miércoles, 27 de julio de 2016

Shadow World: El Despertar, de Alejandro Robledo Bueno

Casi mil páginas conforman la ópera prima de Alejandro Robledo Bueno, que arriesga con la extensión pero no con la historia: un refrito de muchas influencias que aparecen casi por encima del texto para indicarnos el camino hacia el desenlace. Confieso que abandoné la lectura al poco de rondar el ecuador del libro y voy a explicar por qué.

En Dark City, los tonos grises arrebatan el color hasta de los festejos navideños. En sus oscuros callejones y bajo el presagio astronómico de una antigua profecía, tres jóvenes descubren de manera simultánea que el mundo en el que han crecido es un poco más oscuro y tenebroso de lo que imaginaban.
Matt, Rose y Leo deberán aprender a vivir a partir de entonces de acuerdo con su recién descubierta naturaleza. Cada uno enfrentándose a las vicisitudes de su raza. Cada cual conociendo a los distintos miembros de esa sociedad oculta, paralela a la nuestra. Todos con sus propios problemas, experiencias y dudas existenciales. Los tres quedarán pronto sumergidos en un universo muy cercano al nuestro. Un mundo donde la magia y las criaturas de la noche escapan de los relatos de fantasía y terror para formar parte de la sociedad misma. Un mundo con una antigua jerarquía que mantiene el orden de la sociedad, dentro de los límites posibles.
Un mundo de sombras.
Allí, se encontrarán con que sus vidas, tal como las conocían, han desaparecido. Se verán arrastrados más y más al núcleo de una sociedad oscura que pretende usarlos como piezas, engranajes de la gran maquinaria ancestral. Sin embargo, los tres descubrirán que la amistad, el compañerismo y el amor transcienden las barreras de raza, religión vida y muerte.
Juntos, afrontarán peligros para los que sólo estaban preparados en las antiguas escrituras. Una oscuridad ancestral se cierne velada sobre la ciudad oscura, y sobre el mundo entero. Ellos, sólo una pequeña luz de esperanza frente a la noche eterna. Aunque claro…
<<Incluso en la noche más oscura, en la oscuridad más cerrada, la más pequeña y simple llama hace retroceder a las tinieblas>> (Axel)
De entrada, la sinopsis es demasiado larga y redundante. Se pueden contar las veces que aparece la palabra “oscuridad” y derivados para referirse a la ciudad, por si Dark City no daba suficientes pistas; de la misma manera el autor se entretiene demasiado explicándonos por qué es tan oscura y sus habitantes tan grises en un prólogo de diez páginas a modo de mapa literario, pero del que apenas vemos nada. El lector se sobrecarga nada más comenzar. ¿A quién le importa dónde están los hospitales, los nombres de las carreteras, la ópera, los cines y lo aún más grises que son los habitantes de Dark City? Cualquiera con menos paciencia se habría sentido estafado. Si la ciudad es esencial para el desarrollo argumental, me gustaría verla a través de los ojos de los personajes y no como una gradación urbanística.

Esta idea de sobreinformación se aplica también para el tono general. Abundan explicaciones que entorpecen el hilo conductor, que tampoco está claro a las doscientas páginas, y me refiero a que ni siquiera sabemos las motivaciones de los protagonistas sobre esos giros que han dado sus vidas. Les mandan de aquí para allá como si fueran misiones secundarias. Shadow World: El Despertar plantea el amanecer del arco principal, Matt, Rose y Leo, en un mundo sobrenatural. Robledo ha querido plasmar tres personalidades muy diferentes que jueguen entre sí. Me chocan, sin embargo, sus acertadísimas reacciones ante una situación desconocida y de peligro. Por ejemplo: en un momento dado, Matt tiene un encontronazo con un vampiro que le muerde y cree que va a morir. Tendido y desangrándose, le dirige una sonrisa de soslayo a su agresor en plan “no dejaré que veas lo mucho que me duele morir, es más, ya me lo esperaba”. Sinceramente, creo que así no funcionaría nadie. En otras ocasiones, Rose saca conclusiones demasiado rápido. De hecho se tira un triple adivinando la contraseña de un ordenador de, en teoría, una especie de cuerpo privado de seguridad. El caso es que podría pasar por alto estos deus ex machina si los protagonistas no fueran Gary Stus y Mary Sues salidos de una mente adolescente. No lo digo yo. Lo dicen las propias descripciones:
Con un cuerpo bien formado, Matt lucía una figura envidiable. De metro ochenta y siete de altura, exhibía una complexión atlética y nervuda conseguida a base de duras sesiones semanales de kung fu, fúbol, y sobre todo, baloncesto, deporte al que se dedicaba siempre que podía. El tatuaje que se había hecho en el hombro era una representación de un lobo tribal y ocupaba parte de su cuello y de su omóplato, lo que realzaba su figura masculina con un torso superior cincelado por el propio Miguel Ángel Buonarroti. Su piel pálida producía un fuerte contraste con su pelo negro carbón, el cual le caía en olas azabaches hasta la altura de los ojos, marcando sus pobladas cejas y su mirada de depredador. Los ojos de Matt eran de un verde apagado y mate, cual malaquitas engarzadas en su cara límpida, de pómulos marcados y fuertes. Los labios finos se torcían bastante a menudo en una sonrisa taimada pero enorme, que ocupaba todo el ancho de su cara perfectamente afeitada. 
¿Se pueden crear personajes explosivos a primera vista? Sí, se puede y se debe. ¿Existen mejores formas de hacerlo? También. Demasiada descripción y demasiados matices absurdos. En el párrafo siguiente el narrador nos cuenta que Matt no se encasilla en el cliché de persona vacía porque claro, en realidad es un intelectual encerrado en el cuerpo de un modelo. Venga, coño. El aspecto físico de Rose tampoco tiene desperdicio, aunque no está tan detallado, sino que se centra más en un pelo increíble, unas curvas bonitas y un escote sugerente. Lo que os decía: Mary Sue. Y no me gustaría pasar por alto las numerosas escenas eróticas (entre ellas, una violación en la que ella no sabe si le gusta o no, aunque más tarde tome cartas en el asunto) que denotan que el autor no ha leído erótica de calidad. Dejo una de mis perlas preferidas:
Cuando la dejó en el suelo, entre gemidos exhaustos, Lucita solo pudo fijar su atención en el abdomen de él mientras se ponía en pie e iba liberando el cinturón de sus vaqueros. Al bajar sus calzoncillos, su miembro, terriblemente duro, emergió como si fuera la mismísima polla de Júpiter. Lucita no pudo resistir los deseos de llevársela a la boca, donde descubrió por las gotas de excitación que ya asomaban, que el anhelo de ambos era compartido. De rodillas, chupó fuerte, profundo, no dejando escapar el miembro del abrazo de sus labios.
Apocalíptico. Tres páginas más tarde, “se corrieron a la vez”. Como mujer estoy un poco cansada de encontrar sexo burdo centrado en las fantasías de un hombre, que es lo que sucede aquí. Me dejo otras anécdotas en el tintero, como los diálogos entre amigas al más puro estilo americano: "tía, el macizorro de Andy", "qué fuerte, ¿no?" y demás.

Con todo esto, el libro tiene los ingredientes para ser una lectura sin pretensiones, porque es fácil enganchar a alguien con elementos de fantasía urbana, hombres lobo y vampiros (que son el Barça-Madrid de la literatura fantástica, por otra parte, y se echan en falta otras mitologías a explotar, ¡pero incluso me parece bien! No siempre tenemos que leer novelas que rompan con todos los estereotipos del género... con la condición de que aporte algo a otros niveles), lástima que se conforme con explicar una historia mil veces leída. Digo “explicar” porque en ningún momento “enseña”: las descripciones son bloques de texto, radiografías de cuerpos perfectos y lugares bien hechos. Ya está. No sé cómo suenan las voces de los protagonistas, ni a qué huelen las calles, ni la espesura de la sangre que se beben los vampiros… En definitiva, el autor no usa los cinco sentidos. Y es que hasta la trama más simple se atasca sin un narrador a la altura.

Shadow World: El Despertar es la novela que el autor quería escribir. Quizás es demasiado ambicioso abrirse a la crítica con una primera novela de novecientas páginas teniendo en cuenta que la calidad de los escritores autoeditados mejora cada día y destacar se hace más complicado. Imagino que esto no detendrá a Alejandro Robledo Bueno en sus próximas historias.

Gracias a Circle of Creators por el ejemplar. :)