viernes, 26 de septiembre de 2014

I Certamen de relatos e ilustración "Espada y brujería"




















¡Hola! Desde Ánima Barda estamos elaborando un concurso para escritores e ilustradores sobre Espada y brujería, una temática super pulpera. Podéis leerlas directamente en la web. Además, en las semanas siguientes también abriremos un concurso nuevo (yay, es una de las sorpresas preparadas desde hace mucho) en la que una servidora se pone las pilas como coordinadora. Pronto, más detalles. Por el momento ya hemos recibido los primeros relatos para el de Espada y Brujería, ¡pero aún no tenemos los vuestros!

Por hacer una pequeña aproximación al género de cara a daros ideas (o a despejar dudas que puedan surgir de cara a la escritura o al dibujo), las aventuras de Espada y Brujería se amparan generalmente en el marco de la fantasía épica, con tintes medievales, amazónicos, mitológicos o de cualquier índole bélica. El mejor ejemplo que me viene a la cabeza es Conan el Bárbaro, de Robert E. Howard o las antologías de Flashing Swords de Lin Carter. El término Espada y Brujería (Sword & Sorcery) fue acuñado en los años 60 por Michael Moorcock, señor que parece estar en todas partes como precursor de asuntos geniales, aunque se dice que el concepto fue diseñado por Fritz Leiber. La labor de Moorcock para con la literatura fantástica fue romper con el clásico enfrentamiento binario del Bien contra el Mal e introducir un abanico de grises donde la moral no está perfectamente definida. Esto es lo que The Encyclopedia of Sciencia Fiction (SFE) dice sobre el señor Moorcock y su contribución al género:
Michael Moorcock is one of the relatively few UK writers to work in the genre, and though his sword and sorcery (which he began publishing around 1963) has been dismissed, not least by himself, as hackwork, and while he certainly wrote too much too fast, his fantasy generally and his Elric books in particular imported a welcome breadth to the genre: Good and Evil in Moorcock's books are never easy to define; the forces of Chaos and the forces of Law are alike unsentimental, self-seeking and untroubled by human anguish. Moorcock put paid to the idea of the hero in control of his own destiny; in his books an indifferent universe cares nothing for heroism, but Moorcock does, and the courage shown by his heroes is the more touching for being (usually) doomed. His sword-and-sorcery work is as much a critique of the genre as it is a continuation of its traditions. 
Como no estoy segura de poder traducirlo bien, he decidido dejar el original en inglés. En general, el artículo entero sobre Espada y Brujería en la SFE hace un repaso estupendo sobre el término, con autores y autoras destacados, diferentes corrientes y modificaciones que sufrió el género hasta la actualidad. Y si con esto no os han entrado ganas de escribir, pensad en los pectorales de Conan. O en los de Kaidan Alenko.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Errores comunes (V): optimismo y positivismo

Encontrada en booksownme © tumblr
El ámbito periodístico, las redes sociales y la lengua hablada nos llevan muchas veces a usar como sinónimas dos palabras que no lo son. Es el caso de positivismo y optimismo, y también sus derivadas positiva y optimista. La RAE facilita su distinción con varias acepciones, pero el uso incorrecto está tan extendido que es no es posible erradicarlo de la vida cotidiana:
Positivismo:
1. Tendencia a valorar preferentemente los aspectos materiales de la realidad.
2. Afición excesiva a comodidades y goces materiales.
3. Actitud práctica.
4. Sistema filosófico que admite únicamente el método experimental y rechaza toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto.
Optimismo:
1. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.
2. Doctrina filosófica que atribuye al universo la mayor perfección posible.
Por tanto, una persona positiva es una persona pragmática, y la optimista, alegre. La problemática surge cuando decimos que alguien positivo es el que siempre mira el vaso medio lleno. Quizá sea porque su antónimo, negativo, sirve como cualidad y enseguida tendemos a relacionar conceptos: "¡Sé positiva, el examen te saldrá bien!", "No seas negativa, anda". Por no añadir el famoso "siempre negativo, nunca positivo". También se me ocurre actitud positiva referida a actitud alegre en vez de actitud práctica.

Por si no estáis convencidos, aún hay más: esto es lo que dice la herramienta de sinónimos de Wordreference cuando buscamos ambas palabras:















Sin embargo, el resultado cambia si buscamos sinónimos en inglés, de manera que optimistic admite positive en el sentido del que mira el vaso medio lleno, pero positive no admite optimistic en ninguna de sus tres variables:

















A día de hoy es prácticamente imposible hablar bien. La universalización del lenguaje trae consigo un montón de expresiones "robadas" de otros idiomas, así que es lógico que nuestro cerebro haga sus propias agrupaciones semánticas. ¿Se os ocurren otros casos curiosos?

martes, 16 de septiembre de 2014

Test: ¿Cómo sé si soy escritor?

O escritora, ya sabéis. Para hacer honor a la verdad, esto no es un test, sino un diagrama, pero el resultado es el mismo. Os aseguro que tiene el 100% de fiabilidad. Lo he comprobado yo misma.


Nadie debería caer en discusiones tontas sobre cuándo una empieza a ser escritora y cuándo deja de serlo, o si es un trabajo de verdad, o si hasta que no eres bestseller formas parte de la caspa literaria. Escribir va más allá de todo eso simplemente porque primero es un proceso intrapersonal (yo hablo conmigo misma, me cuento una historia) y después se convierte en interpersonal (cuando dejo que otros me lean). Las variables, como la moda, ejemplares vendidos, que tus amigos o familiares no te tomen en serio..., fastidian, pero no impiden. Lo importante es lo que tienes delante en el momento de sentarte a escribir: tu cuaderno o tu ordenador y tu motivación.

¿Qué os ha salido en el test? (✿◠‿◠)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

5 tipos de personajes increíbles

¡Léeme de una vez, hombre!

Como lectora suelo establecer un ranking de personajes preferidos de cada libro, y estos luego forman parte de un ranking global con todo lo que he leído. El otro día me descubrí pensando que muchos de ellos tienen características comunes. No es como si estuvieran cortados por el mismo patrón, sino que es innegable que ciertas actitudes me cautivan más que otras. Y este es mi top cinco, ordenados de menos a más preferido:

El escritor nos engaña para que pensemos que no tiene defectos. Digamos que puede compaginar sus matrículas de honor con oros en baloncesto y además tiene tiempo para ir hacer actividades de voluntariado. Para descubrir su talón de Aquiles a veces basta con una frase; otras, su ‘imperfección’ es como un estallido. ¿Quién no ha visto a ese personaje perfecto llorar en soledad?
Seré antigua y rancia como el mueble del salón de mis abuelos, pero me gusta que exista un ‘fuera de serie’, una persona elegida para llevar a cabo una misión, desde escoltar a alguien hasta salvar el mundo. ¿Y cómo puede ser?, os preguntaréis, viendo que es un cliché como una casa. Me gusta porque precisamente tienen que lidiar con ser diferentes. Y porque suelen acabar como leyendas (y sus libros, como clásicos). Aunque también le veo pegas: que le salga todo bien incluso cuando falla o que sea tan responsable que se vuelve aburrido. Me viene a la cabeza Harry Potter.
Creo que el título lo dice todo. Este personaje se mantiene fuera de plano casi todo el tiempo. Sus intervenciones son puntuales y agradables, pero ni por asomo piensas que luego puede ser el que maneje el cotarro. O que su papel sea tan decisivo. O que esté moviendo los hilos desde las sombras. Pero claro: no me creería que un personaje que he visto tres veces de refilón tenga una importancia capital. Quiero que me engañen. Se me ocurren ejemplos, pero nombrarlos sería hacer spoiler...
Mejor no meterse con alguien que salte a la mínima, y menos si va armado con balas o palabras.  Normalmente esta actitud va acompañada de una vida dura o de decisiones difíciles de tomar. Son insensibles de cara a la galería y lo han perdido todo. La capacidad de ver lo que otros no ven (como abandonar a cien personas para salvar millones) suele enfrentarlos contra el resto del elenco, que siempre vota por un término medio. Pero a veces no hay término medio ni segundas oportunidades. Esos nervios de acero para controlar una situación me encantan.
¡Y sí! Es mi preferido. Enseguida lo asocio a un soldado que lucha por su país con una convicción que raya lo absurdo. Suelen tener un fuerte sentido del deber y de la justicia. Lo que me flipa de ellos es cuando ese idealismo choca frontalmente contra la realidad; aquí empiezan los dilemas, las decepciones, la doble moral, esa sensación de estar perdido… Personalmente creo que el idealismo se da en las personas puras, y lo más interesante en ellas es ver cómo y en qué tipo de gente se transforman, y aún así, seguir manteniendo la raíz de esos ideales. Quizás en esa pureza manchada con las putadas de la vida, en mayor o menor medida, nos reflejamos todos.

Estos son los míos. Ahora bien, sé que me dejo muchos: el héroe cansado, el villano sin escrúpulos, el inocente en un ambiente turbulento, el luchador... Supongo que hay muchísimas formas de clasificar a los personajes. Y al final no hay que preocuparse por si es cliché o no. Al menos no los veo a priori como un punto negativo. Con tal de que sea coherente, a mí me vale. ¿Cuál es vuestro top 5 y por qué?

lunes, 1 de septiembre de 2014

Celsius 2014: Mesa redonda de literatura juvenil

Hoy acaba el ciclo no-tan-relámpago-como-cabía-esperar de entradas sobre el Celsius 2014.


La mesa redonda de literatura juvenil tuvo lugar un par de horas antes de la gran conferencia “Tres acercamientos diferentes a la literatura fantástica” que nos había puesto los dientes largos a todos. Pero la que nos ocupa hoy tampoco tuvo desperdicio alguno, pues el elenco de escritores no pudo ser más diverso: Pedro Riera, premio CCCEI de literatura juvenil con “La leyenda del bosque” y conocido más por su experiencia en los Balcanes con “Heridas de guerra” y “Un alto en el campo de los mirlos”; David Lozano, autor zaragozano de la trilogía de fantasía gótica “La puerta oscura” pero aún más famoso por hacer sufrir a sus personajes; Javier Ruescas como moderador en el centro de la mesa; Gabriella Campbell, poetisa (El árbol del dolor), ex editora y coautora de “El fin de los sueños” junto con el último invitado de la mesa, José Antonio Cotrina, el único capaz de competir con David Lozano en la categoría de autores sádicos y despiadados. Ambos autores pusieron la nota de humor en el encuentro, que duró cerca de una hora.

Javier Ruescas planteó la mesa como un recorrido editorial desde la idea hasta la post-publicación desde la perspectiva de estos cuatro autores. Me sorprendió gratamente Pedro Riera, quizás por la templanza con la que hablaba de sus experiencias en Yemen y Birmania, si no recuerdo mal.

David Lozano abrió el debate sobre la concepción de ideas y resumió su experiencia citando a Robert L. Stevenson:
Ciertos lugares hablan con su propia voz. Ciertos jardines sombríos piden a gritos un asesinato; ciertas mansiones ruinosas piden fantasmas; ciertas costas, naufragios. 
Tiene cierto parecido con el chispazo que siente Riera, aunque él espera a madurar la idea antes de sentarse a escribir. El autor reconoce que la naturaleza forma parte de su inspiración: “cuando estoy atascado, solo necesito dar un paseo por el campo para despejarme. La solución viene sola” (¿será por eso por lo que me gusta?). Campbell y Cotrina coincidieron en que el proceso es diferente si son dos o cuatro manos las que escriben. En su caso, añadió Cotrina, lo difícil era quedarse solo con un par de ideas.


Tampoco podíamos quedarnos sin saber si alguno de ellos tenía manías o rituales antes de darle a las teclas. Campbell se sienta a escribir por las mañanas, “siempre con algo caliente para beber”, explicó, “como si así le dijera a la mente que debe ponerse a trabajar o la bebida se quedará fría. La mente se cierra a los sobreestímulos cuando le das una rutina”. Llevar siempre un cuaderno es otra opción, y que yo sepa, lo hacemos muchos, porque la idea puede aparecer en cualquier momento. Lozano utiliza un cuaderno diferente para cada historia, así que echad la cuenta de cuántas tiene por ahora… más los proyectos en la sombra, que seguro que no serán pocos.

Pero no podríamos hablar del proceso editorial sin tocar la documentación. Riera afirmó que “no es necesario documentarse sobre lo que has vivido” en referencia a sus experiencias en Yemen o en la guerra de los Balcanes. “Lo primordial es ser verosímil”, añadió Lozano. “Una manía también muy común es la de visitar los escenarios donde transcurren las historias; es mi caso”. En un momento de la charla nos contó que tuvo la suerte de presenciar la autopsia de un cadáver. No contento con tomar notas desde una esquina, acabó ayudando a los forenses a romper el esternón al muerto.

Antes de darle la palabra al público, Ruescas preguntó qué consejos darían para enfrentarse por primera vez al editor. Riera buscó un agente que hiciera de intermediario, porque “a veces la relación con el editor es difícil y no hay atajos”, pero dejó muy claro que poca gente se gana la vida escribiendo. Es la primera fantasía que debe romper el autor novel. Cotrina habló de constancia, de escribir y leer mucho para mejorar. “Nadie se convierte en escritor en dos meses o un año”, terció Lozano, ya que la ilusión de tener algo publicado puede llevarte al desastre. Insistió en que mucha gente joven quiere publicar cuanto antes, y eso, en el peor de los casos, dañará su imagen de cara al futuro.
Uno cuando escribe tiene que asumir riesgos. Solo te puedes ofrecer al editor cuando estás convencido de tu obra, y probablemente no lo estés nunca al cien por cien. 
Me gustó que Gabriella Campbell rompiera una lanza a favor de los editores. “Los escritores solo piensan en lo que ellos necesitan” y se olvidan de una buena presentación de su manuscrito, de un pequeño dossier o biografía, público objetivo… A veces incluso se olvidan de la educación. En el momento en que el editor acepta publicar una obra, y esto es una opinión personal, ambos están trabajando en equipo; ambos deben adaptarse al otro con el fin de crear un libro cuidado y único. Si el proceso es una transacción pura (véase: el autor firma el contrato y el editor publica el libro, sin más) el resultado es deprimente. Así salen ediciones mal hechas, autores descontentos… Y un aporte más: es más común de lo que parece recibir manuscritos a pelo, sin “buenos días” ni carta de presentación, ¡muchas veces ni habían ojeado el catálogo! Pero no me quiero extender en esto. En cualquier caso, me gustó el contrapunto. Muchos escritores solo saben mirarse el ombligo.


Llegó el turno de preguntas. Con una mesa tan variada no podía irme sin exponer una apreciación muy extendida en círculos de literatura juvenil. Mi pregunta fue: “últimamente leo libros juveniles que parecen cortados por el mismo patrón: personajes planos, romances espontáneos y poco creíbles… y la escasa representación del colectivo homosexual o LGTB. ¿Podría decirse que, estructuralmente, la literatura juvenil se ha estancado? O más bien, ¿las editoriales no arriesgan? He ahí mi pregunta, con palabras más o menos acertadas. Pero era la mejor oportunidad para hacerla. La respuesta vino dada, primero, por Ruescas, y cito textualmente:
Creo que estás muy confundida. ¿Podrías poner algún ejemplo? Aun así, la literatura juvenil no tiene fronteras, y generalizar es ridículo a estas alturas. Además cada lector debe tener suficiente capacidad crítica para determinar si un libro es malo o no. Las editoriales españolas tienen una gran apertura de miras; esto significa todas las historias tienen las mismas oportunidades de ser publicadas. Puedes encontrar fantasía, ciencia-ficción, realista… en un mismo estante.
Mi capacidad crítica fue la que preguntó esto. Lo hizo porque la literatura juvenil me ha hecho pasar ratos inolvidables, tanto que uno de mis libros preferidos forma parte del género. ¿Pero cuántas veces he leído que los protagonistas se enamoran en la tercera página, que quieren estar juntos para siempre o el típico triángulo amoroso de chica tímida pero deseada por un chico malo y un chico tierno? Si pregunté en términos generales es porque esa corriente generalista existe y la vemos todos los días en las novedades; claro que existen novelas fuera de los estándares, pero no tienen las mismas posibilidades ni el mismo reconocimiento. “Las editoriales españolas observan el mercado anglosajón y americano y deciden sus próximas publicaciones en base a ellos”, continuó explicando el escritor madrileño. Ése es el primer problema: la falta de diversidad. Me parece una broma de mal gusto que las editoriales grandes tengan miedo de asumir riesgos. La literatura juvenil, junto a la infantil, debería ser prioridad máxima porque su público objetivo está en una etapa de desarrollo físico y espiritual. Así que las editoriales deberían apostar por la diversidad, por la verdadera apertura de miras, esa que te muestra también historias de Latinoamérica, Oriente Medio, China…; que sea, en definitiva, una ventana al mundo que nos rodea y que es tan vasto que nunca llegaremos a conocerlo entero. Y si yo como adolescente casi todo lo que recibo son historias eurocentristas o americanas, perspectivas que ya de por sí me son familiares debido a la globalización (fenómeno en el que una cultura dominante absorbe a una minoritaria), mis ideas y mis opiniones se formarán en base a ellas.

En este punto de la conferencia, Cotrina y Campbell señalaron que en “El fin de los sueños” tiene un personaje homosexual, si no me equivoco, y son optimistas en cuanto a la aceptación del colectivo; además, Lozano subrayó que tristemente las editoriales contemplan con “mayor cautela” los libros que se salen de lo establecido, y que Ruescas había descrito un camino maravilloso que no existía.

Estoy de acuerdo con Ruescas en que la literatura juvenil aún se está construyendo y su situación ha mejorado exponencialmente con respecto a la última década, pero no es solo eso ni así de fácil. La representación de personas no blancas y heterosexuales es escasa. Libros con personajes homosexuales, sí. ¿Cuántas historias de amor? ¿O cuánta literatura juvenil africana hemos leído?  No os lo voy a negar: me sentí un poco estafada e impotente cuando escuché la respuesta. Ahora que ha pasado un mes pienso en ello como una simple anécdota que muestra las carencias del sistema editorial, sistema que me encantaría cambiar desde dentro. Apostar por la diversidad es apostar por un mundo más grande.  Abro la veda al debate. Me dejo muchas opiniones en el tintero, pero creo que ya hay suficientes ideas en el post. Tengo muchísimas ganas de saber vuestras opiniones.