lunes, 15 de diciembre de 2014

La reduplicación (o la fuerza de las palabras)

La reduplicación, en una viñeta
Imaginad que voy a un restaurante y pido la carta. Algunos platos tienen picante, como el mítico taco mexicano, y no quiero acabar con la garganta de Smaug. Cuando el camarero viene a tomarme nota, le pregunto si el taco pica mucho. Él se encoge de hombros como diciendo "bueno, depende de la persona". Y yo añado, entonces: "¿pero picante PICANTE?" La repetición le da un matiz enfático. Otro ejemplo: le cuento a un amigo un problema con mi pareja y me pregunta: "¿lo vais a hablar?" Yo asiento, pero él insiste: "¿hablarlo solo por encima o hablar-hablar?" La pregunta adquiere un significado ligeramente diferente al original; la connotación es más contundente, busca ir un poco más lejos.

La reduplicación (contrastive reduplication en inglés) es tanto un recurso literario como un procedimiento morfológico usado en muchas lenguas que consiste, en el primer caso, en la repetición de una sílaba o verso, y en el segundo, en la repetición de una palabra, normalmente la última, para intensificar o asegurar una información. Mientras que otros idiomas como el finés o el inglés lo han integrado tanto en la tradición oral como en la escrita, en español la reduplicación va de la mano con los romances. Me vienen a la cabeza varios ejemplos del Romancero, como el de la muerte del rey Don Sancho (¡Rey don Sancho, rey don Sancho / no digas que no te aviso / que dentro de Zamora / un alevoso ha salido) o el de Fontefrida (Fontefrida, Fontefrida / Fontefrida y con amor / do todas las avecicas / van a tomar consolación), y seguro que se os ocurren otros mejores que estos, porque nunca presté mucha atención en literatura hispánica #sorrynotsorry. Pero creo que la reduplicación tiene mucha más miga en poesía, donde esta función de énfasis y de autoconvencimiento tiene una importancia capital para el poeta. Decía Machado en ¿Mi corazón se ha dormido?:
No; mi corazón no duerme. / Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña; mira, / los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha / a orillas del gran silencio.
Despierto, no, despiertísimo. Igual os estáis preguntando por qué me ha dado por hablar de la reduplicación. La respuesta es sencilla: mi intención no es profundizar en el concepto, sino cogerlo como punto de partida para reflexionar una vez más. Me sorprende cómo utilizamos las palabras para reforzar lo que decimos, cómo las moldeamos a nuestro gusto para que rompan las costuras sin deformar el vestido. Pensaba también, el domingo, en la cantidad de recursos estilísticos que tenemos a nuestro alcance para embellecer el estilo… y cómo los desaprovechamos. Bien por pereza, bien por desconocimiento, bien por miedo al ensayo y error. Y acabé pensando en que debería irme a leer, porque si algún día quiero ser una master de las palabras, tengo que empezar por conocer todos sus secretos.

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