martes, 9 de abril de 2013

La universalización del lenguaje

Fiona Harding © Flickr
 Hace un par de semanas Isouru habló en su blog sobre la ingente cantidad de préstamos lingüísticos, neologismos y extranjerismos que van instalándose poco a poco en nuestro lenguaje. A veces estas palabras forasteras han sustituido a las originales, y otras están tan arraigadas que es casi imposible encontrar un sinónimo en español. Así, a fin de desempolvar el diccionario y erradicar estos préstamos, Isouru me presentó este reto:
Huir de la moda de usar vocabulario inglés o de cualquier otro idioma si en nuestro vocabulario madre ya tenemos palabras para definir lo que queramos decir, expresar o escribir.
No sé qué es lo que pienso al respecto, así que antes de aceptarlo o rechazarlo me gustaría divagar sobre el tema. En realidad no sé ni por dónde empezar. Supongo que por la globalización, que es el origen de la diversidad y de la conexión a Internet. La diversidad enriquece y tiene muchas ventajas tanto a nivel social como cultural, tecnológico o de bienestar. Esta es una verdad que creo conveniente defender a capa y espada. Sin embargo, siempre han existido y existirán culturas depredadoras que, bajo el estandarte de la globalización, se alimentan de las minoritarias. Muchas mueren en silencio, sin que nadie lo sepa. Y sí, un árbol hace ruido al caer aunque no haya nadie para oírlo.

Históricamente -no voy a profundizar porque todos sabéis más de Historia que yo-, no es la primera vez que estamos ante un intento de “universalización” del lenguaje. Primero, imponiendo una cultura -con una serie de tradiciones e ideologías- más avanzada sobre el resto, a ojos del mundo demasiado salvaje o estúpida como para considerarla una igual. Segundo, como intento de agrupar en un solo idioma miles de ideas y rostros, para mi gusto un proyecto demasiado complejo y ambicioso.

Ah_blake © Flickr
Dicho esto, por un lado me apasiona que el lenguaje pueda absorber palabras y significados tan rápido. Las modas han acelerado este proceso, claro, y también Internet... Y quería poner algún ejemplo interesante, pero, sinceramente, llevo diez minutos buscando una palabra en español que pueda sustituir a spoiler. Algunas, low cost en vez de bajo coste, hipster en vez de moderno o estrafalario -lo siento, amigos-… son más fáciles de arrancar, pero otras bien me suponen un suicidio neuronal. Sé que hay culturas más propensas a poseer este efecto esponja y otras, las mayoritarias, son las que continúan su expansión inexorablemente; también sé que el avance y la absorción se deben a razones históricas, pero nuevamente no voy a entrar en ese terreno tan peligroso.

Por otro lado, ya no como escritora sino como amante de las letras, tiendo reagruparme cuando veo que un autor español le ha puesto un título en inglés a su novela, y al revés: sonrío cuando descubro que otros han elegido ambientar sus historias en España sin que la temática tenga que ver con la Guerra Civil. “Nadie de fuera va a respetar lo tuyo si no empiezas por respetarlo tú", me dijo una vez Yolanda Díaz de Tuesta en una entrevista.

No me considero una abanderada del español, pero sí me gusta que sus nativos apuesten por él, que lo vean como una prioridad. Es una tontería, lo sé. También me disgusta que el inglés se instale en el uso cotidiano por moda o pereza, pero no me desagrada verlo en otros ámbitos. ¿Cuál es mi opinión, entonces? ¿Acepto el reto? Sí, pero con mis condiciones: guardarle el cariño que se merece dentro de este blog y en el ámbito literario y ceder a esta universalización en una atmósfera más distendida. Cuando el cuerpo me lo pida. Por desconectar.