miércoles, 26 de marzo de 2014

El verdadero héroe

De la adaptación de Ghibli, 'Cuentos de Terramar'
Porque había esperado, había esperado desde el primer día, que si el Archimago lo había elegido a él, y solo a él para este viaje, era porque él tenía algún poder innato, heredado de su antepasado Morred, un poder que le sería revelado a la hora más aciaga y en la más extrema necesidad, y así se salvaría él, y salvaría a su señor, y al mundo entero del enemigo.
¿Os suena? Si leéis muchísima fantasía, seguramente este esquema lo tengáis más leído que la etiqueta del champú. El héroe, justo antes de caer en las garras de la oscuridad y abandonado a la desesperanza, obtiene su poder último y logra restablecer la paz en el universo. Como no estoy segura de si mis palabras destilan mucha ironía, mejor dejar que Campbell haga su magia. La cita que inicia esta entrada proviene de La costa más lejana, volumen III de Historias de Terramar, escrito por Ursula Le Guin. Es curioso cómo ella consigue dar otra vuelta de tuerca al héroe tolkiniano, pero lo mejor es la naturalidad con la que el protagonista expone esta revelación. Un solo pensamiento: "no soy especial. No fui elegido por ningún dios. Este es mi presente". El verdadero héroe desconoce su heroicidad.

Me sorprende que se hable Le Guin como la "sucesora de Tolkien". Quizá sea porque ella sembró también los vientos de Tolkien, pero consiguió una tormenta única e irremplazable, una tormenta que se separó drásticamente de las pautas del denominado maestro. Ambos crearon mundos regidos por normas coherentes, pero nada más tienen en común. Para mí sigue siendo un misterio que el trazo de Le Guin esté tan inexplorado, con el contrapunto que supone a la fantasía actual que tanto bebe de la tradicional.

jueves, 20 de marzo de 2014

Mariano Villareal: "La buena ciencia-ficción no necesita efectos especiales"

El pasado martes 18 de marzo tuvo lugar la conferencia "200 años de ciencia-ficción: de Frankenstein a Terra Nova" en Vitoria-Gasteiz. Me presenté en la biblioteca del centro cívico Ibaiondo con ganas de escuchar en persona a Mariano Villareal, editor de las antologías Terra Nova, publicadas por Sportula y Fantascy respectivamente, y ver el background que rodea ambos recopilatorios. Encontré un evento pequeño, acogedor, que sirvió de itinerario por las obras más destacadas del género, que abarca desde Mary Shelley hasta autores contemporáneos extranjeros y españoles. Mariano Villareal reivindicó la ciencia-ficción como literatura de primera clase, y no subliteratura puramente escapista. Como complemento, la red de bibliotecas de Vitoria colocó en un stand una selección de novelas que tiene en su haber, como Crónicas Marcianas, Dune o la Enciclopedia Ilustrada de Ciencia-ficción. También acudió José Antonio Cotrina, el autor de La cosecha de Samhein. ¡Menuda sorpresa!

Una pequeña muestra del archivo de la biblioteca
La presentación del segundo volumen de Terra Nova fue solo un pretexto para desarmar las ideas preconcebidas sobre ciencia-ficción. Las naves espaciales, los aliens y la tecnología son continentes de historias que reflejan los problemas del nuestro presente. "La buena ciencia-ficción no necesita efectos especiales" afirmó Villareal. El futuro, diste o no de la realidad que vivimos, es el escenario perfecto para la denuncia social, política y cultural. "La fantasía narra lo que no puede suceder", subrayó, "y la ciencia-ficción se encarga de contar sucesos posibles". Es, por tanto, especulativa, puesto que desarrolla diferentes problemas en diferentes espacios.
Las tres cuartas partes de la charla se dedicaron al recorrido por épocas de las obras más emblemáticas de ciencia ficción, divididas además por categorías:
- Clásicos: 1984, Un mundo feliz, La guerra de los mundos, Fahrenheit 451, Dune, La mano izquierda de la oscuridad, Solaris, Hyperion, Flores para Algernon y Lejana tierra.
- Slipstream, es decir, autores que normalmente no escriben ciencia-ficción: La carretera, La conjura contra América, El cuento de la criada, Nunca me abandones, La mujer del viajero del tiempo y El atlas de las nubes.
- Novelas españolas: El mapa del tiempo, El refugio, La trilogía de las tierras, La guerra de dos mundos -una recopilación de artículos sobre ciencia- y un recopilatorio de los relatos ganadores del Certamen Alberto Magno.
- Para iniciarse en el género: Yo, robot, Fundación, La amenaza de Andrómeda, Parque Jurásico, Enciclopedia Ilustrada de Ciencia-ficción, La chica mecánica y Marciano, vete a casa.
- Recomendaciones para los más jóvenes: El juego de Ender, Los Juegos del Hambre, La Torre y la isla, El mundo perdido, Traición y Semillas Amargas.
Ángel Benito Gastañaga, el ilustrador de Terra Nova, con su premio Ignotus 2013
Los últimos minutos de la presentación fueron para Terra Nova. La antología nació como respuesta al boom de autores noveles que traían un viento fresco y joven alejado de la cultura anglosajona, "un espacio donde publicar ciencia-ficción crítica y comprometida para captar el interés del ciudadano medio y no solo de los aficionados", afirmó el editor. Asimismo quiso destacar que los relatos habían sido seleccionados por sus aspectos humanos y no tecnológicos, es decir, un espejo donde mirar lo que sucede a nuestro alrededor. Además, la recopilación contiene autores contemporáneos para romper con la idea de que la buena ciencia-ficción solo está en los clásicos; y autores españoles e iberoamericanos.

El tercer volumen de Terra Nova está previsto para noviembre y actualmente está abierta la convocatoria para participar en esta tercera edición. Tras la charla pude cruzar unas palabras con Mariano Villareal, que fue muy cercano, y estuvimos hablando sobre los prejuicios que tienen los lectores ajenos a la ciencia-ficción. Por ejemplo, en el máster tuvimos que leer Fahrenheit 451 para narrativa, y algunos de mis compañeros temían aburrirse por la jerga técnica propia de la ciencia-ficción dura, pero sus opiniones fueron positivas precisamente por la ausencia de estos estereotipos. No les digas que es ciencia-ficción, me aconsejó Mariano -si se me permite la cercanía-, y qué gran verdad.

martes, 11 de marzo de 2014

El rechazo de los triángulos amorosos

Yo, a veces, leyendo
Existe una norma no escrita en la literatura: el lector deposita su confianza en el autor a cambio de que el autor le cuente una historia verosímil. Verosímil, que no veraz. Los dragones no existen, pero una buena narración les otorga una consistencia real. También es ilusoria, puesto que al cerrar el libro lo leído se desvanece.

Nuestra cultura audiovisual ha devaluado las palabras y éstas difícilmente están a la altura en la recreación de espacios coherentes. Una imagen lo hace en apenas unos segundos, y es lógico, puesto que el cerebro no tiene que trabajar, mientras que leyendo debe tirar de su propio archivo. Imaginar es codificar y descodificar conceptos, y ello requiere un esfuerzo. Pero precisamente por esta cultura es más necesario que nunca cumplir con lo que yo llamo el Pacto de credibilidad, esto es: ofrecer descripciones, hechos y personas con la misma solidez que una imagen, y no con las palabras adecuadas, sino con las exactas.

Y es a las puertas de este pacto donde se sitúa la novela juvenil, y dentro del subgénero, los triángulos amorosos. Los catálogos actuales están repletos de novelas que cumplen con los tópicos adolescentes: fugacidad, coraje, dudas, experiencias nuevas... Siempre dentro de un marco generalista, claro, pero al que no hay que restar importancia. Decía que todos hemos vivido la adolescencia, unos con mayor gracia que otros, y por eso podemos sentirnos identificados. Sin embargo, y siento mucho llegar con tantos rodeos al quid de la cuestión, raro es el libro juvenil que cumpla con el Pacto de credibilidad. Muchos autores traicionan la confianza depositada a ciegas, bien por desconocimiento -a veces parece que los adultos nunca han sido jóvenes- o por falta de práctica -las ideas cambian al desarrollarse en papel-. Raro es que ofrezcan un triángulo amoroso no sujeto al "aquí te pillo, aquí te mato" ni a los tópicos de chico bueno + chica inocente + chico malo. ¿Y en qué ha derivado todo esto?
Los lectores no los pueden ni ver. De hecho, me incluyo entre las que descartamos un libro si en la sinopsis hay una ligera mención al tema. Quizás porque me gusta descubrir si en la novela hay amor, o qué clase de amor, y sobre todo si hay problemas, ver cuáles son y cómo se desenvuelven los personajes. No que me digan que un sexy y misterioso joven aparece como tercero en discordia para sembrar el caos entre nuestra inocente Mary Sue y el chico bueno de turno. Porque otra cosa que enseguida podemos dilucidar es su final. La elección de la pareja final es un mero trámite.
Cuando pregunté si alguien podía darme un ejemplo de triángulo amoroso bueno, me encontré con muchos lectores titubeantes. Otros no pudieron darme respuesta, y los que lo hicieron, fueron bastante francos.
Si bien en la novela adulta sí obtuve varias respuestas, la mala calidad triángulos amorosos en lo juvenil me lleva a pensar en las carencias tanto por parte de las editoriales como de los autores. Las editoriales por abandonarse a la moda sin pensar en que ese boom podría volverse contra ellos, y los autores por utilizarlo como eje central en historias en las que podría ser circunstancial. O por hacerlo precipitadamente, o por no saber llevar el amor acorde a la evolución de los personajes, o... Las razones son infinitas, pero todas desembocan en lo mismo: el pacto de credibilidad no se cumple. Ni se cumplirá hasta que estos triángulos se dejen de ver como técnicas ejemplares.

No creo que haga falta dar consejos. Tampoco soy quien para darlos. A modo de cierre, me gustaría añadir que saber leer es fundamental. Qué obviedad, ¿no? Pero si leemos novelas de mierda, escribiremos novelas de mierda. Hay que dejarse influenciar por libros buenos. ¿Y cuáles son? Esa es otra historia, y será contada en otra ocasión.