jueves, 19 de enero de 2012

"Sí que te gusta leer (pero igual no lo sabes)" y otras campañas


Los exámenes me tienen absorbido el cerebro, así que no es de extrañar que no actualice con tanta frecuencia como la semana pasada. Como me conozco y sé que después del examen de hoy (catastrófico no, lo siguiente) voy a descansar toda la tarde, he decidido aprovechar el tiempo con la entrada de hoy. 

El título hace referencia a la nueva campaña de lectura que ha lanzado la Secretaría del Estado de Cultura en internet para edades comprendidas entre los 14-18 años. La web de la campaña te hace elegir entre dos opciones: "claro que me gusta leer" y "que no, que no me gusta". Tras elegir aparecerá el principio de una aventura que te tiene a ti como protagonista, en la que tú decides qué quieres que pase a continuación. 

Personalmente, me ha encantado. Me lo pasé muy bien pinchando en las opciones y viendo cómo evolucionaba el cuento. Es de las pocas veces en que una campaña de lectura tiene un mensaje atractivo y transparente; no se le añaden connotaciones 'modernas y cools' como en la Campaña Leeder del Ministerio de Cultura, que fue una auténtica mierda. Es lo que tienen los estereotipos.

Al margen de estos intentos por hacer que la lectura guste sí o sí (error), mi pregunta es: ¿hay que incitar a los jóvenes a la lectura? ¿Por qué nos empeñamos en obligarles a leer? ¿Por qué hacemos de la lectura algo que no es? Leer un libro es maravilloso y muchos estamos de acuerdo en esto, pero hay otras personas que no lo ven así. ¿Son incultos, son los primos hermanos de los 'ni-nis'? Por supuesto que no. El problema es que se mitifica la lectura a base de posturas extremistas y ninguna de ellas es correcta.

Sé lo que es ir al colegio y que mis compañeros de clase me miraran mal por llevar un libro tocho, y supongo que parte de estas perspectivas extremas vienen de lo mal que se comportan algunos niños con otros que leen desde pequeños. ¿Pero acaso una campaña para el fomento de la lectura es la solución? Yo no lo veo así. La cuestión es mucho más sencilla: quizás el que no lee es porque no ha encontrado su libro, el que tímidamente llama a la puerta para ver si puede quedarse e invitar a sus amigos. O quizás simplemente no le apetezca leer... como a mí tampoco me apetece seguir estudiando. 

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