viernes, 17 de abril de 2015

De qué hablo cuando hablo de narrar

... Parafraseando a Murakami. Hace poco salí del cine y sin venir a cuento solucioné uno de los grandes problemas del proyecto que tengo ahora entre manos. No sabía qué hacer porque lo concebía como un problema abstracto que se solucionaría a medida que avanzara la trama. Lo que ocurrió fue que en diciembre tuve un parón por cuestiones personales y se alargó indefinidamente. Había intentado retomarlo muchas otras veces, y me sentaba a escribir y no estaba cómoda con la historia. Primero se lo achaqué al estilo (que siempre es mejorable), luego a los personajes y al argumento, ¡a todo! Solo faltaba echarle la culpa a mi perrito por estar cerca cada vez que abría el documento. Incluso intenté seguir a mano, un recurso que utilizo mucho cuando me bloqueo, sin suerte.

El problema era el narrador. Pero veréis, mi forma de escribir se apoya mucho en lo visual. Mis guiones son escaletas donde apunto planos y escenas y no tanto una sucesión de acontecimientos que gira en torno a la idea principal. Así las cosas, cuando yo hablo de la voz narrativa no hablo solo de saber si está en primera o tercera persona, presente o pasado, sino que me imagino una cámara paseando por el lugar de los hechos.

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Antes estaba escribiendo desde esta perspectiva. Quería que el punto de vista fuera en tercera persona para dar cierta objetividad al conflicto tomando como referencia los movimientos del protagonista. Quedaría entonces como veis en la imagen: un shooter en tercera persona. Es mi enfoque preferido para jugar. El drama era, sencillamente, que no estaba cómoda. No me notaba fluida, no conseguía que las palabras salieran de manera natural, pero tampoco sabía qué hacer para arreglarlo. Cambiar el registro estaba descartado.

El cine me vacía mucho la mente; voy siempre que necesito despejarme. Y ahí estaba yo, yendo para casa, cuando me vino la imagen de la voz narrativa adecuada para esta historia:

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La primera persona me parece algo arriesgada. Pasa con Katniss, pasa con Tris, pasa con Arkarian y pasa con cualquiera: todas las interpretaciones están sujetas al filtro del protagonista. Tengo la sensación de que se sacrifica objetividad por empatía. Por poner un ejemplo conocido, me habría gustado saber cómo funciona el sistema de patrocinadores en Los Juegos del Hambre, pero su autora tenía otros planes para Katniss. O, sin ir más lejos, saber con seguridad cuál fue la catástrofe que convirtió su sociedad en una falsa utopía. No obstante, un buen personaje y una primera persona bien desarrollada pueden sostener fácilmente una trama mediocre y pocas veces ocurre al revés. El eterno debate: Si no pudierais elegir ambas opciones, ¿qué es más importante: una historia original o personajes memorables? Yo suelo inclinarme hacia los personajes porque perduran en mi memoria.

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Una novela coral es la mejor opción si la historia tiene prioridad sobre los personajes. La variedad de voces dificulta posicionarse en un lado o en otro; diría que es el punto fuerte de Canción de Hielo y Fuego. Sin embargo, lo que yo estoy desarrollando no es tan complejo. Me estaría metiendo en una camisa de ocho varas. ¡Por no hablar del resto de opciones, como la segunda persona o la mezcla de tiempos verbales! Prefiero experimentar en los relatos y ser un poco más uniforme en proyectos largos, más por mí que por el lector, confieso. Lo ideal sería juntar todas las perrerías narrativas que quieras sin perder lectores por el camino.

A esta clase de reflexiones me enfrento siempre que voy a escribir, no importa la extensión ni la temática (por nombrar dos factores que suelen influir en la estructura interna). Creo que las referencias visuales me vienen dadas por la transmedialidad entre videojuegos, cómics, películas, libros... Y como yo, miles. Normalmente tengo claro el enfoque que quiero darle a cada idea, pero como suele ocurrir en la vida, a veces madurar implica cambiar de punto de vista.