jueves, 21 de julio de 2016

Céfiro

Fuente.
Las escaleras del porche se abrían a un vasto campo mecido por la brisa nocturna. El aire penetraba el trigal y levantaba un siseo que me adormecía poco a poco, como si escuchara la canción secreta de un momento irrepetible. Apoyé la cabeza en la viga de madera que sostenía la entrada de la casa. Cerré los ojos. Oía grillos en la lejanía y nada más; una noche como aquella, densa y brillante, serena y limpia, y tú a mi lado en silencio mirando al infinito era todo lo que quería y también todo lo que necesitaba desde hacía tiempo.
Una estrella fugaz recorrió el cielo.
De repente, comprendí algo: yo soy la luz que guía mi camino, yo soy el fuego que devora la oscuridad.