miércoles, 5 de abril de 2017

Una jovencita de 25 años edita una antología de fantasía oscura

Opinión impopular: mi escritorio siempre está ordenado.
Yep. Hace un par de días anuncié en Twitter que Carlinga Ediciones y yo estamos editando una antología de fantasía oscura. Hasta hace bien poco siempre me había tocado estar al otro lado de la barrera, escribiendo y esperando el veredicto, y ahora soy yo la encargada de guiar a los demás en el desarrollo del compendio. Si algo teníamos claro desde el principio es que la antología recogerá escritores y escritoras noveles en estadios diferentes: algunos publican su primer relato aquí, otros tienen una buena bibliografía a sus espaldas y el proyecto les ha interesado tanto como para participar; cada uno es bienvenido tal y como es porque cada uno tiene una historia que contar. Al menos, digamos, en teoría. Me apetecía poner por escrito lo que voy aprendiendo.

Editar es... difícil

ATENCIÓN. La primera obviedad en la frente. Pero se hace aún más cierto conforme avanza el proyecto. Mi intención aquí es y será guiar a los demás desde la recepción de ideas hasta el producto final y la posventa a fin de que las ganancias de los autores sean algo más que para pipas. Y me vale con un juego de Steam en rebajas. Ahora en serio: lo que de verdad quiero es que la antología sea a gusto de los que escriben en ella. Me viene a la memoria la anécdota de una autora cuya primera incursión editorial fue de lo más amarga por temas organizativos y legales. Si una lleva años con ganas de publicar algo y cuando tiene realmente la oportunidad de hacerlo el resultado deja mucho que desear, ¿para qué narices querrá intentarlo otra vez? Y atención: no hablo de seguir escribiendo, hablo de publicar. Son dos temas bien distintos. Quizá sea una afirmación atrevida, pero allá va: el editor edita mejor cuando antes ha sido escritor. Más fácil: el editor solo conoce las necesidades del escritor cuando ha estado en su situación previamente. Una mezcla entre empatía y empirismo. Al menos desde mi experiencia.

Una antología de fantasía oscura está lejos de mi zona de confort. Se podría decir que está a un salto del acantilado de distancia. Me he documentado, he leído, he reposado la información, y solo después de esto me he atrevido a explicar a los autores qué estamos buscando José (el editor de Carlinga) y yo. La idea del compendio gira en torno a reivindicar la mitología y el folclore español a través de historias de fantasía oscura clásicas y contemporáneas por igual; no tanto retellings de leyendas conocidas sino profundizar en ellas y crear relatos partiendo de su legado. Algunos autores se sentían más cómodos explorando el género en el pasado y otros en el presente. Creo que editar implica tener claro un objetivo y ser flexible acerca de cómo llegar a él, adaptarse a las circunstancias y a quienes escriben para que el resultado final sea, como mínimo, digno de una lectura de domingo por la tarde. ¿Suena idílico? Sí. ¿Lo es? A veces. Pero quien no aspire a ello ni siquiera conseguirá estar cerca de un trabajo bien hecho.

La responsabilidad artística existe

En el intenso email de presentación que envié a los autores declaré que esta es una antología feminista. Lo que ocurrió a continuación te sorprenderá: los autores, hombres y mujeres, dijeron que vale. Que claro, que ¿cómo no? Y es un buen primer paso a la hora de montar los cimientos de lo que vendrá más adelante. El problema radica en que el machismo es invisible a los ojos y todos y todas lo plasmamos sin excepción si no prestamos atención a los detalles. Sé que es difícil de tragar, que a mí también me han venido con esas y me han dejado muertísima en la bañera. Asumirlo, en cambio, es un punto de partida. Esta antología no se abandera como feminista sino que simplemente debe serlo por la responsabilidad artística inherente a la literatura. No hay más. Quien escribe tiene una intención y puede dejar huella en el lector, y debería, creo, espero, ser coherente con el contenido que produce. No me gustan las personas que escriben y se lavan las manos. No. Todo acto tiene su consecuencia. Escribir, más.

Me he comprometido a dar feedback constante a los autores. En la fase de propuestas (en la que los autores nos envían un resumen de lo que quieren escribir; lo hemos hecho para que no haya ochenta relatos sobre meigas, cincuenta de fantasmas y tres de vampiros, pero este es solo un apunte sobre la organización) hemos recibido planteamientos muy interesantes, así que por ese lado no puedo estar más satisfecha (porque significa que me expliqué bien en el email sobre el género, que era mi mayor temor...). Por otro, evaluamos con lupa que los relatos sean feministas, es decir, que buscamos eliminar móviles innecesarios como muertes o violaciones de mujeres que solo sirven para desencadenar puntos clave de la trama. Ese es un ejemplo. También buscamos la mayor diversidad racial posible. ¿Esto significa que ahora tenemos que tener personajes de todo tipo, altos, bajos, gordos, autistas, de etnias distintas? No y sí. Haz lo que creas conveniente porque cualquier opción tendrá repercusiones en los demás. Responsabilidad artística, ya lo he dicho antes. ¿Esto significa que será una antología políticamente correcta? No. Significa que será una antología verdaderamente inclusiva, y ya está. Probablemente se nos escapen micromachismos o situaciones que quizá otras personas detectarían de un plumazo; lo que está claro es que afinaremos al máximo para que no ocurra.
Por alguna razón Shutterstock cree que este es un sitio ideal para escribir.
Un buen autor escucha al editor, y un buen editor hace exactamente lo mismo. La conversación es una parte fundamental del proceso, además de enriquecedora debido al bagaje individual y emocional que imprimimos en él. Como escritora me habría gustado que me trataran con franqueza cuando algo no está al nivel esperado. También, que el editor se hubiera detenido a trabajar conmigo si veía potencial. Porque esa es otra: editor y autor establecen una relación horizontal. El editor trabaja con el autor. Ninguno está en una posición de autoridad, si acaso de consejo o recomendación, pero en ningún caso serán órdenes ni últimatums.

Sobra decir que estoy encantadísima con editar. Es una de mis pasiones (insertar meme: "el diseño gráfico es mi pasión") junto a comer, pagar las facturas del mes, jugar a videojuegos, practicar kendo y disfrutar de mis personas preferidas. Soy consciente de que lo escrito más arriba no es la piedra de Rosetta de la edición ni mucho menos, pero creo que compartir lo que sucede entre bambalinas ayuda a generar más empatía en un sector suficientemente castigado por la economía y por las modas del momento.