🔹GRACIAS
No hay mejor leyenda urbana que la que dice que editar es fácil, ni peor historia de terror que embarcarse en un proyecto que se hallaba, de alguna manera, perseguido por fantasmas del pasado. Sin existir todavía como tal, Grimorio 13 imponía respeto. Uno de los autores, Álvaro Aparicio, germinó la idea de una antología oscura con José Núñez, editor de Carlinga, pero la idea se congeló igual que se congela quien sufre parálisis del sueño: súbitamente y sin posibilidad de reacción. La esperanza de retomarlo en tiempos más prósperos permaneció con la ilusión de los autores por adentrarse en un género tan escurridizo (¡y diría que castigado!) como es la fantasía… oscura.
Aquel fue el primer obstáculo: ¿Qué es la fantasía oscura? Ni siquiera yo lo tenía muy claro. Al menos, no en la estética, sí en la forma; me pasé varias semanas leyendo relatos de fantasía oscura, que no grimdark, antes de presentarme a los autores como «la editora». Descubrí varias cosas: la primera, que no es un subgénero arraigado en España, y las publicaciones de fantasía oscura se cuentan con los dedos de las manos, y la mayoría se amparan en géneros más grandes como el terror o la fantasía; la segunda, que necesitábamos alimentar nuestro propio imaginario con historias que sucedieron (¿o no?) en pueblos y ciudades que hemos recorrido cientos de veces. Lugares sombríos. Sucesos extraños. Escalofríos al cruzar un puente. Lienzos que recuerdan nuestra propia mitología mejor que nosotros. En definitiva, apostamos por una mezcla de folclore español y ficción. Y no puedo estar más orgullosa.



