domingo, 28 de diciembre de 2014

Mi 2014 entre libros

Un año más, un año menos; treinta y siete lecturas oficiales entre cómics, mangas y libros me han acompañado en un 2014 algo convulso. Sin embargo, han sido doce meses de acertadísimas historias. Tengo la impresión de que cada vez escojo con más delicadeza. El balance general es positivo, aunque no niego que haya tenido que tragarme las expectativas con algunos libros. He pensado en bucear por mi año literario y mostraros qué he leído, qué me ha gustado y por qué no os recomendaría algunas novelas.




Comencé el año con Vagabond, de Takehiko Inoue (quien hace unos meses dibujó el cartel del Mundial de Kendo 2015). Mi reencuentro con el manga fue gracias la biografía serializada de Miyamoto Musashi, que viene a ser el crack de los samuráis. Como lectora estoy disfrutando un montón, y como kendoka me gusta apreciar la fidelidad de las posturas y los combates, donde el plano mental tiene si cabe más importancia que el hecho de tener un adversario. El otro manga que leo de pascuas a ramos es Las vacaciones de Jesús y Buda, sus aventuras en el mundo terrenal. Humor puro. Podéis imaginarme leyendo tranquilamente y de repente soltar una carcajada gigante. Ese es el poder su autora, Hikaru Nakamura. Y por supuesto soy #teamJesús total.




¿Sabéis esos libros míticos que todo el mundo se ha leído y vosotros no? Cada año me propongo leer al menos un clásico. El año pasado fue para Ende, y este, para Ursula Le Guin. Qué estilazo se trae en Un mago de Terramar y Las Tumbas de Atuán, recogidas en el primer volumen de Historias de Terramar. Acompañar a Ged a enmendar sus errores me hizo pensar en los míos. Creo que las buenas historias hacen de espejo en el que reflejarse. Una sombra que busca encontrarse a sí misma; una trama que muestra las pautas de Tolkien, pero no las sigue, y que prioriza lo emocional sobre lo social o lo político. Las Tumbas de Atuán se ubica diez años después de los sucesos de Un mago de Terramar. Es menos introspectiva que su predecesor. El destino de Arha, la sacerdotisa, se reconduce en cuanto Ged se cruza en su camino. No, quizá es más correcto decir abandona la predestinación para enfrentarse a su destino. Continué casi de seguido con el volumen II (La costa más lejana y Tehanu), pero todavía me falta por leer la última parte.




La literatura western, sin más ni más. De todo lo que he tenido que leer en los módulos de literatura hispana, inglesa y griega del máster, me quedo con el western y las novelas góticas. Tuve que trabajar Close Range: historias de Wyoming de Annie Proulx, de corriente naturalista y una de las primeras en hablar de la realidad homosexual del sur de los Estados Unidos. Me flipó el relato de Brokeback mountain. Se supone que dos cowboys pastoreando en medio de la montaña tienen que beber cerveza, ser duros y arrogantes y pensar en formar una familia. La realidad es que los cowboys pueden seguir siendo todas estas cosas, y además, tener preferencias por alguien de su mismo sexo. Quizás a la mayoría nos parezca una megaobviedad, pero los doce relatos que componen Close Range (¡ya es que… solo el título! Close Range, cuya traducción en español fue En terreno vedado) no hablan de un pasado lejano, sino de apenas un par de décadas atrás, y que para muchos sigue formando parte de su presente. Proulx me fascinó aquí porque tiene la habilidad de decir mucho con poco, como si cada frase significara lo que dice y lo que calla. También leí The basque hotel, de Robert Laxalt, sobre los pastores vascos que emigraron a los Estados Unidos. En mis pendientes está All the pretty horses, del siempre macarra Cormac McCarthy.




Me leí tanto la biografía de Tolkien como su ensayo Sobre los cuentos de hadas, un análisis buenísimo sobre la fantasía, sus orígenes, la suspensión de la credibilidad y el efecto que tiene en los niños. Hablé del ensayo hace un tiempo. Muchos ya sabréis mi opinión: Tolkien es muy buen profesor, pero demasiado pesado escribiendo. No quita que gracias a él estemos disfrutando de un legado fantástico digno. También cogí De qué hablo cuando hablo de correr, de Murakami, otra pequeña biografía sobre su experiencia como corredor. Intercala las carreras con otras anécdotas literarias, y además te entran ganas de correr cuando terminas el libro. Continuando con lo oriental, leí Ser mujer en China. Las voces silenciadas. Reúne quince testimonios recogidos por Xinran Xue, una periodista que, cito textualmente de la sinopsis, "retrata lo que viven las mujeres en la China moderna: siglos de temor y obediencia a los padres, a los maridos, a los hijos y al Partido". Amena, emotiva y mordaz; así es como describiría a Xue. Recomendadísimo.




Ahora bien: el premio a la mejor lectura se lo lleva El aprendiz de guerrero de Lois McMaster Bujold. Miles Vorkosigan, el protagonista de esta aventura, será objeto de estudio en mi proyecto de fin de máster. Ahí es nada, compadres. ¡Qué hartada de reír! ¡Qué personajes, qué descaro! Solo tengo palabras buenas para la autora. Ciencia ficción táctica y divertida. Ha escalado sin dificultad a mi ránking de autores preferidos, donde este año Sanderson no me ha sorprendido tanto con Steelheart (sí con Legión y El alma del emperador, pero menos que cuando leí Los nacidos de la bruma). En fantasía, los cumplidos son para Erin Hunter con Los Gatos Guerreros, las trepidantísimas y chunguísimas historias de un gato doméstico que decide irse a vivir a un clan de gatos callejeros. Leerlo fue como encender de nuevo la llama de la fantasía por fantasía, es decir, disfrutar sin límites de una premisa que rebosa imaginación, y vaya que si pienso continuar con los siguientes libros; también para Garth Nix con Lirael (Abhorsen II), que nunca me cansaré de recomendar como literatura juvenil a la antigua usanza (sin triángulos amorosos ni clichés sobre clichés...); y para Samantha Shannon y su La Era de Huesos, el descubrimiento de este año. Acabé tan enganchada como triste al saber que la obra completa será una heptalogía. Mi bolsillo llora amargamente.
Mención de honor para Arcana Mundi, una antología de ciencia ficción y fantasía de la escritora Elizabeth Bear y editada por Fata Libelli. Prácticamente me gusta todo lo que publican porque ofrecen una ventana al mundo diferente a lo que el mercado nos tiene acostumbrados.




Odisea, de Michael P-Kube McDowell, un libro basado en el universo de Asimov. La traducción es un poco torpe y la historia solo consiguió entretenerme en un par de puntos, uno de ellos la ambientación. Tampoco puedo decir que me haya gustado El nombre del mundo es bosque, de la increíble Ursula Le Guin. Una buena idea ejecutada con lentitud y cierta abstracción, aunque hubo pasajes, más bien conceptos, que disfruté mucho, como el tiempo-mundo y el tiempo-sueño.




Despido el 2014 con La historia silenciosa, de Horowitz, Derby y Moffet. Tres autores de los que no había oído hablar nunca. De momento el libro me tiene atrapadísima. Una novela coral, narrada en forma de testimonios, que cuenta el nacimiento de ciertos niños que han desarrollado logorresistencia, esto es, son incapaces de hablar con palabras. En cuanto a cómics, cosa rarísima en mi estantería, he empezado con Transmetropolitan, de Warren Ellis y Darick Robertson. El protagonista es Spider Jerusalem, un periodista sin pelos en la lengua (es lo más suave que se me ocurre para describirlo) que debe volver a la civilización para cumplir con su contrato de trabajo. Una crítica a la política, a la cultura, a la religión, a todo lo que os podáis imaginar de la forma más ácida y violenta posible. Es un registro que normalmente no me gusta. A veces me pregunto por qué sigo leyéndolo, pero tiene que siempre me ha gustado en el periodismo: la verdad sin tapujos. Esa que te hace un desierto en la garganta, que te quema, que te arrastra. Eso y la ambientación postcyberpunk. Tampoco os voy a engañar.

Así se va este año. No puedo ni imaginar dónde estaré el 31 de diciembre de 2015 ni de qué libros os estaré hablando... o si quedará algo de lo que hablar. Me conformo con vivir el presente. ¡Felices fiestas! Y muchísimas gracias por estar siempre al otro lado.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La reduplicación (o la fuerza de las palabras)

La reduplicación, en una viñeta
Imaginad que voy a un restaurante y pido la carta. Algunos platos tienen picante, como el mítico taco mexicano, y no quiero acabar con la garganta de Smaug. Cuando el camarero viene a tomarme nota, le pregunto si el taco pica mucho. Él se encoge de hombros como diciendo "bueno, depende de la persona". Y yo añado, entonces: "¿pero picante PICANTE?" La repetición le da un matiz enfático. Otro ejemplo: le cuento a un amigo un problema con mi pareja y me pregunta: "¿lo vais a hablar?" Yo asiento, pero él insiste: "¿hablarlo solo por encima o hablar-hablar?" La pregunta adquiere un significado ligeramente diferente al original; la connotación es más contundente, busca ir un poco más lejos.

La reduplicación (contrastive reduplication en inglés) es tanto un recurso literario como un procedimiento morfológico usado en muchas lenguas que consiste, en el primer caso, en la repetición de una sílaba o verso, y en el segundo, en la repetición de una palabra, normalmente la última, para intensificar o asegurar una información. Mientras que otros idiomas como el finés o el inglés lo han integrado tanto en la tradición oral como en la escrita, en español la reduplicación va de la mano con los romances. Me vienen a la cabeza varios ejemplos del Romancero, como el de la muerte del rey Don Sancho (¡Rey don Sancho, rey don Sancho / no digas que no te aviso / que dentro de Zamora / un alevoso ha salido) o el de Fontefrida (Fontefrida, Fontefrida / Fontefrida y con amor / do todas las avecicas / van a tomar consolación), y seguro que se os ocurren otros mejores que estos, porque nunca presté mucha atención en literatura hispánica #sorrynotsorry. Pero creo que la reduplicación tiene mucha más miga en poesía, donde esta función de énfasis y de autoconvencimiento tiene una importancia capital para el poeta. Decía Machado en ¿Mi corazón se ha dormido?:
No; mi corazón no duerme. / Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña; mira, / los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha / a orillas del gran silencio.
Despierto, no, despiertísimo. Igual os estáis preguntando por qué me ha dado por hablar de la reduplicación. La respuesta es sencilla: mi intención no es profundizar en el concepto, sino cogerlo como punto de partida para reflexionar una vez más. Me sorprende cómo utilizamos las palabras para reforzar lo que decimos, cómo las moldeamos a nuestro gusto para que rompan las costuras sin deformar el vestido. Pensaba también, el domingo, en la cantidad de recursos estilísticos que tenemos a nuestro alcance para embellecer el estilo… y cómo los desaprovechamos. Bien por pereza, bien por desconocimiento, bien por miedo al ensayo y error. Y acabé pensando en que debería irme a leer, porque si algún día quiero ser una master de las palabras, tengo que empezar por conocer todos sus secretos.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Línea

Fuente ©
Imagíname al pie del acantilado. El aire azotando mi rostro de frente, empujando mi cuerpo hacia el interior; las olas rompiéndose, abajo, contra las rocas, y yo rompiéndome aquí, arriba. A pedazos. El horizonte llama al huracán. Un escalofrío recorre mi espalda desde la base hasta la nuca y escapa en forma de suspiro.
Detrás de mí se halla la tierra: su aspereza, su siempre firmeza. El hogar. El olor de lo familiar, sí, eso es la tierra. Y delante de mí hay un abismo (que no necesita adjetivos para ser hondo e insalvable), el mar y el cielo. Una noche densa, sus brazos negros intentando abarcar el universo.
No puedo pensar en la vida sin momentos como este. En el borde. Con el viento de cara. Con miedo. Con equipaje sobre los hombros. Con la desazón de quien está perdido y sabe que un día volverá a encontrarse, aunque desconoce dónde. ¿Me darás tus alas, noche, antes de caer?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

#WeNeedDiverseBooks

Sin rodeos: el mundo no quiere la diversidad. Es diverso, pero prefiere esconderlo. Sus intenciones no son diversas ni tampoco el mercado pretende ofrecernos diversidad. Al menos esto es lo que pienso cuando leo el recuento anual de Publisher's Weekly de 2013 sobre los libros juveniles más vendidos. No he querido hacer un análisis de la procedencia de los autores, temáticas, protagonistas con discapacidad o pertenecientes a la comunidad LGBTIQA pero otros sí lo han hecho, y además exhaustivamente. Merece la pena. Yo me voy a dedicar a dar a conocer la campaña y a reflexionar, siempre reflexionar. Una infografía de resumen:


Desde su página web la iniciativa #WeNeedDiverseBooks denuncia la falta de diversidad en los libros juveniles o young adults, etiqueta que, y no quiero profundizar sobre ello, ha nacido para ser una herramienta de mercado que cualquiera estira y dobla como mejor le conviene. En palabras de la campaña:
We Need Diverse Books cree que la diversidad conduce a la aceptación, a la empatía, y en última instancia, a la igualdad. Reconocemos toda clase de diversidades, incluidas (pero no limitadas a) la LGBTIQA, personas de color, discapacitados, diferentes sexualidades y minorías étnicas, culturales y religiosas. Nuestra misión es promover y ampliar los esfuerzos por la diversidad, aumentar la visibilidad de estos libros y sus autores y comprometer a un amplio espectro de lectores en el proceso.
Para llevar a cabo nuestra misión contamos con grupos relacionados con los libros infantiles y juveniles, incluidos (pero no limitados a) editores, autores, distribuidoras, librerías, educadores, padres y estudiantes.
De vez en cuando me gusta recordar que la diversidad es tan necesaria en la literatura como en todos los aspectos de nuestras vidas porque no existen dos personas iguales aunque compartan raíces. A edades tempranas es indispensable mostrar el mundo más allá de nuestras fronteras, con otras personas, otras costumbres, otros modos de vida, y es más: hoy en día no hace falta salir del país para descubrir nuevas miradas. Por eso me da rabia ver imágenes como las que están más abajo. Attanya está cansada de que los dragones y los robots parezcan más probables que los personajes con otro color de piel. O Jennifer, que cuenta que con 13 años una niña le dijo que era egoísta que todas sus protagonistas fueran latinas porque ella, simplemente, solo podía sentirse identificada con personajes blancos.

Clic para ampliar
Los escritores son el pilar fundamental de la diversidad. Está en sus manos (en nuestras manos) ser la voz de las historias que no se cuentan y plantear ciertas cuestiones. Se me ocurre una fundamental, aunque relacionada: la ambientación. Muchos tienden a situar sus historias en el marco anglosajón, americano o nórdico, a utilizar su mitología, y me parece tan lícito como el que apuesta por lo local. Solo quiero parar el tiempo un instante y preguntarnos por qué. ¿Por qué Londres y no Getaria? ¿Por qué Jack y no Farid? ¿Por qué lo de siempre, por qué no atrevernos con lo desconocido? ¿Por qué hacemos tan difícil la diversidad?

martes, 28 de octubre de 2014

Entrevista a la Editorial Valinor (2 de 2)










En la primera parte de la entrevista a los editores Valinor hablamos sobre sus lecturas influyentes, los criterios a la hora de valorar un manuscrito y la importancia de contestar a los autores tanto para dar una respuesta positiva como negativa. Violeta Moreno afirmó que muchas editoriales bombardean a los lectores "con productos poco originales que intentan aprovechar el tirón de obras triunfadoras". Si queréis saber qué se dijo en la segunda parte, seguid leyendo. :)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Entrevista a la Editorial Valinor (1 de 2)

Violeta Moreno: "Nos bombardean con productos poco originales que intentan aprovechar el tirón de obras triunfadoras"


Logo e imágenes cedidas por la editorial











A estas alturas muchos de vosotros ya conozcáis a la Editorial Valinor. Abrieron sus puertas hace un año a la edición digital con el entusiasmo propio de un equipo joven y lleno de nuevas ideas: Jessica Tornos, Myriam Crespo, Violeta Moreno y Diego Bober. En septiembre de este mismo año anunciaron las novelas y autores que estrenarán su catálogo: La casa de cruces, de David Halegua, una novela de terror sobrenatural "en un paisaje oscuro, lúgubre y lleno de secretos" en palabras de los editores; Los del otro lado, de Sigrid K. Halvorsen (trad. M. C. Mendoza), autora ha saltado entre muy diferentes géneros, como la romántica, el terror o la fantasía steampunk; Memorias del tercer nacimiento, de Magín Méndez Sanguos, enmarcada en el entorno de ciencia ficción; y El libro del único camino, de Silvia Pato, que transportará al lector a un mundo de fantasía y magia a través de un libro de oscuras intenciones. Y si esto no os parece suficiente, los editores llevan de forma paralela la Revista Valinor, que alberga tanto relatos de escritores noveles como ilustraciones y artículos de diversas disciplinas artísticas. Tras el salto, la primera parte de la entrevista con los editores Valinor.

jueves, 16 de octubre de 2014

Fulgor

Fuente
Los casquillos de bala restallaban contra el suelo, pero ella no podía oírlos. Cambiaba de cartucho cada tres o cuatro segundos. Lo que duraran. Los disparos retumbaban con fiereza en sus oídos, aunque cualquiera que se aproximara sabía que Juárez estaba muy lejos de allí.
Tenía el rostro contraído de rabia. La mandíbula apretada, los dedos crispados en torno al gatillo, el cuerpo en tensión. Sus ojos irradiaban fuego desconocido, y te aseguro que Juárez es capaz de quemarlo todo, incluso a sí misma, con tal de olvidar sus pesadillas.
Una bala por cada recuerdo. La pistola se estremecía violentamente.

lunes, 13 de octubre de 2014

Eleazar, ¿qué ven tus ojos de autora?


Si el título no os ha llamado la atención, nada lo hará. Me apetece comenzar la semana con una entrada personal, alejada de la línea habitual de curiosidades y técnicas literarias. Sabéis que soy de reflexionar sin un motivo concreto.

No recuerdo el día que empecé a escribir. Tampoco lo que escribí, pero sí por qué: quería dar distintos finales a mis series preferidas. ¿Cuáles eran? Pokémon, Digimon, La pajarería de Transilvania, Escaflowne, Gárgolas... y un largo etcétera. Luego de algunos años comencé a construir mis propias historias, la mayoría influencia directa de lo que leía, veía y jugaba. Solo de adolescente surgió la idea de convertir la escritura en algo más, aún no sabía qué. Un camino del que no quería desviarme nunca o una carrera de fondo en la que todos los competidores eran yo; una ambición profesional, de eso no cabía duda. De los quince a los diecinueve escribí sin control y sin miedo y casi todo se quedó sin punto final, pero lo más importante es que el sendero del aprendizaje se traza solo a través del ensayo y error, y no sería la Eleazar que os habla ahora sin haber tropezado mil veces. Durante esos años se forjó mi deseo de convertirme en escritora "publicada". De ahí el fervor, seguramente. Más adelante cambió mi percepción: ser escritora es tener una profesión a la que dedicar horas y horas. Nadie me iba a tomar en serio si no lo hacía yo, así que creé una fórmula mágica que además sirve para muchas otras cosas en la vida: proyecto = constancia + disciplina. Si solo eres disciplinado a veces, terminarás a trompicones; si te sientas todos los días a escribir pero la mitad del tiempo lo pasas en internet, tardarás el doble de lo previsto, y probablemente será un trabajo lleno de altibajos. En resumen: me tomé escribir como la realidad que es para unos y el sueño que es para otros.

En medio de la vorágine de las redes sociales, refugio para las voces de muchísimos escritores que buscan encontrar su lugar en la literatura más tradicional, averigüé también que el exceso de ruido entorpece la creatividad. En otras palabras, pasar demasiado tiempo discutiendo y cotilleando no sirve para nada. ¿Qué importa a partir de cuántas palabras se considera novela larga o 'novella' (o novelette, ¡hay tantos temas para perder las horas...!)? ¿O quién está a favor o en contra de la piratería? No me gustan los patios de recreo, pero es verdad que cada cual es libre de invertir su tiempo en lo que quiera. Facebook y Twitter también son escondites para editoriales fraudulentas, revistas literarias, proyectos de gran envergadura abiertos al público... Las posibilidades son inmensas, pero he visto a más de una persona perderse en esta inmensidad. No es sano. Como tampoco lo es dar la espalda a la difusión que las redes sociales pueden proporcionar.
© Michael Hirshon
Supe de todo esto sin dejar de escribir, porque no puedo dejar de escribir como tampoco puedo dejar de comer pipas. Es una adicción. Liberadora e intensa. Sufrida, por supuesto. Decía Murakami que escribir es un esfuerzo físico y mental que nos deja agotados. Probablemente incluso sea más complicado para los que escribimos que para los que no. En periodismo los profesores solían decirme que era incapaz de precisar la información en un texto. Me iba a fuego por los cerros de Úbeda, y todo el mundo sabe que son igual de traicioneros que el triángulo de las Bermudas. Al final aprendí, claro, pero a base de colocar la rigurosidad por encima de las figuras literarias (al menos en el periodismo más estricto). En cualquier caso, nunca veo el acto de escribir como algo sencillo. Somos hijos de lo audiovisual. Este formato ha condicionado y condicionará la literatura futura. Es difícil crear un párrafo tan compacto como una imagen. ¿Estamos trasladando inconscientemente la inmediatez y la cinemática al estilo? La respuesta más honesta que puedo ofrecer es que no lo sé, pero no es la primera vez que pienso en ello.

Soy autora. ¿De qué? De una centena de relatos y cinco novelas (que no tienen por qué ver la luz solo por el hecho de estar terminadas). Y la situación no puede ser más emocionante: estoy metida de lleno en un proyecto personal que mezclo con otro de diferente extensión y con el crowdfunding de Pulpture. Ambos son saltos cualitativos con respecto a lo que hacía antes; digamos que está siendo como saltar al vacío gritando "¡yija!"y confiar en que la caída no llegue nunca. Ese segundo de euforia en medio del abismo. Ese instante donde lo ves todo alto y claro y por el que volverás a saltar. Eso también es escribir. O vivir.

Un grito sincero: ¡os necesitamos!
Soy autora. Desde que lo decidí, no he necesitado concursos ni crítica que me avalen, y sé mejor que nunca que la escritura es una carrera de fondo. La sinestesia dice que "escritura" es azul, roja, blanca y marrón, bandera un tanto extraña pero que alzo sin miedo al descrédito. Viene a ser un "¡que os den!" muy diplomático porque a veces me da por ahí. Y desde que soy autora, yo hago las preguntas. Yo escojo la dificultad de lo que hago. Yo escojo las palabras. Y esa es una de las razones por las que unos días es más fácil escribir que otros.

Soy autora en un periodo donde proliferan obras, autores, historias, ideas, editoriales, conflictos, enemistades, apoyo, promesas, futuros. Para algunos esta abundancia es objeto de crítica: "ya no se lee tanto" (se lee más), "los e-reader son el demonio" (se lee mejor), escoged vuestra preferida y contestadla como más rabia os dé. Es innegable que los tiempos están cambiando, pero ¿qué sería de nosotros si nada cambiara nunca?

miércoles, 8 de octubre de 2014

El 'unreliable narrator' o narrador no fiable

ipoenews © tumblr
¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos fiarnos de lo que nos cuentan? ¿Si las palabras formaran parte de una perspectiva sesgada, un engaño a propósito, una forma de desviar nuestra atención de lo realmente importante? ¿Cómo leemos un libro en el que la mentira está presente... o no? ¿Deberíamos sentir alegría cuando el narrador dice que el protagonista se alegra? Estas preguntas son algunos de los muchos juegos que proporciona el narrador no fiable, o en inglés, el 'unrealiable narrator'.

Cuando leemos un libro, establecemos una relación de confianza implícita en la que el narrador nos cuenta la verdad y nosotros no ponemos en duda lo que dice. Es un ejercicio que hacemos sistemáticamente; vivir cada página cuestionando a quien nos cuenta una historia puede ser agotador y agobiante al pensar que lo que estamos leyendo no es real, lo que a su vez nos da pie a nuevas interpretaciones. Pero precisamente esta confianza ciega permite el engaño. Algunas veces es fácil detectar que estamos ante una visión extremadamente subjetiva, como por ejemplo si leemos un punto de vista (desde ahora, POV) en primera persona, pero la verdadera dificultad reside en detectar si el narrador omnisciente nos está engañando. O en disfrutar del engaño, así sin más.

¿Por qué no deberíamos fiarnos del narrador? A veces, como he comentado en líneas superiores, trata de desviar nuestra atención porque es parte culpable en la historia (y no lo sabemos); en otras simplemente está loco y aunque diga la verdad, su testimonio no se corresponde con la realidad.  Si habéis visto la serie Hannibal, el momento en que el propio Hannibal le pide que dibuje un reloj de aguja en un folio y al principio el espectador ve por encima del hombro de Will Graham que su reloj es perfecto. Sin embargo, el siguiente plano nos muestra que en realidad el reloj es... una chufa. Y está loco. Esta técnica es conocida como Through the eyes of madness, y es una variación del unreliable narrator.
A la izquierda, lo que cree Will que hace. A la derecha, el resultado.
Hay otras, como el Innocent Inaccurate, donde el narrador dice la verdad pero por falta de información o por error no entiende lo que ha pasado y saca conclusiones erróneas. Para el POV en tercera persona pienso en Harry Potter. A lo largo de la saga el nos han pintado a los slytherins como los más malos del lugar. ¿Se debe a que Harry les odia o a que están más próximos a las garras de Voldemort, y por tanto, no son de fiar? Otro narrador curioso es el de La niña que recorrió Tierra Fantástica en un barco hecho por ella misma. Habla de tú a tú con el lector y suelta ciertas pinceladas de lo que le ocurrirá a Septiembre. Algunas son confusas a propósito. ¿Cómo lo sabe? ¿Quiero saber quién es en realidad? Igual prefiero no saber a cambio de mantener la magia. En cualquier caso, aquí tenéis una lista de Good Reads bajo la etiqueta unreliable narrator.

El narrador no fiable también se ha extrapolado a otros formatos, como las películas o los videojuegos. Se me ocurren Memento y Prince of Persia: las arenas del tiempo. En el primero, el protagonista es un hombre que ha perdido la memoria a corto plazo desde que mataron a su mujer y quiere encontrar al asesino. El pequeño handicap es que una vez pasan cinco minutos no recuerda nada de lo que estaba haciendo, lo que convierte al hombre en un desastre con patas, y a la película una fumada digna de revisionar cada año. En el segundo, si habéis jugado, sabréis que el príncipe hace de narrador y va contando la historia conforme avanzamos. Así que cada vez que morimos él rectifica: "no, esto no es lo que ocurrió" y volvemos al punto de control. Yo me imagino un jugador patoso muriendo muchas veces y el príncipe en plan: "... y después me lancé al vacío desde la torre. No, un momento, no fue así. Qué despiste. Lo que pasó en realidad es que corrí hacia el balcón para huir de mis enemigos, pero tuve un despiste y me caí... otra vez... No, no, ¿en qué narices estoy pensando? Lo que realmente pasó, de verdad de la buena, es que apreté cuadrado en vez de círculo y en vez de atacar salté por los aires. Es complicado. No te aburro, ¿no?" El Prince of Persia es tan útil que también lo utilicé para mi trabajo de narratología en los videojuegos.

Clic para ampliar.
Bueno, y ¿qué pinta el autor en todo esto? Personalmente creo que es más cómodo partir de la base de que todo lo que voy a contar es cierto porque ya tengo suficiente con vigilar la trama, los personajes, el ritmo, las palabras... Pero al mismo tiempo es una puerta a la lectura doble y a la interpretación, conceptos que me encantan y que dan mucha profundidad a un texto. Escritores, toca experimentar. Lo único que yo tendría en mente es que no hace falta que el narrador esté mintiendo todo el rato; solo necesito un par de verdades a medias para demostrar que la realidad tiene huesos de cristal.

jueves, 2 de octubre de 2014

Librerías que molan




Si esta fuera una entrada normal, os hablaría de las librerías con diseños imposibles. Pero hoy me apetecía orientar esta entrada hacia esa dirección que todos nos hemos aprendido alguna vez y ahora reproducimos sin pensar: el camino hasta nuestra librería preferida. Sí, así es. Quiero reivindicar la importancia de las tiendas pequeñas en cada ciudad. ¿Quién no conoce una o dos librerías pequeñas y acogedoras donde el personal es tan simpático que te dan ganas de abrazarlos o que te recomiendan sus libros preferidos cuando llegas y no sabes qué comprar?

Me gustaría que pensáramos más a menudo en las librerías locales. ¿Qué hacen para convertirse en lugares especiales? Para mí, se resume en una cosa: tratar con cercanía a los clientes. O incluso no tratarlos como clientes (en el sentido de venderles algo a toda costa) sino como conocidos que buscan próxima lectura o recomendaciones para regalos. Porque

En general, si no tengo lectura y estoy atascada en un aeropuerto, seguramente acabo comprando en la mítica Waterstones. Pero si me estoy dando el lujo de ir a comprar un libro porque me apetece, suelo ir, concretamente, a dos librerías. Las dos primeras están en Vitoria: una pertenece a una cadena nacional y solo voy de lunes a viernes en el turno de mañana porque hay una librera que me alegra los días. Así, sin más. La segunda se llama Anegón, un híbrido entre librería y papelería con capacidad para diez u once personas. ¡Pero conozco más en otras ciudades! Argot en Castellón, o la Gómez en Pamplona... Reconozco que tienen poco de lo que a mí me gusta, pero no tardan ni tres segundos en hacer un pedido.

Sé que esa disponibilidad inmediata y la atención al cliente personalizada forma parte de la estrategia de venta; las tiendas pequeñas deben afianzar clientes para sobrevivir. Si no, serán absorbidas por macrosupermercados que lo mismo te venden el último de Ken Follet que zapatillas de animales. Y que conste que me encantan las zapatillas de animales. La gran maldad de los grandes almacenes es que se saltarán las fechas de lanzamiento de juegos, libros y otras formas de ocio a veces sin pensar, otras para hacer la jodienda a la tienda especializada que está al final de la calle.

Puede que sea un gesto minúsculo hacia los vendedores que luchan por llevar su negocio a puerto, pero la vida está hecha de pequeños momentos, pequeñas acciones... Estas son las mías. Por eso os propongo llevar esta campaña más allá, a vuestros blogs, a facebook, a twitter... y que recomendéis con orgullo librerías que molan.

viernes, 26 de septiembre de 2014

I Certamen de relatos e ilustración "Espada y brujería"




















¡Hola! Desde Ánima Barda estamos elaborando un concurso para escritores e ilustradores sobre Espada y brujería, una temática super pulpera. Podéis leerlas directamente en la web. Además, en las semanas siguientes también abriremos un concurso nuevo (yay, es una de las sorpresas preparadas desde hace mucho) en la que una servidora se pone las pilas como coordinadora. Pronto, más detalles. Por el momento ya hemos recibido los primeros relatos para el de Espada y Brujería, ¡pero aún no tenemos los vuestros!

Por hacer una pequeña aproximación al género de cara a daros ideas (o a despejar dudas que puedan surgir de cara a la escritura o al dibujo), las aventuras de Espada y Brujería se amparan generalmente en el marco de la fantasía épica, con tintes medievales, amazónicos, mitológicos o de cualquier índole bélica. El mejor ejemplo que me viene a la cabeza es Conan el Bárbaro, de Robert E. Howard o las antologías de Flashing Swords de Lin Carter. El término Espada y Brujería (Sword & Sorcery) fue acuñado en los años 60 por Michael Moorcock, señor que parece estar en todas partes como precursor de asuntos geniales, aunque se dice que el concepto fue diseñado por Fritz Leiber. La labor de Moorcock para con la literatura fantástica fue romper con el clásico enfrentamiento binario del Bien contra el Mal e introducir un abanico de grises donde la moral no está perfectamente definida. Esto es lo que The Encyclopedia of Sciencia Fiction (SFE) dice sobre el señor Moorcock y su contribución al género:
Michael Moorcock is one of the relatively few UK writers to work in the genre, and though his sword and sorcery (which he began publishing around 1963) has been dismissed, not least by himself, as hackwork, and while he certainly wrote too much too fast, his fantasy generally and his Elric books in particular imported a welcome breadth to the genre: Good and Evil in Moorcock's books are never easy to define; the forces of Chaos and the forces of Law are alike unsentimental, self-seeking and untroubled by human anguish. Moorcock put paid to the idea of the hero in control of his own destiny; in his books an indifferent universe cares nothing for heroism, but Moorcock does, and the courage shown by his heroes is the more touching for being (usually) doomed. His sword-and-sorcery work is as much a critique of the genre as it is a continuation of its traditions. 
Como no estoy segura de poder traducirlo bien, he decidido dejar el original en inglés. En general, el artículo entero sobre Espada y Brujería en la SFE hace un repaso estupendo sobre el término, con autores y autoras destacados, diferentes corrientes y modificaciones que sufrió el género hasta la actualidad. Y si con esto no os han entrado ganas de escribir, pensad en los pectorales de Conan. O en los de Kaidan Alenko.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Errores comunes (V): optimismo y positivismo

Encontrada en booksownme © tumblr
El ámbito periodístico, las redes sociales y la lengua hablada nos llevan muchas veces a usar como sinónimas dos palabras que no lo son. Es el caso de positivismo y optimismo, y también sus derivadas positiva y optimista. La RAE facilita su distinción con varias acepciones, pero el uso incorrecto está tan extendido que es no es posible erradicarlo de la vida cotidiana:
Positivismo:
1. Tendencia a valorar preferentemente los aspectos materiales de la realidad.
2. Afición excesiva a comodidades y goces materiales.
3. Actitud práctica.
4. Sistema filosófico que admite únicamente el método experimental y rechaza toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto.
Optimismo:
1. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.
2. Doctrina filosófica que atribuye al universo la mayor perfección posible.
Por tanto, una persona positiva es una persona pragmática, y la optimista, alegre. La problemática surge cuando decimos que alguien positivo es el que siempre mira el vaso medio lleno. Quizá sea porque su antónimo, negativo, sirve como cualidad y enseguida tendemos a relacionar conceptos: "¡Sé positiva, el examen te saldrá bien!", "No seas negativa, anda". Por no añadir el famoso "siempre negativo, nunca positivo". También se me ocurre actitud positiva referida a actitud alegre en vez de actitud práctica.

Por si no estáis convencidos, aún hay más: esto es lo que dice la herramienta de sinónimos de Wordreference cuando buscamos ambas palabras:















Sin embargo, el resultado cambia si buscamos sinónimos en inglés, de manera que optimistic admite positive en el sentido del que mira el vaso medio lleno, pero positive no admite optimistic en ninguna de sus tres variables:

















A día de hoy es prácticamente imposible hablar bien. La universalización del lenguaje trae consigo un montón de expresiones "robadas" de otros idiomas, así que es lógico que nuestro cerebro haga sus propias agrupaciones semánticas. ¿Se os ocurren otros casos curiosos?

martes, 16 de septiembre de 2014

Test: ¿Cómo sé si soy escritor?

O escritora, ya sabéis. Para hacer honor a la verdad, esto no es un test, sino un diagrama, pero el resultado es el mismo. Os aseguro que tiene el 100% de fiabilidad. Lo he comprobado yo misma.


Nadie debería caer en discusiones tontas sobre cuándo una empieza a ser escritora y cuándo deja de serlo, o si es un trabajo de verdad, o si hasta que no eres bestseller formas parte de la caspa literaria. Escribir va más allá de todo eso simplemente porque primero es un proceso intrapersonal (yo hablo conmigo misma, me cuento una historia) y después se convierte en interpersonal (cuando dejo que otros me lean). Las variables, como la moda, ejemplares vendidos, que tus amigos o familiares no te tomen en serio..., fastidian, pero no impiden. Lo importante es lo que tienes delante en el momento de sentarte a escribir: tu cuaderno o tu ordenador y tu motivación.

¿Qué os ha salido en el test? (✿◠‿◠)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

5 tipos de personajes increíbles

¡Léeme de una vez, hombre!

Como lectora suelo establecer un ranking de personajes preferidos de cada libro, y estos luego forman parte de un ranking global con todo lo que he leído. El otro día me descubrí pensando que muchos de ellos tienen características comunes. No es como si estuvieran cortados por el mismo patrón, sino que es innegable que ciertas actitudes me cautivan más que otras. Y este es mi top cinco, ordenados de menos a más preferido:

El escritor nos engaña para que pensemos que no tiene defectos. Digamos que puede compaginar sus matrículas de honor con oros en baloncesto y además tiene tiempo para ir hacer actividades de voluntariado. Para descubrir su talón de Aquiles a veces basta con una frase; otras, su ‘imperfección’ es como un estallido. ¿Quién no ha visto a ese personaje perfecto llorar en soledad?
Seré antigua y rancia como el mueble del salón de mis abuelos, pero me gusta que exista un ‘fuera de serie’, una persona elegida para llevar a cabo una misión, desde escoltar a alguien hasta salvar el mundo. ¿Y cómo puede ser?, os preguntaréis, viendo que es un cliché como una casa. Me gusta porque precisamente tienen que lidiar con ser diferentes. Y porque suelen acabar como leyendas (y sus libros, como clásicos). Aunque también le veo pegas: que le salga todo bien incluso cuando falla o que sea tan responsable que se vuelve aburrido. Me viene a la cabeza Harry Potter.
Creo que el título lo dice todo. Este personaje se mantiene fuera de plano casi todo el tiempo. Sus intervenciones son puntuales y agradables, pero ni por asomo piensas que luego puede ser el que maneje el cotarro. O que su papel sea tan decisivo. O que esté moviendo los hilos desde las sombras. Pero claro: no me creería que un personaje que he visto tres veces de refilón tenga una importancia capital. Quiero que me engañen. Se me ocurren ejemplos, pero nombrarlos sería hacer spoiler...
Mejor no meterse con alguien que salte a la mínima, y menos si va armado con balas o palabras.  Normalmente esta actitud va acompañada de una vida dura o de decisiones difíciles de tomar. Son insensibles de cara a la galería y lo han perdido todo. La capacidad de ver lo que otros no ven (como abandonar a cien personas para salvar millones) suele enfrentarlos contra el resto del elenco, que siempre vota por un término medio. Pero a veces no hay término medio ni segundas oportunidades. Esos nervios de acero para controlar una situación me encantan.
¡Y sí! Es mi preferido. Enseguida lo asocio a un soldado que lucha por su país con una convicción que raya lo absurdo. Suelen tener un fuerte sentido del deber y de la justicia. Lo que me flipa de ellos es cuando ese idealismo choca frontalmente contra la realidad; aquí empiezan los dilemas, las decepciones, la doble moral, esa sensación de estar perdido… Personalmente creo que el idealismo se da en las personas puras, y lo más interesante en ellas es ver cómo y en qué tipo de gente se transforman, y aún así, seguir manteniendo la raíz de esos ideales. Quizás en esa pureza manchada con las putadas de la vida, en mayor o menor medida, nos reflejamos todos.

Estos son los míos. Ahora bien, sé que me dejo muchos: el héroe cansado, el villano sin escrúpulos, el inocente en un ambiente turbulento, el luchador... Supongo que hay muchísimas formas de clasificar a los personajes. Y al final no hay que preocuparse por si es cliché o no. Al menos no los veo a priori como un punto negativo. Con tal de que sea coherente, a mí me vale. ¿Cuál es vuestro top 5 y por qué?

lunes, 1 de septiembre de 2014

Celsius 2014: Mesa redonda de literatura juvenil

Hoy acaba el ciclo no-tan-relámpago-como-cabía-esperar de entradas sobre el Celsius 2014.


La mesa redonda de literatura juvenil tuvo lugar un par de horas antes de la gran conferencia “Tres acercamientos diferentes a la literatura fantástica” que nos había puesto los dientes largos a todos. Pero la que nos ocupa hoy tampoco tuvo desperdicio alguno, pues el elenco de escritores no pudo ser más diverso: Pedro Riera, premio CCCEI de literatura juvenil con “La leyenda del bosque” y conocido más por su experiencia en los Balcanes con “Heridas de guerra” y “Un alto en el campo de los mirlos”; David Lozano, autor zaragozano de la trilogía de fantasía gótica “La puerta oscura” pero aún más famoso por hacer sufrir a sus personajes; Javier Ruescas como moderador en el centro de la mesa; Gabriella Campbell, poetisa (El árbol del dolor), ex editora y coautora de “El fin de los sueños” junto con el último invitado de la mesa, José Antonio Cotrina, el único capaz de competir con David Lozano en la categoría de autores sádicos y despiadados. Ambos autores pusieron la nota de humor en el encuentro, que duró cerca de una hora.

Javier Ruescas planteó la mesa como un recorrido editorial desde la idea hasta la post-publicación desde la perspectiva de estos cuatro autores. Me sorprendió gratamente Pedro Riera, quizás por la templanza con la que hablaba de sus experiencias en Yemen y Birmania, si no recuerdo mal.

David Lozano abrió el debate sobre la concepción de ideas y resumió su experiencia citando a Robert L. Stevenson:
Ciertos lugares hablan con su propia voz. Ciertos jardines sombríos piden a gritos un asesinato; ciertas mansiones ruinosas piden fantasmas; ciertas costas, naufragios. 
Tiene cierto parecido con el chispazo que siente Riera, aunque él espera a madurar la idea antes de sentarse a escribir. El autor reconoce que la naturaleza forma parte de su inspiración: “cuando estoy atascado, solo necesito dar un paseo por el campo para despejarme. La solución viene sola” (¿será por eso por lo que me gusta?). Campbell y Cotrina coincidieron en que el proceso es diferente si son dos o cuatro manos las que escriben. En su caso, añadió Cotrina, lo difícil era quedarse solo con un par de ideas.


Tampoco podíamos quedarnos sin saber si alguno de ellos tenía manías o rituales antes de darle a las teclas. Campbell se sienta a escribir por las mañanas, “siempre con algo caliente para beber”, explicó, “como si así le dijera a la mente que debe ponerse a trabajar o la bebida se quedará fría. La mente se cierra a los sobreestímulos cuando le das una rutina”. Llevar siempre un cuaderno es otra opción, y que yo sepa, lo hacemos muchos, porque la idea puede aparecer en cualquier momento. Lozano utiliza un cuaderno diferente para cada historia, así que echad la cuenta de cuántas tiene por ahora… más los proyectos en la sombra, que seguro que no serán pocos.

Pero no podríamos hablar del proceso editorial sin tocar la documentación. Riera afirmó que “no es necesario documentarse sobre lo que has vivido” en referencia a sus experiencias en Yemen o en la guerra de los Balcanes. “Lo primordial es ser verosímil”, añadió Lozano. “Una manía también muy común es la de visitar los escenarios donde transcurren las historias; es mi caso”. En un momento de la charla nos contó que tuvo la suerte de presenciar la autopsia de un cadáver. No contento con tomar notas desde una esquina, acabó ayudando a los forenses a romper el esternón al muerto.

Antes de darle la palabra al público, Ruescas preguntó qué consejos darían para enfrentarse por primera vez al editor. Riera buscó un agente que hiciera de intermediario, porque “a veces la relación con el editor es difícil y no hay atajos”, pero dejó muy claro que poca gente se gana la vida escribiendo. Es la primera fantasía que debe romper el autor novel. Cotrina habló de constancia, de escribir y leer mucho para mejorar. “Nadie se convierte en escritor en dos meses o un año”, terció Lozano, ya que la ilusión de tener algo publicado puede llevarte al desastre. Insistió en que mucha gente joven quiere publicar cuanto antes, y eso, en el peor de los casos, dañará su imagen de cara al futuro.
Uno cuando escribe tiene que asumir riesgos. Solo te puedes ofrecer al editor cuando estás convencido de tu obra, y probablemente no lo estés nunca al cien por cien. 
Me gustó que Gabriella Campbell rompiera una lanza a favor de los editores. “Los escritores solo piensan en lo que ellos necesitan” y se olvidan de una buena presentación de su manuscrito, de un pequeño dossier o biografía, público objetivo… A veces incluso se olvidan de la educación. En el momento en que el editor acepta publicar una obra, y esto es una opinión personal, ambos están trabajando en equipo; ambos deben adaptarse al otro con el fin de crear un libro cuidado y único. Si el proceso es una transacción pura (véase: el autor firma el contrato y el editor publica el libro, sin más) el resultado es deprimente. Así salen ediciones mal hechas, autores descontentos… Y un aporte más: es más común de lo que parece recibir manuscritos a pelo, sin “buenos días” ni carta de presentación, ¡muchas veces ni habían ojeado el catálogo! Pero no me quiero extender en esto. En cualquier caso, me gustó el contrapunto. Muchos escritores solo saben mirarse el ombligo.


Llegó el turno de preguntas. Con una mesa tan variada no podía irme sin exponer una apreciación muy extendida en círculos de literatura juvenil. Mi pregunta fue: “últimamente leo libros juveniles que parecen cortados por el mismo patrón: personajes planos, romances espontáneos y poco creíbles… y la escasa representación del colectivo homosexual o LGTB. ¿Podría decirse que, estructuralmente, la literatura juvenil se ha estancado? O más bien, ¿las editoriales no arriesgan? He ahí mi pregunta, con palabras más o menos acertadas. Pero era la mejor oportunidad para hacerla. La respuesta vino dada, primero, por Ruescas, y cito textualmente:
Creo que estás muy confundida. ¿Podrías poner algún ejemplo? Aun así, la literatura juvenil no tiene fronteras, y generalizar es ridículo a estas alturas. Además cada lector debe tener suficiente capacidad crítica para determinar si un libro es malo o no. Las editoriales españolas tienen una gran apertura de miras; esto significa todas las historias tienen las mismas oportunidades de ser publicadas. Puedes encontrar fantasía, ciencia-ficción, realista… en un mismo estante.
Mi capacidad crítica fue la que preguntó esto. Lo hizo porque la literatura juvenil me ha hecho pasar ratos inolvidables, tanto que uno de mis libros preferidos forma parte del género. ¿Pero cuántas veces he leído que los protagonistas se enamoran en la tercera página, que quieren estar juntos para siempre o el típico triángulo amoroso de chica tímida pero deseada por un chico malo y un chico tierno? Si pregunté en términos generales es porque esa corriente generalista existe y la vemos todos los días en las novedades; claro que existen novelas fuera de los estándares, pero no tienen las mismas posibilidades ni el mismo reconocimiento. “Las editoriales españolas observan el mercado anglosajón y americano y deciden sus próximas publicaciones en base a ellos”, continuó explicando el escritor madrileño. Ése es el primer problema: la falta de diversidad. Me parece una broma de mal gusto que las editoriales grandes tengan miedo de asumir riesgos. La literatura juvenil, junto a la infantil, debería ser prioridad máxima porque su público objetivo está en una etapa de desarrollo físico y espiritual. Así que las editoriales deberían apostar por la diversidad, por la verdadera apertura de miras, esa que te muestra también historias de Latinoamérica, Oriente Medio, China…; que sea, en definitiva, una ventana al mundo que nos rodea y que es tan vasto que nunca llegaremos a conocerlo entero. Y si yo como adolescente casi todo lo que recibo son historias eurocentristas o americanas, perspectivas que ya de por sí me son familiares debido a la globalización (fenómeno en el que una cultura dominante absorbe a una minoritaria), mis ideas y mis opiniones se formarán en base a ellas.

En este punto de la conferencia, Cotrina y Campbell señalaron que en “El fin de los sueños” tiene un personaje homosexual, si no me equivoco, y son optimistas en cuanto a la aceptación del colectivo; además, Lozano subrayó que tristemente las editoriales contemplan con “mayor cautela” los libros que se salen de lo establecido, y que Ruescas había descrito un camino maravilloso que no existía.

Estoy de acuerdo con Ruescas en que la literatura juvenil aún se está construyendo y su situación ha mejorado exponencialmente con respecto a la última década, pero no es solo eso ni así de fácil. La representación de personas no blancas y heterosexuales es escasa. Libros con personajes homosexuales, sí. ¿Cuántas historias de amor? ¿O cuánta literatura juvenil africana hemos leído?  No os lo voy a negar: me sentí un poco estafada e impotente cuando escuché la respuesta. Ahora que ha pasado un mes pienso en ello como una simple anécdota que muestra las carencias del sistema editorial, sistema que me encantaría cambiar desde dentro. Apostar por la diversidad es apostar por un mundo más grande.  Abro la veda al debate. Me dejo muchas opiniones en el tintero, pero creo que ya hay suficientes ideas en el post. Tengo muchísimas ganas de saber vuestras opiniones.

martes, 12 de agosto de 2014

Patrick Rothfuss: "A nadie le preocupa el realismo tanto como a los escritores de fantasía"


Dice Rothfuss que la tradición canónica de la fantasía parece exigir peleas, espadachines, dragones, huérfanos… y cualquier elemento fuera de los habituales puede sacar al lector del libro. Quizá el éxito de Crónica del Asesino de Reyes sea que ésta se enraíza en ideas más cercanas a la realidad en que vivimos que a los mundos clásicos de fantasía. En cualquier caso, las ventas hablan por sí mismas: El Nombre del Viento ha sido editado 12 veces en los 6 primeros meses desde su publicación, lo que se traduce en más de 90.000 ejemplares vendidos solo en España. Pero aún hay más: la primera semana de El Temor de un Hombre Sabio se saldó con 2,5 millones de copias en Estados Unidos y 800.000 ejemplares en castellano desde su traducción en 2011. Lo tuvimos con nosotros en el encuentro literario que llevaba su mismo nombre, organizado por el Celsius232. Parecía cansado pero feliz, porque, dijo, en ningún otro lado le han recibido tan calurosamente como en España.

Tardamos poco en entrar en materia. El autor de Wisconsin nos contó que el mayor enemigo que hay en sus libros es el sistema bancario. El dinero es una parte fundamental en el desarrollo de Kvothe, y la pobreza, una forma de vivir que condiciona para siempre su punto de vista.
En El Señor de los Anillos nadie compra nada. El mercantilismo que rige nuestras vidas en términos de hacer la compra o pagar impuestos no existe en la Tierra Media. Se aleja completamente de nuestra realidad. No es malo. Como escritor, Tolkien tomó sus decisiones, y yo las mías: decidí decantarme por un mundo cercano con amenazas realistas (como la pobreza) y no con tantas explosiones, peleas o dragones, por ejemplo. La realidad es que un dragón puede joderte tanto como un idiota.
A estas alturas todos sabemos que escribir no es una ciencia, “sino que se parece más a la alquimia”, pero los fans no perdieron la oportunidad de preguntarle cuál es su secreto a la hora de crear personajes. Rothfuss contestó que no es tan fácil como seleccionar ciertas piezas y montarlas. “Compartimos la misma existencia pero en otro plano. Es una relación bidireccional, donde yo aprendo de él y él aprende de mí”.


Sobre Kvothe y el estrés postraumático que lo azuza cuando pierde su laúd, varias personas en diferentes momentos preguntaron por si había recibido clases de música o tocaba algún instrumento, ya que las sensaciones que comparte un músico con su instrumento son, si no iguales, muy parecidas.
Como escritor, considero que tengo dos habilidades: la empatía y la extrapolación. La primera me ayuda a desarrollar personajes coherentemente. La segunda… bueno, veréis: si me he cortado con un folio, puedo imaginarme cómo sería ser cortado por una espada. No necesito que me pase para describirlo con bastante acierto.
De aquí deducimos (y se mencionó en la conferencia del sábado) que los escritores no deben escribir solo sobre lo que conocen, porque entonces “escribirían acerca de escritores que escriben sobre escribir”.

Patrick Rothfuss también habló sobre por qué su sistema de magia estaba basado en las leyes de la termodinámica. Llegados a este punto me parece importante añadir que tanto él, como Abercrombie y como Sanderson son siempre entrevistados por su originalidad, lo cual me lleva a reflexionar sobre el futuro de la literatura fantástica. ¿Caerán los estereotipos tradicionales y serán sustituidos por unos nuevos? ¿Buscaremos novelas originales por la trama o por los personajes? En cualquier caso, la respuesta de Rothfuss da lugar al titular de este post:
A nadie le preocupa el realismo tanto como a los escritores de fantasía. ¿Por qué? Porque os pedimos que creáis en cosas maravillosas, en mundos que no existen. Por eso nuestra obligación es construir algo creíble, y por eso nos preocupamos tanto por que lo que escribamos parezca real. De la misma manera, cada uno puede elegir cuánto profundizar en la lectura. Igual yo me conformo con saber que la magia existe y otros buscan saber su funcionamiento.

Y llegamos al plato fuerte: el mito del autor. Rothfuss habló de ello en la conferencia de “tres acercamientos diferentes a la literatura fantástica”, pero os lo traigo en esta entrada porque es una explicación extendida sobre los personajes que se hacen dueños de las escenas. Si las palabras de Sanderson os dejaron con ganas de más, he aquí Rothfuss con dos ejemplos bajo el brazo:
Los autores se creen gente extraordinaria. Creen que las historias llegan a ellos. Creen en cosas que no existen, como el Síndrome de la Página en Blanco. Siendo así, es normal que los personajes se hagan con las escenas. A ver, ¿quién no ha entrado alguna vez a un restaurante y ha tenido al lado a dos o tres niños gritones, molestando a los demás comensales, y los padres resignados y con los brazos en jarra como diciendo “ay, no podemos controlarlos”? Bien. Antes de ser padre, pensaba: ¡haz tu trabajo! (do your job!). Y ahora que soy padre… pienso exactamente igual. Endereza a tus hijos. Endereza a tus personajes. No, en serio. Insisto: imaginad una discusión entre dos personajes. No hay nada que se puedan decir para arreglar las cosas. Su amistad está perdida, pero el escritor los necesita juntos y en buena onda para su historia. ¿Qué puede hacer? ¿Seguir adelante? Porque el problema no está en el momento de la discusión, sino en el rumbo que tomó la historia páginas atrás. Ahora tiene que corregir esa variación. El autor no puede evadir responsabilidades.
El encuentro terminó con muchas preguntas sin responder, casi todas sobre su personaje preferido o cuál era su opinión acerca de Denna. Así como en otras charlas las preguntas fueron de carácter extraliterario, la de Rothfuss tuvo como protagonista indiscutible a Kvothe, sus decisiones, su laúd, sus sentimientos… Personalmente eché en falta alguna pregunta que no girara en torno a Kvothe, y además muchos conocéis mi opinión sobre su saga. Renovadora y a tener en cuenta, pero parad de contar. Aun así, es innegable que se ha convertido en una de las voces críticas de la literatura fantástica actual.

martes, 5 de agosto de 2014

Brandon Sanderson: "Los escritores de fantasía deben dar un paso atrás y situarse justo donde empezó Tolkien"

Hago un parón en mis vacaciones para traeros varias entradas sobre el Celsius 232, festival que se celebró los días 30, 31, 1 y 2 de agosto en Avilés. Primero que todo, así, de golpe, gracias a la organización y también gracias al traductor tan bueno que nos acompañó en cada charla. Y hoy, como ya suponéis...

Flickr © John Scalzi
Legión, Los Nacidos de la Bruma, Elantris, El alma del Emperador y así hasta veintidós títulos son el número de novelas que ha escrito Brandon Sanderson en nueve años. Para los asiduos aquí sabéis que es mi escritor favorito, así que por mi parte no necesita presentación (y si la hubiera, qué mejor que una de sus novelas). Lo primero que le vino a la cabeza a la entrevistadora fue preguntar cómo es capaz de lograr algo así. Sanderson contestó, sonriendo, que cuando le hacían esta clase de preguntas se sentía como si en realidad le dijeran: “¡Brandon, para de trabajar!”. Esta gran variedad de historias forma parte de su hábito para fortalecer los músculos de escritor, cada una con un proceso creativo diferente.
Algunas comienzan con una escena; otras, con un título o una idea, pero no suelo sentarme a escribir directamente. Normalmente no empiezo a escribir hasta que no tengo una buena idea. Creo que uno de los fallos de los escritores que empiezan es que no meten suficientes buenas ideas a sus historias; piensan que una sola idea puede sostener la novela entera.
La riqueza se halla en una multitud de ideas que se integran en la principal, pero actúan como una sola.

En el minuto doce del encuentro Sanderson confesó que escribiría una segunda parte de Elantris una vez tuviera encaminadas las sagas abiertas. Y otro dato más: ya ha vendido los derechos de publicación de Legión II a Estados Unidos y Reino Unido, y supone que los de España están al caer. La charla duró hora y cuarto, así que echad cuentas y adivinad cuántas sorpresas más os depara este post.

martes, 29 de julio de 2014

¡Vacaciones!

Mille1627 © WeHeartIt
¡Hola! Como quien no quiere la cosa, ya estamos a finales de julio y se ha ido medio verano. Al menos, medio verano universitario. Agosto es un buen momento para desconectar de internet y de cualquier cacharrito en general. Incluida la consola. Ahora toca viajar y disfrutar, por lo que el blog permanecerá inactivo prácticamente todo agosto. Tengo un par de entradas preparadas: un microrrelato y un post nada sesudo para esta época del año, pero lo gordo viene en otoño. Aun así, he cogido como costumbre hacer una lista con los posts más leídos de este año lectivo.

- 5+1 claves antes de enviar tu manuscrito a un corrector
- 10 elementos imprescindibles para contar historias 
Cómo empezar una novela (1 de 3). Segunda y tercera parte.
- Cuando los escritores se pierden
- El lector implícito
- Reto: ¡Yo escribo! (abierto)
- 10 cosas que un 'lectoamigo' no debe hacer
- Sobre los cuentos de hadas
- El rechazo de los triángulos amorosos
- Por si te has quedado sin inspiración...
- Diferencias entre villano y antagonista
- Música para escribir ciencia-ficción
- La paradoja o por qué poner punto final es importante
- ¡Quiero una corrección!

El balance de esta temporada ha sido muy positivo. Gracias a las estadísticas de Google he descubierto que casi todos mis lectores son latinoamericanos (¡gracias!) y que las palabras más usadas para encontrarlo son "mary sue", "cómo sé si soy escritor" y "consejos para escritores". Me hace ilusión precisamente porque para esto creé el blog: para animaros a escribir con cada entrada. También han subido las visitas, ¡incluso en los micorrelatos!, así que por mi parte solo puedo prometer que en septiembre volveré por lo menos con las mismas ganas. Pero como sin vosotros no soy nada, me encantaría saber vuestra opinión: posts que echéis en falta, temas nuevos... cualquier mejora que pueda aplicar de cara a que estemos más cómodos. Podéis hacerlo por aquí, por email, por twitter...

Ahora solo me queda desearos un buen verano, pero no un verano de siempre, sino el mejor. ¡Hasta la vuelta!

martes, 8 de julio de 2014

Lo que leeré en verano

Anna Grimal © ilustración
¡Hola! No es la dinámica habitual, pero ya que algunas me lo habéis pedido y soy muy fácil de influenciar (porque eso significa que leéis el blog) os traigo los libros que quiero leer este verano. No tienen temática veraniega, o sea que no van sobre un grupo de amigas que se van de vacaciones y ¡uah! el mejor verano de sus vidas antes de separarse. O de casadas. O de machotes. Pero tienen algo en común con esos libros, y es que se pueden leer en cualquier parte.

Suelo improvisar a la hora de escoger mi próxima lectura, así que he decidido hablaros de las lecturas inmediatas (ésas que leeré sí o sí) y las posibles (un espectro no muy amplio y cercano a las inmediatas) y por qué. Con todo, he hecho una lista más bien corta porque me estoy dedicando más a los videojuegos que a los libros; tampoco soy de leer seis o siete libros al mes, pero aunque pudiera, este verano me gustaría hacer varias excursiones. ¡Qué complicado es tener muchos frentes abiertos! ¡Vamos allá!