lunes, 1 de septiembre de 2014

Celsius 2014: Mesa redonda de literatura juvenil

Hoy acaba el ciclo no-tan-relámpago-como-cabía-esperar de entradas sobre el Celsius 2014.


La mesa redonda de literatura juvenil tuvo lugar un par de horas antes de la gran conferencia “Tres acercamientos diferentes a la literatura fantástica” que nos había puesto los dientes largos a todos. Pero la que nos ocupa hoy tampoco tuvo desperdicio alguno, pues el elenco de escritores no pudo ser más diverso: Pedro Riera, premio CCCEI de literatura juvenil con “La leyenda del bosque” y conocido más por su experiencia en los Balcanes con “Heridas de guerra” y “Un alto en el campo de los mirlos”; David Lozano, autor zaragozano de la trilogía de fantasía gótica “La puerta oscura” pero aún más famoso por hacer sufrir a sus personajes; Javier Ruescas como moderador en el centro de la mesa; Gabriella Campbell, poetisa (El árbol del dolor), ex editora y coautora de “El fin de los sueños” junto con el último invitado de la mesa, José Antonio Cotrina, el único capaz de competir con David Lozano en la categoría de autores sádicos y despiadados. Ambos autores pusieron la nota de humor en el encuentro, que duró cerca de una hora.

Javier Ruescas planteó la mesa como un recorrido editorial desde la idea hasta la post-publicación desde la perspectiva de estos cuatro autores. Me sorprendió gratamente Pedro Riera, quizás por la templanza con la que hablaba de sus experiencias en Yemen y Birmania, si no recuerdo mal.

David Lozano abrió el debate sobre la concepción de ideas y resumió su experiencia citando a Robert L. Stevenson:
Ciertos lugares hablan con su propia voz. Ciertos jardines sombríos piden a gritos un asesinato; ciertas mansiones ruinosas piden fantasmas; ciertas costas, naufragios. 
Tiene cierto parecido con el chispazo que siente Riera, aunque él espera a madurar la idea antes de sentarse a escribir. El autor reconoce que la naturaleza forma parte de su inspiración: “cuando estoy atascado, solo necesito dar un paseo por el campo para despejarme. La solución viene sola” (¿será por eso por lo que me gusta?). Campbell y Cotrina coincidieron en que el proceso es diferente si son dos o cuatro manos las que escriben. En su caso, añadió Cotrina, lo difícil era quedarse solo con un par de ideas.


Tampoco podíamos quedarnos sin saber si alguno de ellos tenía manías o rituales antes de darle a las teclas. Campbell se sienta a escribir por las mañanas, “siempre con algo caliente para beber”, explicó, “como si así le dijera a la mente que debe ponerse a trabajar o la bebida se quedará fría. La mente se cierra a los sobreestímulos cuando le das una rutina”. Llevar siempre un cuaderno es otra opción, y que yo sepa, lo hacemos muchos, porque la idea puede aparecer en cualquier momento. Lozano utiliza un cuaderno diferente para cada historia, así que echad la cuenta de cuántas tiene por ahora… más los proyectos en la sombra, que seguro que no serán pocos.

Pero no podríamos hablar del proceso editorial sin tocar la documentación. Riera afirmó que “no es necesario documentarse sobre lo que has vivido” en referencia a sus experiencias en Yemen o en la guerra de los Balcanes. “Lo primordial es ser verosímil”, añadió Lozano. “Una manía también muy común es la de visitar los escenarios donde transcurren las historias; es mi caso”. En un momento de la charla nos contó que tuvo la suerte de presenciar la autopsia de un cadáver. No contento con tomar notas desde una esquina, acabó ayudando a los forenses a romper el esternón al muerto.

Antes de darle la palabra al público, Ruescas preguntó qué consejos darían para enfrentarse por primera vez al editor. Riera buscó un agente que hiciera de intermediario, porque “a veces la relación con el editor es difícil y no hay atajos”, pero dejó muy claro que poca gente se gana la vida escribiendo. Es la primera fantasía que debe romper el autor novel. Cotrina habló de constancia, de escribir y leer mucho para mejorar. “Nadie se convierte en escritor en dos meses o un año”, terció Lozano, ya que la ilusión de tener algo publicado puede llevarte al desastre. Insistió en que mucha gente joven quiere publicar cuanto antes, y eso, en el peor de los casos, dañará su imagen de cara al futuro.
Uno cuando escribe tiene que asumir riesgos. Solo te puedes ofrecer al editor cuando estás convencido de tu obra, y probablemente no lo estés nunca al cien por cien. 
Me gustó que Gabriella Campbell rompiera una lanza a favor de los editores. “Los escritores solo piensan en lo que ellos necesitan” y se olvidan de una buena presentación de su manuscrito, de un pequeño dossier o biografía, público objetivo… A veces incluso se olvidan de la educación. En el momento en que el editor acepta publicar una obra, y esto es una opinión personal, ambos están trabajando en equipo; ambos deben adaptarse al otro con el fin de crear un libro cuidado y único. Si el proceso es una transacción pura (véase: el autor firma el contrato y el editor publica el libro, sin más) el resultado es deprimente. Así salen ediciones mal hechas, autores descontentos… Y un aporte más: es más común de lo que parece recibir manuscritos a pelo, sin “buenos días” ni carta de presentación, ¡muchas veces ni habían ojeado el catálogo! Pero no me quiero extender en esto. En cualquier caso, me gustó el contrapunto. Muchos escritores solo saben mirarse el ombligo.


Llegó el turno de preguntas. Con una mesa tan variada no podía irme sin exponer una apreciación muy extendida en círculos de literatura juvenil. Mi pregunta fue: “últimamente leo libros juveniles que parecen cortados por el mismo patrón: personajes planos, romances espontáneos y poco creíbles… y la escasa representación del colectivo homosexual o LGTB. ¿Podría decirse que, estructuralmente, la literatura juvenil se ha estancado? O más bien, ¿las editoriales no arriesgan? He ahí mi pregunta, con palabras más o menos acertadas. Pero era la mejor oportunidad para hacerla. La respuesta vino dada, primero, por Ruescas, y cito textualmente:
Creo que estás muy confundida. ¿Podrías poner algún ejemplo? Aun así, la literatura juvenil no tiene fronteras, y generalizar es ridículo a estas alturas. Además cada lector debe tener suficiente capacidad crítica para determinar si un libro es malo o no. Las editoriales españolas tienen una gran apertura de miras; esto significa todas las historias tienen las mismas oportunidades de ser publicadas. Puedes encontrar fantasía, ciencia-ficción, realista… en un mismo estante.
Mi capacidad crítica fue la que preguntó esto. Lo hizo porque la literatura juvenil me ha hecho pasar ratos inolvidables, tanto que uno de mis libros preferidos forma parte del género. ¿Pero cuántas veces he leído que los protagonistas se enamoran en la tercera página, que quieren estar juntos para siempre o el típico triángulo amoroso de chica tímida pero deseada por un chico malo y un chico tierno? Si pregunté en términos generales es porque esa corriente generalista existe y la vemos todos los días en las novedades; claro que existen novelas fuera de los estándares, pero no tienen las mismas posibilidades ni el mismo reconocimiento. “Las editoriales españolas observan el mercado anglosajón y americano y deciden sus próximas publicaciones en base a ellos”, continuó explicando el escritor madrileño. Ése es el primer problema: la falta de diversidad. Me parece una broma de mal gusto que las editoriales grandes tengan miedo de asumir riesgos. La literatura juvenil, junto a la infantil, debería ser prioridad máxima porque su público objetivo está en una etapa de desarrollo físico y espiritual. Así que las editoriales deberían apostar por la diversidad, por la verdadera apertura de miras, esa que te muestra también historias de Latinoamérica, Oriente Medio, China…; que sea, en definitiva, una ventana al mundo que nos rodea y que es tan vasto que nunca llegaremos a conocerlo entero. Y si yo como adolescente casi todo lo que recibo son historias eurocentristas o americanas, perspectivas que ya de por sí me son familiares debido a la globalización (fenómeno en el que una cultura dominante absorbe a una minoritaria), mis ideas y mis opiniones se formarán en base a ellas.

En este punto de la conferencia, Cotrina y Campbell señalaron que en “El fin de los sueños” tiene un personaje homosexual, si no me equivoco, y son optimistas en cuanto a la aceptación del colectivo; además, Lozano subrayó que tristemente las editoriales contemplan con “mayor cautela” los libros que se salen de lo establecido, y que Ruescas había descrito un camino maravilloso que no existía.

Estoy de acuerdo con Ruescas en que la literatura juvenil aún se está construyendo y su situación ha mejorado exponencialmente con respecto a la última década, pero no es solo eso ni así de fácil. La representación de personas no blancas y heterosexuales es escasa. Libros con personajes homosexuales, sí. ¿Cuántas historias de amor? ¿O cuánta literatura juvenil africana hemos leído?  No os lo voy a negar: me sentí un poco estafada e impotente cuando escuché la respuesta. Ahora que ha pasado un mes pienso en ello como una simple anécdota que muestra las carencias del sistema editorial, sistema que me encantaría cambiar desde dentro. Apostar por la diversidad es apostar por un mundo más grande.  Abro la veda al debate. Me dejo muchas opiniones en el tintero, pero creo que ya hay suficientes ideas en el post. Tengo muchísimas ganas de saber vuestras opiniones.