martes, 13 de febrero de 2018

Warcross, de Marie Lu

Cualquier libro que incluya una trama sobre videojuegos o realidad virtual tiene mi atención, más aún si hablamos de autoras. Vivimos una época buena en cuanto a mujeres creadoras y productoras de videojuegos y a medida que pasa el tiempo nacen nuevos estudios, nuevas artistas dispuestas a compartir todo lo que saben. En literatura necesitamos más autoras que narren sus historias en mundos virtuales, así que antes que nada, gracias a Nocturna por traer a España el primer libro de una bilogía con una premisa diferente.

🔹Autora y traductora: Marie Lu, Noemí Risco Mateo
🔹Editorial: Nocturna
🔹Páginas: 431
🔹Euros: 16,50
🔹Sinopsis: Para los millones de usuarios que se conectan en busca de adrenalina o por la euforia de experimentar un nuevo estilo de vida, Warcross es más que un juego; es una revolución. Emika Chen trabaja como cazarrecompensas rastreando a los jugadores que vulneran la ley. Y se trata de un mundo competitivo, por lo que un día asume un desafío muy arriesgado: hackear la partida inaugural de los campeonatos mundiales.
Convencida de que van a detenerla, Emika se sorprende cuando en su lugar recibe una llamada del hermético creador de Warcross con una oferta irresistible: introducirla en la próxima edición del torneo para investigar un fallo de seguridad.
En Tokio le esperan la fama y la fortuna.
Y el juego le ofrece una partida sin consecuencias... ¿Verdad?
Todo el mundo habla maravillas de Los Jóvenes de la Élite (Hidra, 2014) y Legend (SM, 2012). Era cuestión de tiempo que me animara a leer algo suyo. La autora, además, conoce el medio en el que se mueve. Se nota porque las referencias a otros juegos están bien integradas en la ambientación. En ese sentido, perdonad que lo diga, Warcross es muchísimo más refinado que Ready Player One, que es básicamente una sucesión de referencias nostálgicas a los ochenta con otros temas que podrían dar para otro post.

Así empieza:
Hoy hace muchísimo frío para salir a perseguir a nadie.
Tiemblo, me subo la bufanda para taparme la boca y me retiro unos cuentos copos de nieve de las cejas. Luego estampo la bota sobre mi monopatín eléctrico. Está viejo y usado, como todo lo que tengo; la pintura azul se ha desconchado casi por completo y revela el barato plástico plateado de debajo. Pero todavía funciona y, cuando aprieto con más fuerza el talón, por fin responde, tirando de mí hacia delante mientras me meto entre dos filas de coches. El pelo, teñido de los intensos colores del arcoíris, me azota la cara.
Warcross es una lectura entretenida, me ha hecho muy amenos los viajes de tren, y por eso me da rabia que se haya quedado en la superficie de todas las buenas ideas que han aparecido en el libro. No profundiza en ellas ni en los personajes secundarios. Marie Lu solo desarrolla a la protagonista, Emika, y a Hideo, el creador de Warcross, y es así porque la cantidad de tiempo que dedica a las escenas entre ellos es más del doble que las que Emika comparte con el resto, y siempre, siempre, siempre sirven de puente entre una revelación que tiene sobre Hideo y su encargo como cazarrecompensas. Me habría gustado ver cómo Marie Lu se moja imaginando el verdadero futuro de sus e-sports con el salto a la VR: apuestas, chalets de entrenamiento, rencillas, ¡sueldos! Warcross es como el Torneo de las Seis Naciones pero a nivel mundial, en plan, todo el mundo lo ve y ha jugado en algún momento de su vida. No sé por qué la autora no se ha aprovechado del fenómeno social que desencadena todo esto.

Lo que no le puedes negar a Warcross es el ritmo endiablado que tiene. Marie Lu es una escritora de acción. Que baje dios y lo vea, vamos. Y me apuesto mi ejemplar a que en un año o dos Warcross será adaptado al cine. Esta rapidez me ha parecido contraproducente a la hora de asentar la trama. Me sentía un poco como si me llevaran del cuello por todas las escenas sin dejarme reposar la información. Supongo que por eso el elenco de personajes cojea un poco. De la misma manera, la relación amorosa que surge entre la protagonista y otra persona (aunque es fácil imaginar su identidad) es forzada, poco… ¿sincera? No porque se mientan, sino porque no consigue transmitir al lector el amor que se profesan.

También Emika se me hizo bola al principio como narradora. Me costó acostumbrarme a desfilar entre paisajes sin apenas detalles a detenernos en retratos evocativísimos sobre su pelo arcoíris, por ejemplo. Me parece irreal escribir en primera persona y describir el físico sin integrarlo en una consecuencia o como desencadenante. Es decir, creo que nadie se mira al espejo y piensa hacia sí: “He salido de la ducha. Mi cabello húmedo se pega a la piel como un manto de colores”. Es una cuestión personal, nada más.

Pero ¿entonces me ha gustado Warcross o no? Sí: es entretenido, parte de una premisa más fresca que otras y plantea un giro final interesante. Mención especial a la representación en materia de diversidad y a una ambientación que espero que dé mucho más de sí en la próxima entrega. ⭐️⭐️⭐️