‘amateurs’ piensan que la publicación es la meta final, un concepto erróneo, pues lo más importante en la vida no es llegar, sino mantenerse, y más en este mar de aguas turbulentas. Para mí, un escritor consagrado es el que no teme las embestidas del oleaje, el que continúa agarrando el timón a bordo de un Titanic cualquiera.
Porque algunos se creen muy listos. Usan las palabras en su beneficio, no importa si las están tiñendo de malas intenciones. Bien pensado, quizá se creen que los demás somos tontos y vamos a caer en su red de mentiras. No es que escalen en la montaña de la vida, es que suben gracias a otro alpinista y luego cortan su cuerda. Eso es ser un trepa. Tanto como escribir a pedido de la editorial o sobre lo que esté de moda en ese momento. 

Y esto es lo que pasa cuando los escritores se pierden. Olvidan que su oficio solo consiste en escribir, no en echar sapos y culebras sobre los demás, ni promocionarse con veinte tweets cada hora con frases ridículas sobre su novela, ni dar la chapa al prójimo, ni berrear un sinsentido sobre la piratería, ni... No quiero seguir. Solo espero que los hipócritas se den por aludidos y que los nuevos escritores -los honestos, los de verdad- sepan de quién rodearse.