lunes, 8 de julio de 2013

Cómo empezar una novela (1 de 3)

¡Hola! ¿Cómo va el verano? El mío, intenso. Estoy inmersa en una corrección y además tengo mis propios proyectos que no puedo ni quiero dejarlos de lado ahora que tengo tiempo. Bien. Sobre el blog, este será el último gran reportaje antes septiembre. Quizás haya algún microrrelato, pero lo demás lo relegaré a otoño porque el verano es ideal para desconectar del ordenador todo lo posible y leer un montón. :3

Ya son varias personas las que me preguntaban por el blog o por correo cómo empezar a escribir una novela y realmente no sabía darles una respuesta segura, así que se me ha ocurrido hacer un Super Reportaje sobre ello. Se divide en tres partes: la idea, la documentación y empezar a escribir. ¡Dentro entrada!
 1. La idea

A) Lo que dice la RAE

Lógicamente, sin idea no podemos a ninguna parte. No hay una fórmula mágica para conseguirla ni tampoco para distinguir una buena de otra que no lo es tanto. Dice la RAE:
1. f. Primero y más obvio de los actos del entendimiento, que se limita al simple conocimiento de algo.
2. f. Imagen o representación que del objeto percibido queda en la mente.
3. f. Conocimiento puro, racional, debido a las naturales condiciones de nuestro entendimiento.
4. f. Plan y disposición que se ordena en la fantasía para la formación de una obra.
5. f. Intención de hacer algo.
6. f. Concepto, opinión o juicio formado de alguien o algo.
7. f. Ingenio para disponer, inventar y trazar una cosa.
8. f. ocurrencia (? idea inesperada).
9. f. coloq. manía (? extravagancia).
10. f. Fil. En el platonismo, ejemplar eterno e inmutable que de cada cosa criada existe en la mente divina.
11. f. pl. Convicciones, creencias, opiniones.
De una manera o de otra, estas once definiciones están ligadas a la idea de ‘idea’ que tiene un escritor. Curioso, ¿verdad? Porque por ejemplo, según la número 9, una idea es una manía o una extravagancia. Y de ahí perfectamente podría salir una historia. Qué sé yo: de morderse las uñas, de santiguarse antes de un examen, de subir al escenario con el pie derecho, de ponerse una prenda roja en Nochevieja… Cualquier ‘extravagancia’ es susceptible de convertirse en idea para escribir. No es, claro, que con una idea baste. En muchas ocasiones esta será tan amplia que sí, será única, pero tendrá que apoyarse de forma natural en otras ideas más pequeñas y así, poco a poco -llegué a puerto, que dijo Cervantes-, se cimentará un buen argumento.

A partir de aquí, el camino es una línea borrosa y cada uno la pinta como quiere. Laura Gallego explicó a la Voz Digital que “escribir un libro es como montar un puzle, y cada idea que se va gestando es como una pieza que al final debe encajar con las demás”. Juan Marsé también dijo sobre la inspiración que “todo lo que ocurra en la calle que afecte a las personas se puede convertir en materia literaria, es posible que surja un relato sobre estos tiempos que estamos viviendo”. Y podría pasarme toda la entrada citando escritores para enseñaros que cada uno tiene su propia definición de idea, y la aplica de esa manera.

Eso sí: no hay pautas para conseguir una idea -o encontrar qué es lo que le inspira a cada uno, que como dato, para los que os quejáis de que no os viene la inspiración, he aquí las palabras más sinceras que he leído sobre ella: “I don’t believe in waiting for inspiration. It’s my job to sit down and figure out what to write”, de Nora Roberts. Creo que le dedicaré una entrada entera de reflexión porque merece la pena explayarse un poco-. Ahora os remito a un reportaje muy interesante de Papel en blanco con trucos de algunos autores para inspirarse. Lo demás es descubrimiento personal, experimentar hasta dar con el modus operandi que más se ajuste a nuestras necesidades.

B) El patito de goma

Te escucho, querida | Alex France © Flickr
El apartado lo dice todo. Hay que darle las vueltas que haga falta. Hablar con padres, amigos y mascotas hasta que corran un tupido velo sobre nuestra presencia. Aburrir al personal es fundamental no solo para debatir las ideas e ir descartando las que no se adapten a lo que queremos contar, sino para expresarlas en voz alta. ¿Sabéis?, yo estudio en voz alta. Así demuestro si me sé la lección o no. La voz otorga forma, y esta, sentido. ¿No os ha pasado alguna vez que tenéis una idea clarísima en vuestra mente y a la hora de explicársela a alguien os habéis dado cuenta de que no está tan bien? ¡A eso me refiero, exacto! Un patito de goma siempre viene bien. Alguien que nos ayude a hacer feedback con nosotros mismos, porque muchas veces un escritor solo necesita que le escuchen.

Hay un método muy curioso que se llama Rubber duck Method of Debugging, es decir, el Método de depuración del Pato de Goma. Lo he sacado de un foro de programadores pero lo he remodelado un pelín... para que sea más acorde a esta odisea.

1. Pide, suplica, roba, compra, fabrica... ¡consigue un pato de goma!
2. Ponlo encima de la mesa y dile que vas a robarle unos minutos de su tiempo con una historia, si no le importa.
3. Explícale lo que quieres que pase detalladamente, desgrana las ideas. No importa el tiempo que tardes.
4. En algún momento, cuando te atasques, le dirás al pato lo que no quieres que pase en tu historia. A base de cerrar caminos encontrarás el correcto (o los correctos). También puedes leerle una escena que no te convence o un plot twist maravilloso que no será tan maravilloso una vez el pato te fulmine con su mirada plástica.

C) ¿Ya puedo escribir? Escritor de brújula o de mapa

Si no habíais oído hablar de ello, aquí tenéis una explicación fantástica desde Ediciones Babylon:
Un escritor de mapa cuenta con un mapa previo, y cuando se pone a escribir su obra, lo hace siguiendo las indicaciones. Si bien surgirán muchas cosas no previstas al comienzo, el objetivo ha de ser llegar siempre al final que se ha planeado desde un principio. Más o menos como el que quiere encontrar un tesoro y se orienta con un mapa para llegar al punto exacto ;-) Un escritor de brújula parte con una idea, pero no sabe bien todo lo que va a ocurrir, ni cómo evolucionarán los personajes. (…) Con ayuda de la brújula de la imaginación, el escritor se va orientando en una dirección u otra a necesidad, según el rumbo que vaya tomando la historia.
¿El mejor método? El que pida la historia y lo que vaya con la persona. Quizás los más organizados se apañen con esquemas y cuadernos y los más caóticos con un par de palabras como guía. A Javier Marías o Haruki Murakami les van las brújulas, por ejemplo. Yo antes escribía con brújula, pero terminaba creando un entramado telenovelesco que no podía sostenerlo ni Telecinco. Luego lo intenté con el mapa, pero tampoco dio sus frutos: no me va conocer absolutamente todo de la historia que voy a escribir. Al final, mi método es un mix: desarrollo la idea lo suficiente hasta tener el esqueleto pero dejo huecos suficientes para poder improvisar con holgura. Sé cuál va a ser el final, no cómo llegaré a él. De nuevo me remito al descubrimiento personal. Es la clave para definir el estilo de cada uno.

D) Bibliografía

GONZÁLEZ GUIRADO, Silvia. La inspiración dormida. Garcia Forés, David (ilust), García Pérez, Marta (ilust), Arancibia, Desiree (ilust). Barcelona: Editorial Play Attitude (2011), 188 p. ISBN: 978-84-15149-24-8

¿Qué mejor que un cuento para inspirarse un poco?

7 comentarios:

  1. Creo que voy a empezar a comprarme (o robar...) un patito de goma para así aclararme las cosas porque me termino liando yo sola muchas veces ^^"

    En fin, me alegro que desconectes si eso es lo que quieres, ya veré si publicas algún microrrelato y lo comentaré ;)

    ¡Hasta la próxima, chiquilla, felices vacaciones y me ha gustado mucho este reportaje! ^^

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  2. Sabía que había un buen motivo para comprar un pato de goma ¡Lo sabía!

    Corro a Mercadona a por los botes de Mussel edición limitada :)

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  3. (Necesito un patito de goma...)

    ¡Me has motivado y ayudado un montón! :D

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    Respuestas
    1. ¡Que me digas estas cosas me hace super feliz! :)))

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  4. Muy bueno tía, cada día demuestras más que vas a ser una grande. :)

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  5. Muy interesante. Ahora ya sé porqué cuando fuimos al centro comercial, C. exclamó: "¡Tengo que comprar un patito de goma!. Es para hablarle cuando escriba y no tenga con quien."

    Sobre lo de los tipos de escritores, leí una vez una clasificación (aunque más enfocada a escribir textos cortos que no novelas) más amplia que abarcaba los arquitectos, los paletas, los pintores al óleo y los acuarelistas.

    Los arquitectos siguen rigurosamente los pasos planteamiento, escritura y revisión.
    Los paletas ya desde el borrador construyen poco a poco cada frase, procurando que sea perfecta.
    Los pintores al óleo vuelcan en el papel todo lo que les pasa por la cabeza, para después trabajar en ello.
    Los acuarelistas son aquéllos que tienen una idea muy clara en su mente sobre el texto, producto de un largo proceso de "incubación", por lo que cuando la escriben no tienen que cambiar demasiadas cosas.

    Aunque claro, a la hora de escribir una novela difícilmente se va a mantener una sola actitud.

    ¡Saludos!

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¡Pasa, pasa! A este comentario invita la casa. ;)