miércoles, 16 de octubre de 2013

¡Cuidado, un libro con amor homosexual!

Los lectores estamos cansados del amor. No solo porque en algunos libros sea tan insípido como el tang de limón, sino porque mientras el esquema heterosexual de las relaciones amorosas no ha cambiado en veintiún siglos, el homosexual sigue desnaturalizado de cara a la galería literaria. Parece que la comunidad LGBT solo habita en Chueca y es divertido hablar de ellos en carnavales, no así en el ámbito cultural. Si todavía hay gente a la que le parece raro ver a las dos mamás de un mismo niño, no quiero ni pensar en cómo llevará que existan personas con un sexo que no corresponde a sus necesidades... Pero hoy he venido para poner un poco el dedo en la llaga de los círculos retrógrados. Clichés, clichés y clichés, ¡esto es lo que hay! Ancha es Castilla, y está llena de novelas en las que los estereotipos homosexuales son dignos de parodia.

book-cupcakes © tumblr
Es curioso que haya tantos personajes homosexuales escritos por personas heterosexuales. No me malinterpretéis: no es que no puedan escribir de o sobre ello, es más, deben. La verdadera experiencia se consigue cruzando la línea de comfort. Quizás el único inconveniente que veo y que ha dado lugar a todos estos tópicos es que algunos escritores no han hablado con ningún gay o lesbiana en toda su vida. Creerán que son seres de leyenda, porque si no, no me explico cómo pueden existir tales arquetipos:

1. La loca: ideal para animar fiestas y hablar de novios, pero tan vacío como una bolsa de patatas. Ha sido creado como excusa para detonar una acción, no para ser en sí mismo. Escrito por quienes han visto muchas películas absurdas -no estilo Monty Phyton o el nuevo dinoporn, sino Los rubias de pelo en el pecho- o que han oído hablar de 'este tipo de gays' pero no han tomado café con ninguno. También es aplicable a las lesbianas, aunque creo que se da en menor frecuencia.
2. La mala: también conocido como 'el despechado' o 'la despechada', porque nos da igual si es gay, lesbiana, bisexual o transexual. El caso es que es una víbora tan  venenosa que si se muerde la lengua, se muere. Ha sido creada para enrollarse con la mejor amiga del protagonista -o mejor amigo, en cualquier caso, de su mismo sexo- y luego ha descubierto que le gusta el rollo. ¿Qué sabemos de la mala? Que es puro rencor, que se llama Christine o Pain en el caso de las lesbianas y Blake y Stefan para los gays. Nada más, porque no sirve para nada más. Escrito por quienes desconocen los verdaderos motivos de quien explora su sexualidad y solo quieren telenovelas estilo Antena 3.
3. El promiscuo: también válido para ambos sexos. Le gustan todos los de su mismo sexo. No importa si son jóvenes, maduritos atléticos o sugardadys. No es que debajo de esa promiscuidad subyaga una enfermedad psicológica, es, hablando en plata, follar por follar, por darle el toque moderno a la novela. Escrito por quienes hacen fanfics guarros, que no eróticos.

Estos son solo tres, pero hay muchos más, y me gustaría que comentarais los que más os hayan llamado la atención. ¿Pero cómo van a verse naturales las relaciones homosexuales si no se reflejan adecuadamente en la literatura, que es desde tiempos inmemoriales, la vía del conocimiento por excelencia? ¿Se puede escribir sobre LGBT y no parecer idiota? ¡Sí! Yo misma leo más bien poco sobre amor homosexual, así que hice un barrido por este artículo de Wikipedia sobre la homosexualidad en la ficción fantástica y luego pedí por twitter que mis seguidores me echaran un cable. Y estas son algunas de las proposiciones:
  • Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima
  • El muchacho persa, de Mary Renault
  • Captive Prince, de U.S Pacat
  • La mano izquierda de la oscuridad, de Úrsula K. Le Guin
  • Sputnik, mi amor, de Murakami
  • Antichrista, de Amélie Nothomb
  • Novelas de Javier Negrete
  • Boy meets boy, de David Levithan
¿Qué más podríais recomendarme? A cambio también tengo otro artículo en inglés sobre personajes gays y cómo construirlos bien, amén de que para mí tiene una respuesta muy obvia: tal y como a los demás, porque al margen de su sexualidad todos son personas.